27 may. 2011

Democracia Real Ya: una noche en Bastille

A medida que avanzan las horas, aumenta paulatinamente el número de congregados a los pies de la escalinata lateral de la Opera Bastille. Fijados a los muros, farolas y semáforos, despuntan toda clase de velados mensajes protestando en favor de una inmediata regeneración democrática de nuestras sociedades e invitando a los interesados a tomar parte en la reunión clandestina; eso sí, rogando a los asistentes de no aportar alcohol ni consumir ningún tipo de sustancias prohibidas durante las asambleas. Los allí reunidos, se arremolinan en torno a los portavoces de la Asamblea callejera que, con el megáfono en mano, exponen punto por punto, primero en español y posteriormente en francés, cada uno de los argumentos tocantes a los reclamos, dirección y continuidad de un movimiento que aúna por igual el descontento de una buena parte de la sociedad española, y la suspicacia de algunos santurrones de las alta esferas de la política. Se trata, como no se cansan de repetirnos desde los organismos de Democracia Real Ya, de un movimiento totalmente a-político y a-partidista. Siendo esto así, quizás, la gran vitalidad y lozanía de esta inesperada conflagración popular resida en la construcción de un espacio social encaminado exclusivamente a promover un diálogo democrático carente de cualesquiera connotaciones políticas. Una propuesta desvinculada de todo partidismo político y decidida a entablar un diálogo con una ciudadanía que, por ende, debería recobrar la palabra birlada – como consecuencia de la lenta labor de zapa y debilitamiento de la democracia parlamentaria- en aquellos espacios sociales habilitados para tales efectos.

A través de los debates y las propuestas que prenden a diario en las plazas y rincones más inverosímiles del mundo, la figura del ciudadano renace como tal en aquellos espacios para el diálogo, alejados del bipartidismo facilón y la mal nombrada libertad de decisión-expresión democrática. En España, por ejemplo, una buena parte de la población hastiada y desencantada con el doloso tejemaneje de los dos grandes partidos hegemónicos que acaparan la escena política, no ven, en esta coyuntura, sino un perpetuo toma y daca conducente a la misma, aciaga y dolorosa realidad consumada con la bochornosa sumisión -sin condiciones ni paliativos- de la democracia al credo neoliberal enarbolado por los todopoderosos mecenas de la economía mundial. La falta de recambios democráticos exhibida en la lucha sin cuartel por hacerse con las riendas del gobierno que mantienen los dos grandes partidos españoles, - pasándose la patata caliente de unos a otros, sin abordar los problemas verdaderamente candentes que asaetean a la población- ha llevado a este colectivo a convertirse en la voz y el escaño simbólico desde donde los ciudadanos puedan hacernos llegar su palpable indignación. Ante esta enrevesada coyuntura socio-política los implicados en las recientes movilizaciones sociales se desmarcan visiblemente de todo discurso político dominante y se declaran partidarios de remozar en primer lugar un espacio común especialmente orientado hacia la creación y fomento de un diálogo democrático que implique la participación activa de la ciudadanía en la elaboración de una sociedad y un futuro mejor para todos. Despojados desde hace mucho tiempo del derecho a decidir sobre su propio avenir, – marcado de antemano por los designios inefables del Sacro Santo Mercado- Democracia Real Ya se propone atildar el moribundo modelo democrático, desembozándolo de sus desgastados harapos para volver a engalanarlo con sus auténticas y lustrosas borlas, lentejuelas y oropeles. Por todo ello, el movimiento de renovación democrática ha tomado las plazas como símbolo de sus reivindicaciones. Plazas, donde no cabe olvidar, florecería por primera vez en la historia de la humanidad una concepción de la democracia plasmada en la mente de aquellos ingeniosos atenienses acudiendo diariamente al ágora para tratar los asuntos de la ciudad-estado.

Durante la reunión, uno de los portavoces hace mención a la necesidad de extender el movimiento a otros países europeos y allende las fronteras naturales de la Puerta del Sol. La internacionalización de la protesta conseguiría asentarla, robustecerla y al mismo tiempo revestirla de un sesgo mucho más amplio del que hasta ahora han gozado todos los movimientos de contestación popular reclamando una transformación del modelo socio-económico hegemónico e imperante. La propagación de la protesta a escala mundial – o tan sólo europea- tendería, pues, un puente entre las diferentes nacionalidades que, por encima de cualquier especificidad cultural, comparten un mismo sentimiento de impotencia frente a la imposición unilateral de una austeridad económica requerida, - desde los gobiernos amancebados de sus respectivos países- para la implantación definitiva y la marcha indeleble del despiadado credo neoliberal. Austeridad, esfuerzo, implicación y apretones de cinturón, se han convertido en una abracadabresca y recurrente fórmula mágica en boca de nuestros gobernantes para hacernos salir de la crisis. Todos ellos casualmente empeñados en revertir una crisis provocada por los desmanes de la cohorte financiera a base de recortes y tijeretazos sociales.

Con todo, uno de los principales escollos de cualquier irrupción social reside en la perduración de su actividad. Por ello, se estimaba que las pasadas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, - que han teñido España de un gris-azulón- marcarían un punto de inflexión de cara a la continuación de la protesta. De momento, la protesta parece haber encarado favorablemente este primer obstáculo, aunque, eso sí, sin barruntar que la más seria y peligrosa amenaza del movimiento se ubica en la menor o mayor rapidez con la que los implicados se muestren suficientemente capacitados para canalizar este flagrante estallido de indagación popular. Si Democracia Real Ya no se mostrase en condiciones de trasvasar la voluntad de todos los implicados en esta nueva contienda democrática, podría verse desgraciadamente abocada a un progresivo deterioro - como ya sufriría el movimiento ATTAC en Francia- que acabaría relegándola al olvido y la desaparición. De la misma forma que surge un estallido social, está asimismo sometido a las veleidades del Destino. En este sentido, se hace palpable la necesidad de apuntalar los pilares básicos de la protesta social. Y esto pasa ineluctablemente por ofrecer la posibilidad de cristalizar el descontento de todos aquellos que se sientan alentados a continuar adelante con la presente protesta, a través de una plataforma – sea cual sea su carácter jurídico- revestida con las suficientes competencias como para llevar en volandas su reflexión democrática hasta los órganos de las instituciones estatales. Sin la adecuada formalización de las pretensiones democráticas vertidas gracias a la irrupción de la protesta en el anodino panorama social, no sería ni mucho menos improbable pasar de la entusiasmada eclosión inicial a un continuado proceso de desgaste que iría haciendo mella en la inquebrantable voluntad del movimiento, al advertir que las acampadas urbanas, tarde o temprano, se verán obligadas a desalojar las plazas y todo el esfuerzo realizado se esfumará con la primera ráfaga de aire. Una cosa está bien clara: existe un importante sector de la sociedad francamente descontento con este inoperante statut quo que padecemos desde hace muchos años. Una situación reverberada en las innúmeras refriegas y rifirrafes de nuestro políticos titiriteros guiados por esa misma mano invisible referida por Adam Smith que no desemboca en ningún tipo de cambio sustancial o reforma de calado nacional.

Transcurren las horas en las escalinatas de la Opera Bastille y los asamblearios elevan los brazos con la intención de corroborar alguna propuesta lanzada apenas unos minutos o bien, pedir un turno de palabra para expresar sus ideas y opiniones. La discusión reglada, contrasta con el oscilante va-et-vient, el ajetreo y el bullebulle procedente de la turbamulta desperdigada en los aledaños del teatro instalado en un animado quartier parisiense. Ajenos a los sincopados martilleos exhalando de aquellos locales de chisporroteante vanidad, el interlocutor desbroza algunas propuestas publicadas en la página Web de Democracia Real Ya. Los argumentos abarcan toda una serie de medias legislativas entre las que se cuentan: la supresión de la ley Sinde, la aplicación de la tasa Tobin sobre el flujo de capitales internacionales, la modificación de la actual ley de desahucios y la abolición de los privilegios políticos. Además, continúa, se invita a todos los asistentes a comprometerse en una reflexión conjunta de donde surjan nuevas ideas y propuestas dirigidas a remozar el exiguo modelo democrático. Mientras tanto, uno de los presentes reparte algunos panfletos con los puntos tratados hasta el momento por el movimiento de protesta social, al tiempo que muestra una bolsa de plástico repleta con los números de teléfonos de diferente abogados para todos aquellos que decidieran pasar la noche allí mismo y sufrieran algún encontronazo con la fuerzas del orden público.

Desencantados del brumoso panorama socio-político trazado a sangre y fuego durante el aciago decenio del nuevo milenio, estos repentinos soñadores que se dan cita cada día en las plazas de muchas ciudades europeas aún mantienen viva la esperanza de enderezar el rumbo de una democracia periclitada. No saben cuando ni como; tan sólo cuentan con el aliento de millares de voces dispuestas a guerrear por un futuro mejor y no dar su brazo a torcer ante las adversidades que presenta semejante aventura. Sin embargo, la noche no da para más. Antes de la clausura oficial de la asamblea – y tratando de no perder el último metro de la madrugada- una gran parte de los asistentes echa mano de sus efectos personales y se marcha, quizás con la impresión, de que las naos de la historia han vuelto a izar sus velas para arrumbar el pasado y afrontar con más ilusión que nunca su procelosa singladura hacia el incierto futuro.

20 may. 2011

Murcia también se alza por una "Democracia Real"


15mani Murcia from Isaac Rupérez on Vimeo.

El movimiento "Democracia Real" se extiende fuera de España



La 'Acampada en Sol' y las que están teniendo lugar en las principales ciudades españolas están siendo emuladas ya en las principales capitales europeas, donde ayer ya hubo algunos actos de apoyo a las protestas españolas, y donde para esta tarde están convocadas numerosas concentraciones, al igual que mañana. La iniciativa de 'Democracia Real Ya' también ha cruzado el Atlántico, con actos previstos en Nueva York, Bogotá, Buenos Aires y México DF. Los participantes en las protestas en Londres se reunieron ayer por tercer día consecutivo frente a la Embajada española y este viernes se han citado a la misma hora para hacer una cacerolada.
En la página de Internet que han creado para informar de sus actividades (http://realdemocracylondon.blogspot.com/) han colgado un documento donde piden a todo aquel que se quiera unir a las concentraciones que no consuma ni alcohol ni drogas, "incluidos porros", que nadie orine en la calle ni tire basuras al suelo y que se trate de "dar buen ejemplo y protestar respetuosamente".
Desde la Comisión de Comunicación 'Democracia real Ya' de Londres que crearon ayer en asamblea se definen como "un grupo de personas normales y corrientes" que se manifiestan porque creen "que el momento histórico impone la acción, la movilización, la protesta y la rebelión pacífica".Explican que movimiento el 15 de Mayo-Toma la Calle, es "el inicio de una ardua lucha hasta lograr" que los ciudadanos no sean ni les tomen por "mercancía en manos de políticos y banqueros".
"El modelo que seguiremos es el del pueblo islandés, pues a través de su revolución pacífica han conseguido tumbar su gobierno y redactar una nueva constitución, así como encarcelar a los responsables de la debacle económica del país", añaden. En Reino Unido, también se ha convocado para hoy una manifestación a las 14:00 horas (una más en España) en Edimburgo frente al Consulado español. El lema, como en la mayoría de los casos, "Democracia Real Ya. No somos objetos en las manos de políticos y banqueros". Asimismo, se invita a los que acudan a que lo hagan sin símbolos políticos para "hacer que se escuche una sola voz".
En París, la cita será a las 19:00 horas en la plaza de la Bastilla, lugar emblemático por ser donde comenzó la Revolución Francesa de 1789. Asimismo, se estarían organizando concentraciones similares en otras ciudades como Marsella o Toulousse convocadas a través de Twitter.
Ayer por la tarde, numerosos jóvenes se dieron cita delante de la Embajada española en París, portando pancartas con lemas muy parecidos a los que se están viendo estos días en las ciudades españolas. Entre las peticiones de los asistentes: "reforma de la ley electoral" o "los pueblos primero y no los banqueros".
En Bruselas, la capital europea, 'Democracia Real Ya' ha convocado para este viernes a las 18:30 horas frente a la Embajada española a una "cacerolada". Los organizadores, que dicen no contar con autorización, han advertido como en otros casos a aquellos que vayan de que no lleven alcohol, porque "no vamos a un botellón", ni tampoco símbolos políticos ni banderas.
En Lisboa, alrededor de un centenar de personas se dieron cita ayer por la tarde frente al Consulado de España en la capital lusa y para hoy está convocada en ese mismo lugar a las 18:00 horas (una hora más en España) una cacerolada de apoyo a las protestas españolas y han animado a más personas a unirse.Una hora después, a las 19:00 horas, desde @acampadalisboa se ha convocado a congregarse en la céntrica plaza Rossio de la capital, muy similar a la Puerta del Sol que se ha convertido en el epicentro de las manifestaciones de 'indignados' en toda España. El perfil de Facebook de esta iniciativa ya tiene cerca de 350 seguidores.
En Berlín, se ha constituido una web de 'Democracia Real Ya' en la que se convoca a las 15:30 horas de hoy en el Lustgarten, en el centro, y habrá una asamblea para decidir los próximos pasos a dar a partir de las 18:00 horas. En la capital alemana, sin embargo, la principal cita será este sábado en la emblemática Puerta de Brandenburgo a las 19:00 horas. Ayer ya hubo una concentración frente a la Embajada española.
En Budapest, ya están concentrados delante de la Embajada española desde las 9:30 horas para una "acción pacífica" todos aquellos que creen que les han "robado su futuro" y que están "cabreados". Los organizadores, que han difundido la convocatoria a través de Facebook, han advertido a los asistentes "nada de liarla a base de romper, insultar, gritar descontroladamente".
Sin embargo, en Dublín, la convocatoria es mañana a las 14:00 horas frente al Spire, en el centro de la capital irlandesa, mientras que en Viena será a las 19:00 horas frente a la Embajada española.
Las protestas también han cruzado el charco y en Facebook ya se está promoviendo para mañana sábado una concentración de 'Democracia Real Ya' en Nueva York en Washington Square, en Manhattan, para las 12:30 horas, si bien advierten de que aún no tienen un permiso municipal para el acto.En Bogotá, la cita será este viernes a las 13:00 horas frente a la Embajada española, mientras que en Buenos Aires será a las 17:30 horas en la emblemática Plaza de Mayo. En México la convocatoria será igualmente delante de la legación española pero el sábado a las 12:00 horas.


Europa Press

19 may. 2011

Y llegó un día en que la gente se hartó

Y llegó un día en que alguien dijo, ¿y si salimos a la calle? Lanzó la pregunta por la internet, que pa estas cosas parece que es muy útil, y unos cuantos se cuestionaron a su vez: ¿Y por qué no? Y otros muchos se comenzaron a hacer la misma pregunta. Al final se respondieron que había muchas razones para hacerlo.

Porque nos tratan como idiotas, porque estaban hartos de que los mismos de siempre se repartieran el pastel, porque les daba vergüenza ver el teatro de los que mandan, porque, mientras la gente se queda en la calle con su futuro hipotecado, los políticos solo luchan por repartirse el pastel, porque nada de lo que hacen o dicen les gusta y porque, que cojones, ya estaba bien de ser siempre pasivos y nunca activos.

Para que llegara esta supuesta democracia a este país fue necesario que los que hasta entonces mandaban tuvieran miedo. Miedo a la gente en la calle, miedo a que, si no les hacían un poco de caso, acabaran por perdeR lo que más querían: el poder. Ahora sabemos que nos engañaron. Pero, a diferencia de entonces, los que mandan han perdido ese miedo y, por eso, actúan con impunidad.

Razones sobran para salir a la calle y solo el hecho de que la gente pase de la indignación con caña en bar, a la actitud activa les acojona. Además, les ha pillado con el pie cambiado. En medio de una campaña electoral en la que comenzaba el traslado de poderes al más puro estilo Canovas-Sagasta. Se les congelo la sonrisa de mitIn. Los unos se preguntaban: ¿Irán contra ZP? Los otros: ¿Irán contra la derechona? Cuando les han dicho que de lo que estaban es hasta los cojones de los unos y de los otros, se les torció el gesto.

Y se cabrearon. Y mandaron a la Junta Electoral a que les prohibiera, y les llamaron alborotadores sin causa. Más infame todavía fue ver a los que trataban de decirles: -Estamos con vosotros, ¡votadnos!, que os haremos caso. Pero como ya todos habían perdido su credibilidad no tuvieron otro remedio que enviar a sus huestes de tertulianos para que les explicaran y contaran lo que realmente estaba pasando. Tampoco valió porque la gente sigue cabreada y porque saben que después de las elecciones nada cambiarÁ, porque, aunque los políticos no se lo crean, la gente de la calle es capaz de pensar por si misma.

No he participado pero me gusta, me gusta mucho. Me gusta que se pongan nerviosos,me gusta que la gente no tenga miedo y que aparezcan miles de maravillosos ilusos capaces de pensar que no está todo perdido. Que es posible un mundo mejor, más justo, menos desigual, donde la gente sea más feliz. Solo por eso vale mucho la pena.

¡ENHORABUENA COMPAÑEROS!

18 may. 2011

Portugal y la Crisis

Los obreros portugueses emigrados a Suiza con la esperanza de hallar un sustento para sus familias tras la grave crisis económica, son humillados y engañados. La crisis financiera se ceba con los más necesitados que ven como la Suiza de los paraísos fiscales saca provecho de su desesperada situación, a base de sueldos miserables y tratándolos como si de esclavos se tratase.

13 may. 2011

Siempre sobrarán motivos para indignarse




Mucho se ha discutido durante estos últimos meses a propósito del libelo dirigido por el nonagenario Stéphane Hessel e intitulado Indignez-vous. Bien es cierto que dado el actual panorama político-social internacional, no faltarían motivos de indignación para corresponder al llamamiento de Hessel. Con todo ello, este panfleto de Hessel no sólo ha suscitado la indignación, sino también toda clase de reacciones contrapuestas en Francia. En especial, la respuesta promovida por el Partido de la In-nocence bajo la rúbrica de Orimont Bolacre y con el título de J’y crois pas! Respuesta desatinada, no cabe duda, y harto destemplada en cuanto destila un rancio tufillo de insinuada xenofobia mezclado con un apergaminado chovinismo de principios del siglo pasado. Según glosa el autor, ninguna de las razones esgrimidas por Hessel debería reportarnos ese sentimiento de indignación que tan a la moda se ha puesto, sino, más bien, una especie de indiferencia y conformismo al tratarse de un déjà-vu, déjà-lu hilvanado con el mismo cañamazo de lugares comunes y manidos argumentos que todo el mundo conoce, extraña sensación de déjà-lu, en alguna parte, aquí o allá, un poco por todas partes: el declinar de los beneficios sociales, el triunfo de los ricos, de la sociedad del consumo, la persecución de los “sin papeles” y la defensa de los Palestinos. Quizás este sea el único argumento razonable de la réplica porque, excepto las palabras mentadas, todo lo demás no son más que alusiones veladas a la inmigración, la xenofobia, los “sin papeles” y el fallido modelo multiculturalista europeo. Tanto es así que el autor se descuelga con afirmaciones tales como en algunos extractos de “Indignez-vous” se nos habla claramente de “ciudadanos” pero aquello que no habían podido preveer esos hombres generosos y atrevidos era que llegaría un día en el cual Francia se encontraría con una cantidad creciente de “ciudadanos sin papeles” y solamente de papel. Sin corazón, ni espíritu ni cultura francesa y, en ocasiones, llegando incluso a detestar esta cultura. Sin dejar asimismo de aprovechar cualquier ocasión para rechazarla o bien para mostrarse totalmente indiferentes, enarbolando las banderas de sus países de origen, afirmando alto y claro un envidiable patriotismo como hemos tenido la ocasión de comprobar tras la reciente Copa del Mundo… o bien nos deleita con soflamas como ...no iré más lejos. Tan sólo me contentaré con hacer una llamada al buen sentido: cuando Francia alcance los 90 millones de habitantes, veremos entonces si las bellas almas estarán todavía dispuestas a indignarse de la susodicha mala suerte infringida a los inmigrantes o bien si al contrario (estas bellas almas) no habrán ya buscado un país menos “abierto” para ellas y sus hijos, un país preferentemente con no tantos inmigrantes clandestinos.
Polemizar contra semejantes exabruptos e insultos al buen sentido común, no nos llevaría sino a adentrarnos en un intrincado laberinto de contradicciones y despropósitos. Por ello, dejando de lado esta dudosa contestación del Partido de la In-nocence, y remitiéndonos de nuevo al libelo de Hessel, no podemos sino reconocer que, en cierto sentido, la brevedad del texto no añade nada nuevo a este remanso de indignación que todos y cada unos de nosotros ha ido inevitablemente acumulando durante los diez primeros años de este infausto milenio. Así pues, no estaría nada mal, acompañar el desesperado reclamo de Hessel con algunos episodios de nuestra historia reciente que deberían agitar, remover y recavar toda nuestra indignación.
Siendo esto así, entonces, cualesquiera atisbos de indignación deberían revolverse inmediatamente contra un acontecimiento de gran calibre y calado que ha ocupado las portadas y pantallas de la opinión internacional: el asesinato de Bin-Laden. La muerte de este último ha dejado al descubierto el desgaste moral e ideológico de Occidente. Estados Unidos, como antaño en el salvaje Oeste, se ha tomado la venganza por su mano para asesinar a Osama Bin Laden y saltarse de este modo todas las reglas morales y cada uno de los derechos humanos fundamentales, entre los que se cuenta el derecho a un juicio justo. Todo esto con el caluroso aplauso de los mandatarios europeos. Un comando estadounidense armado hasta los dientes lleva a cabo una operación secreta en Pakistán para apresar y asesinar a un hombre antes de llevarlo, según suscribe todo derecho fundamental, ante un tribunal. El gobierno de Barak Obama aduce que un individuo imputado con la muerte de 3000 inocentes tras los escalofriantes atentados perpetrados contra las Torres Gemelas, no merece ningún tipo de clemencia humana. Además, opuso resistencia y no hubo más remedio que reducirlo in situ. Incluso Otto Adolf Eichmann – que contaría con muchos más muertos sobre sus espaldas- pudo argüir su defensa ante un tribunal formado en Jerusalén.
Démosle, sin embargo, la vuelta al descolorido calcetín del discurso oficial mantenido en Occidente para justificar lo injustificable e imaginemos una situación del todo contraria ¿Qué hubiera sucedido si un comando iraquí se adentrase clandestinamente en territorio estadounidense asesinando a George Bush y culpabilizándole de la muerte de 300.000 inocentes durante la invasión de Irak? No sería difícil de vaticinar: en este caso estaríamos ante un grupo terrorista que Occidente ya se encargaría de ajusticiar y condenar. Pero vayamos más allá: imaginemos ahora que tras el asesinato, los ciudadanos del mundo árabe se echasen a las calles de sus respectivas ciudades dando evidentes muestras de júbilo, aclamando el nombre del comando infiltrado en territorio estadounidense, blandiendo todo tipo de imágenes e insignias con el rostro fulminado de Bush y rezando consignas tales como “el Mal ha sido vencido y el Bien ha logrado triunfar”. Seguramente tras semejantes manifestaciones de alborozo popular, los señeros detentores del poder y el capital, representados por el nimbado hombre blanco, estallarían en un flagrante y calumniador arrebato moral, impondrían severas penalizaciones económicas y se unirían en una cruzada contra el “infame terrorismo” a favor de la Libertad y el Bien, valores supremos de la civilización Occidental.
Morbosas imaginaciones aparte, y lejos de este lamentable vapuleo de los derechos fundamentales, podríamos hinchar también nuestra indignación trayendo a colación otro episodio menos onírico e irreal. Una bochornosa viñeta de nuestra historia reciente que hemos visto acontecer delante de nuestras propias narices como si de la cosa más normal del mundo se tratase: la extinción definitiva del régimen democrático en favor de un poder económico mundial conchabado con sus palafreneros gubernamentales. Un poder, cabe recordar, no-electo; no aparece ni en las listas ni en las papeletas electorales, pero cuenta con el visto bueno de la Comunidad Internacional. Tanto nos parece normalizada la situación actual que los cancerberos de este poder no-electo se reúnen y negocian con lo portavoces de la coalición gubernamental en Portugal, para imponer y exigir medidas políticas que se ajusten a los intereses económico y sociales de su credo neoliberal. Todo esto sin que nadie alce la pregunta requerida ¿quién ha elegido a estos individuos del F.M.I para que pongan en jaque a todo un estado soberano y se sienten a la mesa con sus responsables gubernamentales trazándoles cada uno de los puntos a seguir en su itinerario socio-económico de los próximos años? Un poder que carece de toda legitimidad democrática - la cual deriva única y exclusivamente del pueblo soberano a través de un proceso electivo- pero que juega un papel activo y de primer orden en todos los gobiernos occidentales. Desestabilizando a las pseudo-democracias occidentales, este poder bastardo ha conseguido desbancar la noción de soberanía popular y usurpar el ideal de libertad democrática haciéndose con las riendas del estado. Ante este viraje estrictamente económico hacia el credo neoliberal, el estado se transforma en un mero heraldo de este poder no-electo y la democracia pierde toda su razón de ser. Y todo esto acaece teñido de un sentimiento de impotencia por parte de la ciudadanía que poco o nada puede hacer frente a esta conjura de poderes que ha exhibido su cara más amarga y despiadada durante una crisis financiera que como bien escribe Gabriel Cañas nos arredra, acentuando mucho más, si cabe, nuestra impotencia, de esta crisis, el capitalismo, lejos de refundarse, ha salido extremadamente fortalecido. Los llamamientos de los gobiernos hacia una mayor regulación y el fin de los paraísos fiscales quedaron aparcados. En su lugar, el poder de los mercados ha impuesto su ley y ha convertido a los políticos en gestores de sus designios. El nuevo tótem es el rescate (con el dinero de todos) de las entidades que pusieron en riesgo el sistema (El País, 04-05-2011). Así, tras la crisis económica y la necesidad implícita de una regulación concienzuda de los procelosos mercados financieros, - que no se quedaría sino en una vana promesa- uno habría asimismo esperado que el avieso capitalismo diese un paso firme hacia la moralidad y tratase, al menos, de lavar su imagen adoptando un modelo de crecimiento que no continuase ensanchando la fosa entre ricos y pobres así como tampoco siguiese socavando los principios del estado democrático. Pero todo esto no fueron más que ingenuas ilusiones. Las agencias de rating continúan sembrando el pánico en los países con más dificultades para salir de la crisis. Por medio de sus equívocas calificaciones de paquetes financieros, estatales y bancarios, las agencias de rating hostigan y avasallan allí dónde los voraces especuladores apuntan sus envenenadas mirillas, provocando la fluctuación de la Bolsa, aumentando los tipos de interés, propagando falsos rumores, menguando las perspectivas de crecimiento y ahuyentando a los inversores. Todo ello, sin tener en cuenta que cada una de sus detestables “estrategias económicas” agrava la mísera situación de familias y hogares zarandeados en el interior de una tormenta financiera de la que ahora penden sus vidas debido a las lianas invisibles tendidas entre los estados y el poder económico mundial.
Si ello no fuera suficiente motivo de indignación, tornemos la mirada hacia la bulliciosa isla de Lampedusa donde miles de inmigrantes huyendo del hambre, la guerra o la miseria, conviven hacinados en insalubres campamentos de refugiados a la espera de que el gobierno italiano y la Unión Europea decidan su futuro. A semejanza del viaje nocturno del profeta Mohammed, aquellos, apiñados en sus tiendas de campaña, escucharán a diario el ronroneo de la pluma que transcribe las decisiones del divino Occidente sobre su futuro inmediato. Algunos, sin embargo, no podrán ni siquiera escuchar el ruido de la pluma divina porque se dejarán la vida en el mar, mientras que otros verán como la hipocresía occidental los retiene durante días en la frontera italo-francesa para concluir con la modificación del tratado de Schengen y acabar así con la libre circulación de ciudadanos en la opulenta Europa de los sueños a medio realizar.
Como tal, sobran razones para indignarse. Si hacemos un balance de los diez primeros años del remozado milenio parece como si la humanidad hubiera dado un llamativo paso atrás en el orden moral, económico y social. Las Casandras de los malos augurios ya vaticinan que las nuevas generaciones no gozarán en delante ni de los mismos privilegios sociales ni de la calidad de vida de sus antecesores. Aumenta el paro de manera alarmante y desde hace mucho tiempo en la historia del tan alabado Progreso occidental, se advierte el desgaste de una sociedad que ha sucumbido a la pérfida zalema de la Opulencia material, para caer en la trampa de la desmemoria y olvidar, pues, la lucha y sacrificios de todos aquellos que con arrojo y atrevimiento trataron de ofrecernos un futuro mejor. Un futuro ahora mismo, harto difuminado e incierto que la mejora de las condiciones materiales en Occidente, la impúdica Globalización y la propagación a espuertas de la cultura de masas han ido paulatinamente relegando al vetusto baúl de los recuerdos. Pero, como afirma Hessel, nunca es demasiado tarde para indignarse y darle la vuelta a la situación.
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