26 nov. 2010

Del camaleonismo o la “doble moral” en el mundo multimediático

Uno no dejará nunca de asombrarse ante las carnavalescas andanzas protagonizadas por los ilustres figurones telegénicos que en esta España de charanga y pandereta, acaparan a diario la atención desde las doradas tribunas de los más excelsos medios de comunicación. De ahí, el revuelo organizado tras los intempestivos comentarios del libidinoso Salvador Sostres, fuera de tono y antena, filtrados a la prensa por algún concienciado bienhechor de la humanidad que debería, cuanto menos, ser recompensado con una medalla al mérito y reconocido con los consiguientes lauros y honores de estado en justa medida a su desquitada labor de saneamiento mediático en pro de la Verdad agazapada tras los mil rostros de nuestros más avezados opinólogos ibéricos. Y es que en España se ha propagado una antiquísima moda, - inaugurada por el primer showman de la historia, el filósofo griego Empédocles, empeñado en deslumbrar a los siracusanos con sus llamativas chinelas argénteas- consistente en adoptar el “camaleonismo” como si de una de las Bellas Artes se tratase, en palabras de Juan Goytisolo. Y éste no se equivoca un ápice. Una vez saltase la liebre en los medios de comunicación, no faltarían quienes movidos por un intenso prurito paternalista jugasen al despiste, en su anhelo por salir al paso, considerando los comentarios como inofensivas “declaraciones realizadas en el ámbito privado”, - según apostillase frívolamente la entumecida Esperanza Aguirre- para de esta forma acabar lidiando el morlaco de la polémica suscitada por los picantes comentarios añadiendo: “esto de inmiscuirse en las conversaciones privadas de los demás será propio de otro Gobierno, no del mío” y dando así la estocada definitiva a todos aquellos que hubiesen siquiera creído alguna vez en la posible catadura moral de la camada política.
Bien entendido, doña Esperanza Aguirre antepone los elevados principios y valores democráticos a las irreverentes acometidas de la indignada opinión popular enervada, en parte, por una serie de comentarios obscenos realizados en el ámbito de una conversación privada. Sin embargo aquélla pasa sigilosamente de puntillas sobre la principal cuestión que sugiere este deplorable comportamiento ¿hasta que punto lo privado diverge de lo público? Un individuo sentenciando animadamente entre las risas de los contertulios y la indignación amagada de la presentadora sus fantasías sexuales con “las chicas jóvenes de diecisiete, dieciocho, diecinueve años que es ahí donde está la tensión de la carne, en ese punto mágico…de esas niñas que aún no huelen a ácido úrico, que están limpias, que tienen ese olor a santidad, que parecen lionesas de crema, limpias, odorantes, dulces…de primer rasurado, que aún no pican” para continuar la monserga despachándose a gusto con otros tantos comentarios xenófobos, nos estaría dando a entender que, en efecto, suscribe y comparte semejantes ideas, a expensas, eso sí, de las remozadas opiniones esgrimidas en sus apariciones ante el ente público – ya sea a través de periódicos, blogs o tertulias televisas. Un sintomático desdoblamiento multimediático con ribetes de esquizofrenia en gran parte detentado por estos figurones telegénicos que mientras se llenan la boca con palabras tan pomposas como libertad, progreso, cultura, derechos humanos o democracia, de cara al lucimiento y aplauso público, trocarán de inmediato el discursillo una vez se apaguen los focos del plató y el ajetreo de las cámaras para tocar temas mucho más amenos, profundos y entretenidos como puede ser el obsequioso deleite producido por el balbuceo timorato de una adolescente exhibiendo “ese entusiasmo, que te quieren enseñar que están liberadas realmente, que ya son mayores…” y que sin mayores floripondios equipararemos a la opiniones de un seminarista frustrado o un desequilibrado mental con un agudo complejo de nínfula que acabará poniéndole el broche final a su memorable apología de la pederastia con soeces comentarios sobre el matrimonio, “el matrimonio es el sexo por obligación, el sexo a la fuerza: ahora se folla” como suscriben las sagradas leyes de la naturaleza que aquél se encargaría de exponer punto por punto a su esposa mucho antes de llevarla hasta el altar.
En tanto que la presidenta de la Comunidad de Madrid se lava indecentemente las manos, no cabría sino preguntarse a modo de disquisición personal, ¿qué hubiera ocurrido si la hija de un conocido o conocida, un miembro de su propia familia o alguien cercano a ella, fuese víctima de los deseos sublimados de un Salvador Sostres? ¿Pasaría por alto semejantes insinuaciones? Con toda seguridad – y dado el caso imaginario- doña Esperanza Aguirre hubiese procedido con mucho más tiento, sin apresurarse en sus apreciaciones, y de una manera harto diferente habida cuenta, que en este caso, el asunto le tocaría de cerca. Y si por el contrario, durante el interregno de la publicidad el mentado Salvador Sostres comenzase a jactarse de sus habilidades para esquivar las tributaciones anuales a la Hacienda Pública y de sus turbios negocios vinculados a una red de proxenetismo infantil. En este caso la señora Aguirre, ¿finiquitaría el asunto asumiendo por encima de toda la inequívoca separación entre “lo público” y “lo privado”? ¿Aplicaría sin dudarlo un instante el mismo rasero en uno y otro caso? Parece que otra vez la respuesta sería un “no” rotundo porque el manido rasero de la doña Esperanza Aguirre adolece de una peculiar singularidad que lo distingue y aleja de toda noción de equidad o justicia: el rasero se aplicará “según para qué o para quién”, teniendo en cuenta las “circunstancias atenuantes”, sopesando de antemano los pros y los contras…etcétera. Una atípica forma de proceder en función de los intereses creados ante un hecho tan abominable como las sandias baladronadas de un individuo recibiendo un estipendio mensual recaudado del erario público y en sintonía con la marcada picaresca de tantos y tan curtidos camastrones ocupando un puesto en los cargos de la administración, el mundillo del espectáculo, la cultura y la política. La gravedad de los comentarios propalados por Salvador Sostres se engastan en una realidad mucho más amplia, dolorosa y difundida en nuestros días como es la “doble moral” del discurso público, la hipocresía decantada en el seno de la propia clase política, el don de la bufonería, el camaleonismo, la retórica huera y la doblez trepadora que recubre, como la hidra, las fachadas desconchadas de las instituciones democráticas. Una colorida mascarada acentuada por el avance apisonador del mundo multimediático, el culto fugaz al opinólogo de turno, el servilismo sacramental y las abundantes tragaderas.
Una fantasmal tragicomedia shakesperiana representada en todos los estratos de la populación: desde el ombliguismo provinciano del alcalde culiprieto conchabado con el empresario de turno, hasta la atildada diputambre y sus vocingleros mediáticos vendiéndonos las patrañas de la modernidad, el progreso y la cascada democracia mientras con la mano en el bolsillo del pantalón se manosean suavemente el miembro hirsuto cuando su mirada descubre a una quinceañera recién salida de la ducha cruzando la calle. Una actitud asimismo asumida por la presidenta de la Comunidad de Madrid en razón de su evidente “pasotismo moral” que no hacen sino alienarla al lado del más acendrado casticismo ibérico, del genuino espíritu hidalgüelo, del atavismo carpetovetónico, de la machada varonil ante las ufanas condescendencias del risueño parroquiano, del eructo cervecero, de la palmadita en la espalda y la zancadilla rastrera, de la sonrisa postiza, del almodovarismo desquiciado, del celo, del atraso, la fanfarria, el arribismo, el siseo descarado y el despelote de una generación que cambió en un abrir y cerrar de ojos el lustroso crucijifo, por una exacerbada promiscuidad sexual al grito entusiasta de la libertad, olvidándose en su camino hacia el Olimpo occidental de adoptar paulatinamente aquella sobada modernidad soplando allende los pirineos, tratando al mismo tiempo de limar las rebabas de una estructura social batida durante cuarenta años de régimen franquista. Ahora es cuando nos toca vivir las consecuencia de una transición apresurada aguantando a todos aquellos santurrones aplicados en carne y alma a la eterna preservación del régimen que conseguirían remozarse y travestirse por algún inefable designio divino, en egregios librepensadores, adulando por doquier el nuevo reino de la modernidad. Con todos los problemas propios de la sociedad española, actitudes como las de Esperanza Aguirre alegando una interesada imparcialidad en la apreciación moral de una vergonzosa conversación mantenida en el plató de Telemadrid no contribuyen sino a desprestigiar, aún más si cabe, a una burlona clase política valedora de una pseudo-democracia moribunda.

19 nov. 2010

El malestar europeo: una respuesta a la crisis neoliberal.

Un descontento generalizado recorre Europa a semejanza de aquel amenazante fantasma descrito por Marx al inicio del Manifiesto Comunista, aunque, en este caso, travestido y encarnado por toda una oleada de huelgas, desplantes, escarceos, manifestaciones, protestas y rebeliones populares en respuesta a los abusivos recortes sociales aprobados con carácter de urgencia en diferentes estados del territorio europeo para embridar el desbocado caballo de las financias, ponerle freno a la crisis y darle un nuevo impulso a la esclerotizada maquinaria económica. Para tratar de frenar las trepidantes fugas de capitales - atemorizados ante el oscilante tambaleo de los mercados- la camarilla de petimetres europeos reunidos al auspicio de sus más ilustres homólogos internacionales – fervorosamente convertidos al credo neoliberal- decidirían atajar la tumultuosa desbandada del codiciado “capital”, destinando una suma considerable de los presupuestos estatales a la salvaguarda de bancos y cajas de ahorro afectados por la inminente irrupción de la crisis financiera en la zona euro y asimismo abocados a una pérdida sustancial de su poder adquisitivo. Una irremisible caída en picado que podría llevar al completo hundimiento del avasallador modelo político-económico adoptado por las pseudo-democracias occidentales – y más tarde exportado al resto del mundo- tras la caída del Muro de Berlín y el pronunciado basculamiento del mundo hacia un nuevo orden y hegemonía económicas.
Pero, visto lo visto, uno nunca sabrá que hubiera sido preferible: si la extinción definitiva de un sistema político-económico torticero, explotador y erigido sobre un terreno social sembrado de profundas desigualdades sociales camufladas gracias a la retórica prestidigitadora del discurso democrático, o bien, al contrario, la re-actualizada perpetuación de la “dictadura bancaria” acentuada por la mano cainita de un mercado – de ningún modo “invisible” como mantenía ingenuamente Adam Smith porque esta mano cainita es tan visible que explota, avasalla y asesina- apuntalado tras la adopción de todo un paquete de medidas económico-sociales, - reunidas bajo el engañoso marbete de “políticas de austeridad”- destinadas a suprimir de un plumazo los servicios y garantías sociales conquistadas por los ciudadanos después de una larga lucha, sacrificio y dedicación histórica a una causa tan difícil de obtener como han sido los derechos sociales del individuo. Una causa amputada de una sola y certera estocada en cuanto los mecenas del nuevo orden mundial, llevados al borde del precipicio a consecuencia de sus propios desfalcos, abusos y confianza ciega en los infalibles resortes del mercado, se han visto con el agua al cuello y no han tenido más remedio que elevar un poco la voz suplicante para verse inmediatamente recompensados con la munificencia gratuita de los grandes mandamases internacionales en un intento desesperado para sacarles del aprieto con la presurosa inyección de un dinero público, recaudado gracias a los impuestos del ciudadano, que les vendría como agua de mayo para seguir propagando su credo inquebrantable.
A pesar de la avezada ideología neoliberal, estrechamente ligada a la primitiva idea de un mercado autorregulado por la concurrencia de los diversos actores económicos en la búsqueda de un interés propio que, a la postre y como por ensalmo, no conseguirá sino generar el máximo bienestar para el conjunto de la comunidad, la realidad cotidiana no deja de ser sino otra muy diferente y alejada de tales utopías económicas. Si espulgamos detenidamente las estadísticas observamos que en los países dónde aquel sistema fuese recibido con mayor muestras de devoción y regocijo – particularmente Inglaterra tras la llegada del huracán thatcheriano y la modélica Irlanda alabada y aplaudida por los pregoneros del F.M.I - las riquezas no se encuentran, ni muchos menos, mejor repartidas sino que, al contrario se acumulan cada vez más entre las manos de unos pocos. El advenimiento de una democracia conchabada con el credo neoliberal, a la larga, acarrearía la fementida ilusión en una mayor igualdad social provocada por el aumento exponencial de la riqueza junto con el auge de una remodelada clase media de nuevos ricos, nuevos ciudadanos y nuevos consumidores. La pantalla de humo avivada por el consumismo desenfrenado y la boyante abundancia material se propagaría a medida que la reciclada clase media, imbuida de la nefasta propensión hacia el “way of life” importado desde los Estados Unidos, se imbricara más y más en los engranajes de un modelo de crecimiento que tan sólo lograría favorecer a los grandes mecenas del mercado. Un sistema, por otro lado, erigido en torno a una sutil forma de dominio encubierto: préstamos, hipotecas, créditos manejados con la vetusta, pero aún eficaz, artimaña del “miedo”, en este sentido, el pavor ante el desempleo – considerado como una forma de fracaso social- y el continuado temor al desahucio. Si a entrambas formas de “terrorismo de estado” le unimos el bochornoso espectáculo de una clase política bufonesca, nos daremos de bruces con ese frustrante malestar que se cierne sobre buena parte del planeta.
Así las cosas, el apetito insaciable del tiburón neoliberador pretendía asestarle un golpe definitivo a la sociedad, para darle al César lo que es del César, aumentado, ensanchando o dilatando su pulposa esfera de influencias allende los límites naturales del asalariado – ya que un individuo no entraría plenamente en la dinámica avasalladora del neoliberalismo sino una vez que ocupase un puesto de trabajo y comenzase a percibir un estipendio- hasta la absorción definitiva de la categoría social “estudiantil” en un intento desesperado para grabarles e inculcarles cuanto antes las reglas estipuladas en la doctrina neoliberal del mercado soberano. Por ello, de un tiempo a esta parte, hemos asistido a la aparición de la banca en universidades e institutos, simbolizando majestuosamente la definitiva alianza entre el capital económico y el mundo universitario con la sola intención de colocar lo antes posible al “estudiante” bajo la férula del todopoderoso mercado. Una estrategia llevada a cabo paulatinamente, comenzando por la reforma de los estudios universitarios, la substancial disminución de las ayudas estatales para la financiación de los estudios y su posterior suplantación o sustitución por las llamadas “becas-préstamos” gestionadas por bancos y entidades de crédito. A tenor de las ya mentadas reformas iniciadas hace apenas cuatro años con la puesta en marcha del criticado Proyecto Bolonia dentro del espacio Europeo que convertiría la universidad en una junta de inversores, se entiende a la perfección la previsible reacción de los estudiantes ingleses ante el anuncio del gobierno Cameron de una subida sin precedentes en el precio de las matriculas – hasta triplicar las tasas actuales-, alegando la necesidad de fortalecer la competencia mercantil de las instituciones de enseñanza y de paso acabar con los incesantes problemas de la financiación universitaria acumulados desde la escabechina privatizadora emprendida por el celo de la señora Thatcher. Como se podría inferir de esta ejemplar aberración inglesa - uno de los países dónde el credo neoliberal ha calado con mayor profusión- el principal problema del liberalismo económico en nuestras días se concentra en la necesidad connatural de ampliar sus competencias administrativas para continuar financiando y conservando la inercia propia de su dinámica evolutiva, esto es, su proceso de privatización. Así, a medida que el emporio mercantil aumenta su talla se encuentra automáticamente impelido a buscar nuevas fuentes de financiación que le permitan continuar y mantener su ritmo de crecimiento habitual. De este modo nadie se sorprenderá si al cabo de unos cuantos años, un infante se viese obligado a pedir un préstamo – el cual no comenzaría a pagar sino una vez alcanzada la mayoría de edad- para poder pagar las tasas de la guardería y recibir los rudimentos de su primera educación así como la primera lección del dogma mercantilista. No es ninguna ilusión, habida cuenta que esta misma semana los gerifaltes europeos se reúnen para evaluar la crítica situación de Irlanda a punto de proclamarse en bancarrota, sin mentar una sola palabra acerca de los parabienes que este mismo país recibiese años atrás tras haber adoptado con asombrosa celeridad las medidas de “austeridad” dictaminadas por el F.M.I y sus allegados mandatarios internacionales. Tanto más cuanto el caso de Irlanda podría considerarse como un inestimable ejemplo del fracaso implícito en la aplicación de las sopesadas “políticas de austeridad” neoliberales para pararle los pies a la crisis. Unos recortes en las garantías sociales de la ciudadanía que, por desgracia, no servirán sino para engordar las cuentas bancarias de los nuevos mecenas del mundo, propagar la sibilina dictadura de los bancos y estrechar los vínculos de amistad entre los poderes económico y político

16 nov. 2010

El gobierno de la Región de Murcia ayuda a sus amigos: De Yenny a la Paramount

El control casi absoluto de los resortes políticos, mediáticos y judiciales que el gobierno de Ramón Luís Valcárcel ha conseguido en la Región de Murcia debe hacerles sentir a él y los suyos algo muy parecido a la total impunidad, pues a pesar de los numerosos escándalos, entradas y salidas de la cárcel incluidas, ni la opinión pública ni la justicia les hacen, de momento, pagar unos excesos que probablemente nunca sean declarados delictivos por la justicia, pero que el más elemental sentido común calificaría como inmorales.

Son incontables los ejemplos de este tipo de comportamiento, pero dos pueden ejemplificar el alcance político, económico y moral de esta forma de hacer.

La balsa Yenny

En el año 2001 la empresa Portmán Golf, propietaria de buena parte de la Sierra Minera de Cartagena-La Unión desde que en 1988 comprase activos y pasivos a la multinacional francesa Peñarroya por 100 millones de pesetas, donaba a la Región de Murcia una balsa de acumulación de estériles mineros muy próxima a la población de El Llano del Beal, la conocida como balsa Yenny. Portmán Golf, la misma empresa que despidió a todos sus trabajadores en 1991 incumpliendo sus propios compromisos, la misma que durante más de veinte años ha puesto piedras en el tortuoso camino de la regeneración de la bahía de Portmán al no sentir asegurado su negocio con una recalificación urbanística a la medida de sus megalómanas ambiciones, la misma que pidió al gobierno regional permutar 180 hectáreas del parque natural de Calblanque a cambio de una superficie parecida de terrenos contaminados por la minería en El Llano del Beal y Portmán; operación paralizada sólo por la intervención de la Comisión Europea, a finales del año 2004, y que atrincheró a Portmán Golf en su actitud de no invertir en la regeneración de la Sierra Minera (de su propiedad y responsabilidad) hasta que se regenerase la bahía de Portmán. Casualmente fue después de este varapalo de la Comisión Europea que dejó a Portmán Golf sin los réditos de un gran pelotazo urbanístico bendecido por la administración regional que Valcárcel y los suyos decidieron regenerar la balsa Yenni (donada, recordemos cuando nos hablen de urgencia y peligro, en 2001).

Al acceder a la donación el gobierno regional recogía el guante de la responsabilidad de regenerar la balsa en cumplimiento de la ley de minas de 1973 (BOE núm. 189, de 24/07/1973) que igualmente obliga a Portmán Golf a responsabilizarse de la regeneración no sólo de la Sierra Minera, sino también de la bahía de Portmán, al haber adquirido en 1988 activos y pasivos de Peñarroya, pero también sus responsabilidades sociales. Por si hubiese sido poco liberar a Portmán Golf de la responsabilidad de regenerar una balsa minera que realmente resultaba molesta y peligrosa para los vecinos de El Llano del Beal, esta empresa acabó embolsándose dos millones setecientos mil euros, por ceder una cantera abandonada para depositar los desechos mineros de la balsa, de un presupuesto total de cinco millones cuatrocientos mil euros, es decir el 50% de la factura por no hacer absolutamente nada.

De Polaris a la Paramount

Para nadie es un secreto que el gobierno regional así como la inmensa mayoría de ayuntamientos de la Región de Murcia acogieron con alborozo el boom inmobiliario. El turismo residencial de sol, playa y golf debía ser el futuro de la Región, casi cuarenta campos de golf y cerca de un millón de nuevas viviendas se iban a construir a lo largo y ancho de la provincia, sin planificar la gestión de recursos (ambientales y sociales) y sin reparar en valores ambientales (La Zerrichera, Cabo Cope, Calblanque…).

El icono de este floreciente negocio consistente en plantar césped y casas en mitad de los más inhóspitos secarrales fue Polaris World, experto por otra parte en hacerse con terrenos baratos y urbanizarlos una vez recalificados. Lo que durante casi una década pareció un negocio redondo sólo pudo crecer gracias a la financiación de bancos y cajas de ahorros que parecían confiar tanto como la mayoría de los murcianos de a píe en que el precio de la vivienda subiría y subiría hasta el infinito y en que los jubilados europeos no encontrarían nada mejor que hacer con su dinero que comprar chalets de ínfima calidad pero con un campo de golf por jardín.

Cuando entre finales de 2009 y principios de 2010 Polaris World entró en la fase previa al concurso de acreedores planteó un grave problema a la CAM, Caja Murcia, Bancaja y en menor medida al Banco Popular, aceptar como pago unos terrenos y viviendas cuyo precio de “mercado” excedía con mucho su valor real por la sencilla razón de que no se podrían vender en el mercado a menos que su precio bajase hasta límites que no cubrirían ni lejanamente la deuda; o aceptar que su cuenta de resultados los empujase casi irremediablemente a la intervención del Banco de España, intervención que en última instancia sólo han podido evitar negociando su fusión con otras entidades.

Aceptado el pago de su deuda con terrenos y viviendas Polaris World ha finalizado un buen negocio terrenos de escaso valor han financiado sus proyectos inmobiliarios y generado enormes beneficios para sus promotores. La peor parte se la quedaban a priori las cajas de ahorros que tarde o temprano tendrían que ajustar el valor de sus pasivos reconociendo el mal negocio de haber financiado a Polaris y haber aceptado el pago de su deuda en este formato, en este momento entra en juego el gobierno regional que se saca de la manga otro proyecto megalómano, en este caso la construcción de un gran parque temático bajo la marca de Paramount Pictures, que se construiría en Alhama de Murcia donde casualmente Caja Murcia, la CAM, Bancaja y el Banco Popular tienen más de cuatro millones de metros cuadrados de terreno aceptados como pago de la deuda de Polaris World. Lo curioso es que ni la empresa que daría nombre al parque, la Paramount (que cobraría por ceder su imagen de marca), ni el principal gestor de las futuras inversiones, Jesús Samper (imputado por delitos urbanísticos en la “operación Umbra”) están dispuestos a aportar capital al proyecto.

El gobierno regional ya ha gastado casi dos millones de euros en la intermediación necesaria para montar el espectáculo que podríamos llamar “Bienvenido Mr. Paramount”, ¿pagaremos entre todos el precio del suelo dónde se levantará, o no, el parque temático?

12 nov. 2010

Manifestaçom de rechaço à visita do Papa "Eu nom te espero" (violência policial vs liberdade de expressom)

http://www.galizacontrainfo.org/manifesta%C3%A7om-de-recha%C3%A7o-%C3%A0-visita-do-papa-eu-nom-te-espero-viol%C3%AAncia-policial-vs-liberdade-de-express

Desde as oito da tarde centos de persoas convocadas pola plataforma Eu
non te espero xuntábanse na Alameda de Compostela, onde un cordón
policial impedía a saída da manifestación. As convocantes denunciaron
a falta de liberdade de expresión que existe desde hai máis dunha
semana por mor da visita do Papa, Benedicto XVI, e o silenciamento de
todas as iniciativas que se están a levar adiante para rexeitar e
manifestar a oposición das mulleres e da cidadania en xeral de
Compostela contra o gasto público nesta visita, asi como en contra da
visita do máximo xefe do Estado Vaticano, contra quen foi presentada
denuncia estes dias nos Xulgados de Guarda en Compostela.

Pouco despois das nove e media da noite, despois da lectura dun
manifesto, deuse por rematada a mobilización, e a xente que cruzaba o
paso de peóns da Alameda comezou a berrar "Estado Policial Visita
papal", ou "Nós non te esperamos", polo que os numerosos
antidisturbios, indignados diante de que houbera quen continuara a
berrar proclamas anti-clericais fora do seu cordón policial, cargou
con brutalidade xa na Porta Faxeira. As cargas continuaron desde este
primeiro ponto até a Praza de Galiza, e logo máis adiante na rúa de
San Pedro, ou noutros pontos da cidade. Furgóns policiais ás presas
dun lado para outro: unha cidade máis que sitiada e violentada.

Un dos nosos compañeiros de Galiza Contrainfo, que se encontraba
cubrindo esta mobilización, foi sinalado polos "antidisturbios" e ao
pasar a Praza de Galiza foi empurado a unha ruela sen saída, onde
entre tres policias lle bateron, nas pernas e na camara, rematando cun
"yo a ti te veo en todas".

Queremos desde Galiza Contrainfo somarnos ás denuncias que desde a
Rede Feminista Galega, desde a iniciativa Eu non te espero, realizan
nestes dias do control policial, do abuso de poder e da falta de
liberdade de expresión que hai no noso país, pola visita de Benedicto
XVI, e non só.

E ainda que nos sinalen, nos continúen a multar, ou mesmo estexan
fartos de "vernos en todas" continuaremos a gravar, fotografiar e dar
conta do que eles queren calar.

Deixamos aqui tamén unha reportaxe fotográfica das bandeiras e o
ambiente de rexeitamento a Ratzinger da cidade de Compostela, e un dos
mancados pola Policia nestas cargas, aqui:
http://www.flickr.com/photos/47009921@N02/sets/72157625311667502/

6 nov. 2010

Manifiesto de estudiantes franceses

A los trabajadores, parados y precarios de los países de la Unión Europea


Manifiesto de la asamblea general de los estudiantes de Rennes 2 al movimiento de parados y precarios y a la Asamblea General Interprofesional de Rennes 2, el 25 de octubre de 2010.

Somos precarios, trabajadores, estudiantes o parados involucrados actualmente en la lucha contra la reforma de las jubilaciones del gobierno de Sarkozy, que prevé el aumento de la edad legal para acogerse a la jubilación y el aumento de los años de cotizaciones para poder lograrla. Esta medida que conllevará la degradación de las condiciones de vida de los sectores “precarizados” y una notable progresión de las lógicas de capitalización, se sitúa en la línea política de la derecha thatcheriana que desde hace cuatro años llevan a cabo el gobierno de Sarkozy y también la mayoría de los países europeos durante los veinte años de reinado de la ortodoxia neoliberal. Esta política de regresión social (privatizaciones, congelación de salarios, recortes de la función pública y de los presupuestos sociales), hace sentir sus efectos tanto más duramente que la recesión de 2008-2009 (y su cortejo de despidos masivos) que muy lejos de revisar los dogmas liberales ha permitido justificar una nueva escalada de planes rigurosos en detrimento de las clases populares.
En muchos países, como en Grecia e Inglaterra, ya no hay ningún miedo a anunciar brutales deducciones de los salarios y las pensiones mientras se salva a los bancos con cientos de miles de millones. En todas partes se multiplican las medidas que favorecen a la burguesía: “escudos fiscales”, contratos “ultraprecarios” exonerados de impuestos e incluso mano de obra gratuita, facilidades para el despido, restricción del derecho de huelga y criminalización de los movimientos sociales. En todas partes se intenta desviar la ira popular hacia algún chivo expiatorio; los gitanos, los árabes, los “parados recalcitrantes” pueden ser los culpables perfectos. En todas partes esta Europa construida sobre el mito del progreso social y cultural continuo y garantizado por las instituciones, está volviendo a crear el proletariado indeseable que creía haber integrado. La paz entre los Estados europeos tiene el doble recurso de exportar los conflictos derivados de la sobreexplotación fuera del continente y la cooperación de todos los petimetres de la economía europea contra todo lo que contravenga sus leyes, la resistencia popular o los regímenes de protección social. Al mismo tiempo que se arman barricadas contra los inmigrantes se sigue importando mano de obra cuya función será realizar lo que los “europeos de pura cepa” no quieren hacer y se exportan las industrias que podrían explotar a menor precio a la otra parte de esta mano de obra designada como residencia de las multinacionales de la Europa-fortaleza.
Como respuesta a esta desesperante situación, los acontecimientos de la primavera pasada en Grecia han abierto una contraofensiva a escala europea. Pero la estrategia más que timorata de las centrales sindicales y el freno a la rebelión provocada por el drama del banco Marfin’s han pospuesto hasta ahora la reinstalación de una conflictividad abierta. Nosotros y otros subordinados de Entreprise-France (movimiento previo contra otra “reforma” de las jubilaciones) estamos desde 2003 en la línea de esa estrategia dirigida al fracaso de las “jornadas de acción” puntuales y espaciadas en el tiempo. Luego de un mes de conflicto las bases de las centrales sindicales ahora han adquirido la idea de una huelga prorrogable y generalizada. Según una encuesta reciente la mayor parte de la población desea una “radicalización” del movimiento frente a un gobierno inflexible. Todos recordamos el movimiento de los estudiantes y profesores, parcialmente victorioso, de la primavera de 2006 denominado “el anti-CPE”, que impuso junto a la huelga y las manifestaciones la forma de lucha del bloqueo económico. En la mayoría de las grandes ciudades, mientras los universitarios en huelga estuvieron bloqueados y ocupados durante varias semanas, mientras las manifestaciones masivas acababan por lo regular en enfrentamientos, los huelguistas recurrieron al boqueo de los principales cruces de carreteras, de los centros comerciales, estaciones y aeropuertos e incluso de los grandes centros de correos y las terminales de autobuses. Finalmente el MEDEF solicitó a otro gobierno “inflexible” que demostrase una mayor flexibilidad capaz de restablecer la actividad económica normal. El CPE se retiró (pero no la ley de la que formaba parte).
Ahora no es una casualidad que las audaces apuestas del movimiento de 2006 aparezcan como el abecé de las tendencias más activas en la lucha contra el actual proyecto gubernamental. En Rennes los centros comerciales son un objetivo en todas las manifestaciones. Las huelgas más resueltas afectan especialmente a las refinerías y a los depósitos de petróleo; auténtica vanguardia del movimiento, los huelguistas marselleses paralizan el puerto e imprimen a su ciudad el pulso del movimiento. También los ferroviarios están en primera línea y los camioneros se han unido al movimiento. Sabemos que cuanta más confianza tomemos en nuestras propias fuerzas, más comunicativa será nuestra optimista determinación. La imagen de los piquetes volantes de Barcelona que obligaban a cerrar todos los comercios el día de la huelga general el pasado mes de septiembre, sin duda han tenido repercusión en la voluntad de sistematizar esas prácticas. Sabemos que solamente puede asegurarnos la victoria la capacidad de contrarrestar la actual estrategia gubernamental de pudrición e intimidación que se traduce especialmente en el creciente recurso a la violencia policial: varios jóvenes manifestantes gravemente heridos, cientos de detenidos y condenas delirantes (por ejemplo prisión incondicional por el incendio de un contenedor), una costumbre que se ha convertido en normal son los golpes y el uso de gas para desbloquear el tránsito. Esta violencia va acompañada de un pisoteo del derecho de huelga (requerimientos a los obreros de la industria petroquímica con la amenaza de graves condenas en caso de que se nieguen).
Creemos que ha llegado el momento de recurrir masivamente al arma del bloqueo económico. Por ese medio los desocupados y precarios que no tienen acceso a un lugar de trabajo estable pueden participar en la presión de los huelguistas “tradicionales” sobre los dividendos de la patronal. El bloqueo económico, como táctica de endurecimiento de la huelga, sin embargo es accesible para todos. Si la huelga (de los trabajadores, de los estudiantes, de los profesores, la “huelga” forzosa de los parados y precarios) libera el tiempo y la atención de la subordinación a los circuitos económicos, el bloqueo económico permite emplear plenamente ese tiempo liberado a la perturbación de esos mismo circuitos conducidos por los poderes que combatimos, seguramente inquietándolos mucho más que con las pacíficas manifestaciones que no les ocasionan ni el más mínimo perjuicio (mencionemos por ejemplo el excelente negocio de la comida rápida durante las “jornadas de acción”). Así, el bloqueo económico permite, en una economía integrada y diseminada en sus flujos de capital, de mercaderías y de información, generalizar los impactos ocasionados por una huelga limitada únicamente a algunos sectores. También puede facilitar los encuentros entre huelguistas que acuden a bloquear un sitio y los trabajadores de ese mismo lugar, incentivados de ese modo a unirse al movimiento. La propia huelga se puede plantear como un arma de bloqueo económico que permite al movimiento mantenerse sin que se convierta en una huelga prorrogada ilimitadamente difícilmente sostenible por los trabajadores: huelgas intermitentes, huelgas escalonadas, huelgas que paralizan determinados sectores o lugares “claves” que los demás puedan apoyar económicamente.
La victoria, aunque fuera simbólica y parcial de este movimiento, sólo puede proceder de ahí: que cada colectivo de lucha, cada sindicato local, cada grupo formal o informal de militantes, de amigos, de colegas, de familiares, al mismo tiempo que trata de coordinarse con los demás, se constituya en su propio piquete volante. Todas estas formas de disponibilidad para luchar serían compatibles con momentos de desaceleración en los que podríamos disponer de tiempo de organizarnos materialmente, de compartir las ideas, de comer, de canciones y experiencias… En este momento en que el gobierno no duda en recurrir a la policía o a las amenazas de prisión para desarmar a los piquetes y forzar el regreso al trabajo, disponer de la mayor movilidad posible, ser capaces de reunirnos lo más rápidamente posible en un punto determinado para formar una masa imposible de desalojar o distribuirnos para bloquear la metrópolis en diez puntos al mismo tiempo, nos parece la única manera verdaderamente coherente de “movilizarnos”, retomando la fórmula sindical, la mejor utilización posible del tiempo que deja libre la huelga.
A medida que nos aproximamos paso a paso a una escasez de combustible, la cuestión de los objetivos prioritarios del bloqueo parece ya resuelta: refinerías, depósitos petroleros, ejes de transporte de toda clase, centros comerciales, plataformas de distribución… Destaquemos también el interés de los bloqueos que contribuyen a que este asunto salga del gueto nacional. Pensemos por ejemplo en el turismo, que constituye uno de los principales “pulmones” económicos de nuestro continente-museo: grandes hoteles y restaurantes, grandes espectáculos, consumo de lujo… Soñemos también con el interés de alentar a ciertos medios a “desbloquear” la información y dar la palabra a los que están institucionalmente privados. Pensemos también en los “barrios de negocios” de nuestras provincias que podrían difundir a los cuatro vientos la mala reputación de sus provincias mal colonizadas…
Ferroviarios belgas, siderúrgicos castellanos, portuarios marselleses, intermediarios griegos, interinos, precarios e indeseables de todas partes, vuestra lucha es la nuestra. En todas partes debemos responder de forma solidaria y coordinada a cada ataque de cualquiera de nuestros oligarcas nacionales más o menos cómplices de los comisarios y de los banqueros europeos.
Para detener las contrarreformas y los planes rigurosos, por la mejora de nuestras condiciones de vida, por una política de apertura y solidaridad con relación a los emigrantes y proletarios de todos los países, organicemos en todas partes comités de lucha, asambleas generales interprofesionales, brigadas de piquetes volantes coordinados paso a paso más allá de las fronteras. Bloqueemos la Europa del capital, desbloqueemos la Europa-fortaleza, librémonos de los Sarkozy, Merkel, Barroso ¡y Berlusconi! Huelga general indefinida! ¡Bloqueo económico!

Traducido para Rebelión por Susana Merino y revisado por Caty R.
(Tomado de kaosenlared.net)

2 nov. 2010

Una huelga a la francesa

La fría mañana parisiense se diluye en la grisácea claridad de una tenue neblina abalanzándose sobre la ciudad. Deambulamos a ciegas atravesando el boulevard Raspail y posando la mirada en las cartulinas aprisionadas en el enrejado del liceo Jean Monnet, mientras un grupo de estudiantes se las apaña para tratar de bloquear la entrada principal del edificio con un pila de contenedores amontonados desordenadamente y coronados con una pancarta dónde puede leerse con claridad, “Carla on est comme toi: on se fait baiser par le chef d’Etat”. A pesar de la obscena alusión amatoria estampada en el lienzo blancuzco, la agitada realidad política de una Francia comandada por la mano de hierro del arrogante Nicolas Sarkozy, no podría condensarse con mayor precisión en un número tan reducido de palabras. Los apasionados reclamos de toda una sociedad puesta en pie de guerra ante la cerrazón – y sinrazón- de un gobierno decidido a llevar hasta el final la anunciada reforma de las pensiones, haciendo oídos sordos a las protestas que le llueven por todas partes y la animadversión de una ciudadanía que, como bien aseveraba la mentada pancarta, se siente tanto violentada como traicionada entre las garras del rijoso presidente de la República.
Dejamos el instituto atrás y continuamos nuestra marcha tomando la Rue de Vaugirard para desembocar en el Jardín de Luxemburgo. A lo lejos avizoramos la lenta procesión de una nutrida comitiva sindicalista enarbolando los coloridos estandartes de las diferentes agrupaciones y entonando deliberadamente las machaconas consignas de un movimiento social, una acalorada deflagración, balizado por un profundo deseo de acabar con los inopinados tejemanejes de un sistema económico-político-social injusto. Nos aproximamos con cautela y contemplamos el cortejo de cerca. Los rostros aguerridos, sibilinos, rezumantes de una contrastada exasperación ante los manifiestos abusos del poder económico y sus adiestrados titiriteros gubernamentales incapaces de hacerle sombra o tan siquiera una leve oposición. Trátese de la izquierda, la derecha o el centro, del socialismo apelmazado de Papandréou y Zapatero o del liberalismo apisonador de Sarkozy, Merkel y Cameron, las pseudo-democracias occidentales acatan sin mayores remilgos las infaustas presunciones del gremio monetario para zapar los servicios públicos y las garantías sociales, mientras despluman a los asalariados a base de subidas de impuestos y recortes sociales con la intención de hacerles pagar el saqueo perpetrado por bancos y agencias de notación. ¡Y ahora quieren también jugar con nuestra jubilación para llevarnos al nicho con el mono del trabajo impecable! La puesta en marcha de una reforma dónde se promueve el aumento en la edad de jubilación con la mendaz argumentación “a posteriori” de un fututo desajuste en la balanza de ahorros estatales a consecuencia del incremento exponencial – con los subsecuentes gastos- en el coste de las pensiones por la mejora de la calidad de vida y una mayor duración en la cotización de la jubilación. Los recortes estipulados por los mandatarios europeos – gracias a la excusa de la crisis económica- con la intención de paliar las eventuales dificultades en la financiación de las pensiones no entran sino en la lógica acerba del condolido régimen monetario-liberal, representado simbólicamente por el paquete de medidas adoptadas como una necesaria coartada para contrarrestar, amortiguar y sofocar el vendaval financiero culpable de la crisis económica. Medidas de austeridad que la celebérrima derecha europea – Merkel, Sarkozy y Cameron- aplauden y reciben con entusiasmo votando en contra de una modificación del estatuto europeo y rechazando tajantemente cualesquiera alternativas encaminadas para afrontar la crisis desde un ángulo o perspectiva sustraída a la “política de austeridad” dictaminada por el F.M.I ceñido al andamiaje ideológico del más acendrado conservadurismo neoliberal propalado por Von Hayek y Milton Friedman. Así, la reforma de las pensiones, es defendida a trochemoche por parte del gobierno acuñando toda una retahíla o concatenación lógica erróneamente deducida desde unas premisas presentadas como verdades impepinables y empapadas hasta la médula de los presupuestos ideológicos del neoliberalismo avasallador. Para atajar el amenazante “déficit presupuestario” la única solución pasaría por la criba indiscriminada de las garantías sociales y el aumento sin remisión de los impuestos, sin caer en la cuenta – como apuntaba J.M.Keynes- de que una política socialmente restrictiva no conlleva una disminución inmediata del déficit presupuestario – así como tampoco una bajada automática del paro gracias a las “flexibilización del mercado de trabajo” y las ventajas para la contratación de las empresas capaces de reactivar otra vez el motor económico- ni tanto menos contribuirá a erradicar los malfuncionamientos enquistados en el sistema económico. Entonces, ¿por qué no elaborar una política activa de empleo a largo plazo para paliar las insuficiencias en la futura financiación de las pensiones? ¿Por qué no crear inmediatamente una tasa sobre las transacciones financieras para obtener un rédito que nos permitiese cubrir en un futuro los gastos derivados del sistema de pensiones? Si por un lado lográsemos reducir paulatinamente el paro - estimulando una política efectiva de empleo- y aplicar una tasa sobre las transacciones financieras el estado contaría con una fuente de ingresos suplementaria – impuestos procedentes de los asalariados y la tasa porcentual derivada de las transacciones- para financiar el fututo problema de las pensiones sin rebajar un ápice los derechos sociales de la ciudadanía.
Seguimos adelante en dirección al Panteón para acabar bordeando la plaza de la Sorbonne a través de una embarullada aglomeración estudiantil ralentizando considerablemente el tráfico del céntrico boulevard Saint-Michel en tanto que la policía se afana por dispersar la manifestación a golpe de pelotas de goma y gases lacrimógenos. Entre los rescoldos de la humeante batalla campal atisbamos los semblantes de algunos comerciantes observando atentos la escena tras los vitrales de sus establecimientos. Quizás no sólo las miradas de los comerciantes se claven en el medio centenar de jóvenes enfrentándose a las cargas policiales, sino también las esperanzas ahogadas de millones y millones de individuos anónimos que han sido víctimas forzadas de los palpables desfalcos del poder económico, estén puestas en estos jóvenes. Un poder económico omnímodo, inmune a la justicia planetaria y redimido de toda penalización tangible que rozará el colmo del absurdo esperpento neoliberal cuando tras el injusto aquelarre financiero, los más pobres e indefensos, asalariados y pensionistas, sean los encargados de damnificar a los todopoderosos mecenas del Gran Casino Global para evitar la debacle definitiva de la Banca y el sistema capitalista en su totalidad. Tal vez, el plantel predispuesto por los huelguistas franceses contra la reforma de las pensiones no se limite a una lucha aislada en el marco de un estado nacional, sino, más bien, a la defensa interplanetaria de todos y cada uno de nosotros en la lucha por un mundo más justo. Tal vez, digo, los ojos del mundo entero estén ahora dirigidos a la evolución de un movimiento social capaz de poner en jaque, no sólo al gobierno francés, sino al inquebrantable sistema neoliberal, mostrando el camino a seguir para acabar con la desenfrenada usurpación de los derechos fundamentales del individuo en el desempeño de una vida digna.
Abandonamos la plaza y nos introducimos en la boca del metro para volver a casa. Durante el trayecto mi acompañante eleva la esperada demanda: Y, en España, ¿qué ocurre? En España, por desgracia no ocurre nada. Un país con casi cinco millones de parados y el cuarenta por ciento de los licenciados o diplomados en paro y sin perspectivas de futuro. Un país atenazado, sin conflictividad social ni opinión pública combativa; sin corrientes de pensamiento alternativo, con una izquierda paralizada y adormecida, sin una crítica intelectual capaz de fomentar el desarrollo cultural de una ciudadanía encalabrinada, fantasmal; un país encandilado con las proezas de su selección nacional; un país desgalichado gracias a una clase política incompetente; un país sin el peso regulador de una izquierda capacitada para trasvasar los ideales de una generación profundamente desilusionada, mientras contempla como la otra mitad del país se las gasta para llevar en volandas al idolatrado pimpollito de Blas Piñar hasta el plató de una tertulia televisiva con vistas a entretener a los maromos y maromas hispánicos después de la sobremesa. A falta de un pensamiento crítico organizado capaz de arrancar las anteojeras a una sociedad ramplona, adocenada, víctima de un servilismo lacayuno y un espíritu de vasallaje acrecentado por el mito nacional de la “España eterna”, tendremos, al menos, la oportunidad, de pasar tranquilamente las tardes-noches de nuestra penuria cotidiana con la narizota pegada al televisor mientras deglutimos la verbosidad retórica del gran ideólogo ibérico, Blas Piñar, para sacarnos de la crisis socio-económica que nos envuelve desde hace mucho tiempo y dar un golpe de timón en la zozobrante singladura de un país a la deriva.
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