3 jun. 2008

Adriá, ponme una de ensaladilla

España es un país de lobys. Y si no que se lo digan a Federico J.L. Además de los poderosísimos lobys feminista, sociata, nacionalista, homosexual, marinorajoyista, aznarista, felipista, pedrojotaramirista y alguno más que se me escapa ahora, nos encontramos con el más virulento y poderoso de todos, el de los cocineros o cocinitas.

Un cocinero o cocinitas de los más prestigiosos, Santi Santamaría, ha sacado un libro en el que, al parecer, lo que viene a decir es que efectivamente el Rey está desnudo.
Como no podía ser de otro modo los que aplauden día a día la desnudez de su Rey, por sofisticada y elegante, ahora se empeñan en decir que el acusador tan sólo quiere protagonismo. Es un cocinitas vulgar y que no innova nada, no hay química, ni física, ni arte, ni cultura ni nada en sus platos. Parece ser que este señor pretende tan sólo servir comida que este buena con ingredientes de calidad. Será mediocre el tío. Uno de los seres más abyectos que pueblan nuestro país, Sergi Arola, al ser preguntado por la polémica contesto, con su habitual arrogancia: "¿Santi, qué?".

El problema de los países que, como el nuestro, hasta hace cuarenta años eramos del tercer mundo y ahora nos encontramos con la despensa llena y el estómago muy mal acostumbrado a llenarlo mucho y bien es que tenemos un comportamiento de nuevos ricos que apesta. En España se ha comido bien siempre, con estrellas Michelin, sin estrellas Michelin, con Bulli y sin Bulli. No hace falta que vengan de lugares en los que llevarte a la boca algo que no sepa a mierda; o vale un riñón o está preparado en la casa de alguien de un país mediterraneo que sabe como utilizar una botella de aceite de oliva sin libro de instrucciones.

Lo que ocurre es que la cursilería y el esnobismo han hecho mucho daño y, claro, por muy buena que este, la tortilla de patatas vale dos duros. ¿Qué hacer?. Servirla líquida y en copa. De esta forma seremos más de puta madre y nos gastaremos lo que no tenemos en sentirnos diferentes a los demás. Con la progresión de todo esto, un año cualquiera el Príncipe de Asturias de las Artes se lo darán al gran Rey (¿o se lo han dado ya?). Aunque no sepa apenas hablar (al menos en castellano) no creo que haya mucho problema en darle un sillón en la R.A.E. o el Premio Planeta que es muy de glamour. ¿Qué más da?.

Los que me conocen saben que a mi comer me gusta y no poco. Reto a todas estas superestrellas de la cocina a que superen las habichuelas en ajo colorao de mi abuela Ginesa, la majestuosa paella de mi tía Isabel, o su cocido. Les reto a que hagan una ensaladilla como las que preparan las cocineras del Poli. En paellas también les reto a superar la de la Amalia del Poli con marisco pelado o la del Escobas con magra. Unos calamares a la romana parecidos a los del Retiro. Les reto a que superen un bocado como el de una buena hogaza de pan desbordada de torta del Casar caliente. ¿Qué donde está la innovación?. Innovación, deja a cualquiera de los personajes mencionados (Amalia, cocineras del Poli, mi fallecida abuela, mi tía o, por supuesto, al Escobas) en una casa un mes con la despensa llena. Cuando la despensa empiece a vaciarse vais a ver como empieza la creación.

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