28 dic. 2011

Ecos Urbanos 27 de Diciembre

Último programa del año, en el que abordamos la cooperación al desarrollo con Nuria Pascual, Israel Morales y Mabel Parra. También estrenamos una nueva sección dedicada al conocimiento libre dirigida por Xavi Faus. ¡Salud!

20 dic. 2011

Ecos Urbanos 20 de Diciembre

Esta semana dedicamos Ecos Urbanos a analizar las conflictivas relaciones entre minería y desarrollo en latinoamérica. Nos centramos en Cajamarca (Perú) donde la multinacional Yanacocha extrae oro desde 1993. Contamos para ello con la participación de Mabel y Xavi, activistas españoles, y Nicanor Alvarado, activista cajamarquino.

14 dic. 2011

Ecos Urbanos 13 de Diciembre

Luchando incluso contra los elementos... tecnológicos, llega una semana más Ecos Urbanos. Edición dedicada a las consecuencias de las cumbres europea y del clima. Conmemoramos el 80 aniversario de la constitución republicana de 1931 y Andreu del grupo antimilitarista tortuga nos habla de las jornadas sobre No Violencia de la UMH.

29 nov. 2011

Ecos Urbanos 29 de Noviembre: Huertos Urbanos

En el programa de esta semana contamos con la participación de Mariló Antón, educadora ambiental en Elche y uno de las participantes más activas en el movimiento de huertos urbanos en la ciudad, con la que hablamos sobre las diferentes caras de los huertos urbanos.

El Reino de lo Indecible

Narra André Gide en Si le grain ne meurt que uno de sus primeros « moments musicaux », o sea, de fervor artístico inducido por la música, tuvo lugar en 1883 durante una audición de Arthur Rubinstein ofrecida ese mismo año en París. Lejos de apriscarse en los abismos del olvido, aquella audición perduraría, al contrario, estampada in aeternum en su memoria. Como bien nos confiesa el escritor francés, a partir de ese mismo día no podría nunca más escuchar a Beethoven sin venirle a la imaginación aquella magistral interpretación del pianista polaco. Siendo incapaz de brindar una explicación efectiva del por qué ese recital de Rubinstein ejercería tan vívida impresión en su ánimo durante el resto de su vida, lo cierto es que las emociones licuadas en el alambique del Arte y la fruición estética, son tan enigmáticas como ambiguas. Ese voladizo sentimiento develado cuando contemplamos un cuadro, degustamos un verso, escudriñamos una escultura, sucumbimos al embeleso de una melodía, asistimos a una representación teatral o proyección cinematográfica, asemeja a los invisibles dardos lanzados por algún desconocido Cupido. Dardos impregnados de un particular veneno que conseguirá hacer crepitar cada una de las fibras de nuestro cuerpo.
Indecible arcano que la fina sutileza de la lengua francesa bautizaría como un je ne sais quoi en un afán desesperado por definir y verbalizar lo indefinible y flotante. No obstante la dificultad, el sintagma francés exhibe el empeño, casi insalvable, de deslindar, asimilar y acotar con categorías intelectuales la correosa frontera de toda manifestación artística, habida cuenta de que ésta cabalga, siempre a horcajadas, entre los reinos de lo posible y lo imposible, la realidad y la fantasía o el sueño y la vigilia. Mas el Arte no sólo es difuso y abigarrado sino también egocéntrico e individual. La fruición estética se atrinchera y encastilla en la fortaleza infranqueable de la subjetividad porque como bien reza el proverbio sobre gustos no hay nada escrito.
Atalayado en el umbral de lo difuso e inasible; de esa misma tierra movediza que Wittgenstein calificaría, a la sazón, como indefinible, la creación artística y su correlato estético, afrontan el dilema de su propia naturaleza camaleónica y egocéntrica. En estas condiciones, ¿cómo definir la fruición y el arrobo estético o dar cabal cuenta de eso que denominamos Arte? Parecería cosa de locos acometer tan ardua contienda. Pero allende el zigzagueante y enrevesado dédalo de imprecisiones, el Arte, no sólo es enigma, arcano y egoísmo, sino asimismo puente tendido entre los siglos y las mónadas amuralladas de la individualidad. Juego de espejos reflectantes, la creación artística bucea en las profundidades y recovecos del alma humana a procura de una sensibilidad o experiencia del individuo aislado y, por antonomasia solitario y desconocido, frente al mundo. Gracias a este juego de reflejos y miradas cruzadas, se hilvana la estopa, cañamazo o mapa de la sensibilidad humana en su siempre complicada confrontación estética con el mundo y la realidad. Cartografía del ánima humana. Páginas de un diario sustraído a las coordenadas del tiempo y el espacio que nos permitirán acceder, en una paulatina ascesis personal, al mundo cerrado e ignoto de otras individualidades afines. Tal vez el Arte y la sensibilidad, no sean, al fin y a la postre, más que un puzzle de afinidades, sentimientos y experiencias compartidas, más allá de todo tiempo y condición, frente a la propia y ovillada realidad del individuo aislado y solitario. A través del Arte penetraremos en esos ámbitos o franjas desconocidas de la realidad. Abriremos puertas o postigos vedados a nuestra propia y palpable finitud. Padeceremos los arrebatos de Otelo, los suasorios de Mefistófeles, la desesperación de Lucien de Rubempré, las desdichas de Ana Ozores y los tejemanejes de Sherezade. Ahondaremos en los misteriosos efluvios de una envolvente melodía de Bach o Chopin. O bien, nos perderemos en abstrusas cábalas mientras espulgamos un lienzo de Kandinsky o admiramos la maestría de Caravaggio al delinear los contornos del ángel emergiendo de la fosca oscuridad para guiar la mano de San Mateo en la composición de las Sagradas Escrituras.
Con todo, a esta función ascética y didascálica del Arte, se le une asimismo su inmarcesible actualidad. A diferencia del reino material de las cosas y los objetos, el tiempo, bálsamo que todo lo cura y corrompe, no acumula su costra o pátina sobre las obras de arte que han logrado alzarse por encima de siglos y circunstancias para reposar en el reino imperecedero de la experiencia humana y conformar el acervo o bagaje de la denominada Cultura. Al contrario, el tiempo, parece engarzarlas en un tronco o tradición común sin solución de continuidad. Las andanzas de Estebanillo González, los chascarrillos del escudero Sancho o las peripecias de M. Jourdain aún siguen arrancándonos una sonrisa y provocando nuestra callada admiración. ¿Cómo no sentir todavía la incandescencia de un verso de San Juan de la Cruz? ¿La densidad existencial de Pessoa? ¿La ingravidez de una mezquita mozárabe o la ampulosidad sacral de una catedral gótica? La creación artística, si bien en ocasiones incomprendida, brinca, pues, por encima de siglos y coordenadas espaciales, para conformar ese mismo árbol de la sensibilidad humana que nos otorgará la oportunidad de entablar un diálogo con hombres, mujeres y objetos de otras épocas, sociedades, países y ralea compartiendo su propia experiencia del mundo y la realidad.
Pero allende ese diálogo entre épocas e individuos, la incertidumbre de Gide sigue aún flotando en el aire y quien sabe si alguna vez hallará una solución definitiva. Y todo ello, porque su reino, el del Arte, tal vez no sea de este mundo, y acceder a él, equivaldría a mojarse los labios con el sorbo de un cáliz repleto de la divina ambrosía o errar sin rumbo fijo en el limbo de ese fluctuante territorio de la sensibilidad humana sustraído a las contingencias del tiempo y el espacio.

27 nov. 2011

Por una educación digna y gratuita

Son las siete de la mañana y no he dormido nada, ayer me acosté tarde. Es difícil no sucumbir al poder de un buen libro. El despertador acaba de sonar y lo he apagado. Ahora debería levantarme, desayunar, ducharme y coger mi carpeta, me esperan seis horas de clase en la facultad.Soy incapaz de levantarme, creo que me voy a quedar durmiendo unas horas más. Por un día que falte a clase no va a pasar nada. La verdad es que la semana pasada también falté algunos días, pero qué más da, ya pediré los apuntes y me pondré al día sin problema. Ir a clase a veces se convierte en un verdadero suplicio; el madrugón, los empujones en el metro, los aburridos discursos de aburridos profesores…

Entonces, cuando he decidido por fin dejar paso de nuevo al sueño, con la conciencia bien tranquila, una idea cruza mi cabeza. Tengo 25 años y llevo ya 22 estudiando, nada más y nada menos que el 90 por ciento de mi vida dedicada a la educación, lo que me permite afirmar que me he convertido en algo así como una consumidora compulsiva, y no ha habido un solo día en todo este tiempo en el que no me haya preguntado qué demonios gano yo con todo esto. Me pregunto para qué tanto esfuerzo, si habré conseguido algo, si soy distinta de aquel compañero de colegio que no siguió estudiando y ahora tiene un buen trabajo, un fantástico coche y acaba de conseguir una fabulosa hipoteca de por vida.

Antes, elegir el camino del estudio era asegurarse un buen puesto en el mercado laboral, era aquel que dejaba prematuramente la escuela el que nunca sería nada en la vida y estaría destinado a ocupar los estratos más bajos de la jerarquía socio-económica. Quien iba a la universidad era el que se convertiría en alguien, el que sobresalía por encima de los demás, era el futuro sustentador de la familia. Hoy, cuando seguir estudiando se ha convertido en una cuestión de principios, cuando se sabe que con toda probabilidad no se encontrará un trabajo acorde con los conocimientos y nivel adquiridos y que incluso se llegará a alcanzar la categoría de sobrecualificado, ese adjetivo de reciente aparición en nuestro vocabulario que se cierne sobre la cabeza de los estudiantes y, cual un conjuro grotesco, cierra a cal y canto las puertas del mercado laboral, cuando el que se coloca joven en una empresa tiene más oportunidades que el que dedica su vida a formarse…

Hoy, estudiar, educarse, se ha convertido en toda una hazaña. Sin embargo, hay algo que la educación proporciona a quien la consume que no puede ser sustituido por ninguna otra forma de vida. Por encima de la consecución de un buen empleo, de una buena posición económica o un reconocimiento social, la educación proporciona al ser humano la posibilidad de reducir sus niveles de desconocimiento, de conocer el cómo, el porqué y el para qué de su existencia y de sus relaciones con el mundo que le rodea. Y es que la educación es una institución que lucha contra la ignorancia y, siendo la ignorancia la madre de todos los peligros, el origen de todos los males, todos tenemos derecho a poder librarnos de ella.

Así, mientras me debato entre el dulce letargo de las sábanas y una vigorizante ducha de agua fría, me he dado cuenta de que, en contra de lo que he venido pensando tantos años, no es mi deber ni mi obligación ir a clase, es mi derecho. Tengo el derecho a tener una educación. Pienso que han sido necesarios muchos años de lucha para conseguir que hoy yo pueda asistir a la universidad. Años que ya hemos olvidado, porque en el mundo que conocemos parece imposible que un día se luchara por poder recibir una educación, que un día se pensara que algunas personas no tienen derecho a ella. También caigo en la cuenta de que aún hoy, existen lugares y países en los que a la población se le niega el derecho a estudiar y en los que asistir a clase se convierte en una lucha diaria de David contra Goliat.El colegio, el instituto, la universidad… he subido por todos los peldaños de esta escalera que es la educación, y recién hoy me doy cuenta que al hacerlo no he hecho sino ir colocando los ladrillos necesarios para construir un gran muro que me separe de la ignorancia.

23 nov. 2011

Ecos Urbanos: Los recortes que vienen

Esta semana repasamos los resultados de las Elecciones Generales. Analizamos cuales pueden ser las medidas que Fitch o Merkel están pidiendo a Rajoy y repasamos el camino que algunos como Arthur Mas o Nuñez Feijoo ya han emprendido. También nos ocupamos del rescate del Banco de Valencia y miramos hacia Egipto y Afganistan. La música la pone esta semana la Fundación Robo.


22 nov. 2011

Ecos Urbanos: ¿Elecciones?

En este programa contamos con la participación de Adrián Vaillo, miembro del Grupo Antimilitarista Tortuga y objetor de conciencia electoral que se ha negado a participar como vocal al ser llamado a una mesa el próximo 20N.

Además, Paula Pérez se incorpora al equipo del programa. La imputación de Esther Vivas por la ocupación simbólica de Caixa Catalunya. El golpe de estado económico en Grecia e Italia. Y el desalojo de los indignados de Wall Street.



17 nov. 2011

Desastres ambientales: La Revolución Verde

Resumen de las VII jornadas sobre desastres celebradas en la UMH en Abril de 2011. Estas jornadas se centraron en las consecuencias ambientales y sociales de la Revolución Verde. Contaron con la participación de Esther Vivas, miembro del Centre d'Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra, Artemi Cerdá, del Departamento de Geografía de la Universidad de Valencia e Isabel Sánchez Vara, bióloga y agroecóloga del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos de la Universidad de Córdoba, además de con activistas locales.
Vídeo grabado y realizado por la Asociación Cultural "Ecos Urbanos".

15 nov. 2011

Vuelve Ecos Urbanos

Vuelven los podcasts de Ecos Urbanos. A continuación os dejo el programa de finales de octubre y el emitido el pasado día 8 de noviembre. Actualidad política nacional e internacional y buena música.




15 oct. 2011

La comunicación, los medios y su influencia.



Para establecer cabalmente la influencia de los medios y su evolución en los tiempos modernos, deberíamos plantearnos también, siquiera en términos dialécticos, la pregunta contraria, a saber: ¿Influye la realidad social en los medios? Es decir, los medios crean opinión, difunden modas, simplifican y estandarizan comportamientos y estilos de vida, sin duda, pero ¿es que los media a su vez son otra cosa que un reflejo, un escaparate selectivo de lo que “se cuece” en la vida social? ¿Acaso la radio, la tele, las revistas y periódicos, construyen su discurso, su mensaje al margen de la sociedad en la que existen? No es éste asunto baladí, sobre todo porque resulta demasiado fácil, sospechosamente sencillo, echar las culpas de según qué cosas a los medios, rehuyendo de este modo la propia responsabilidad como padres, por ejemplo, pero también como ciudadanos. De acuerdo, los medios han alimentado o sostenido a personajes tan poco memorables como Belén Esteban o Silvio Berlusconi, pero no han inventado a la audiencia que los sigue, o que los vota. Y siendo serios, no es de recibo alegar aquí eso de que los medios “alimentan a la bestia” y quedarse tan tranquilos: nuestra poco edificante historia, tan rica en persecuciones, inquisiciones y violencia, demuestra más allá de toda duda que “la bestia”, por seguir con el símil, existía antes y al margen de los medios de comunicación de masas, y que éstos, en todo caso, no pueden hacer hoy más que amplificar y acelerar el efecto de sus coletazos. Y eso, sólo si nos dejamos: si el contenido de un programa de televisión no nos gusta, con cambiar de canal, o incluso, miren ustedes por dónde, con pulsar el botón del off en el mando a distancia, pues basta y sobra. Tal vez no lo crean pero, al menos de momento, en este país podemos tomarnos esa libertad. No estamos todavía en Fahrenheit 451, y que dure. Ítem más, si un periódico o una cadena radiofónica nos molesta, con no leerlo o en su caso no sintonizarla, pues oigan: aquí paz y después gloria.
“Pero claro”, puede aducir alguien, “¿qué hacer, por ejemplo, cuando todas las cadenas, todos los medios, se parecen tanto que, si molesta uno, tal vez molesten todos?” Echando un vistazo a las parrillas de las televisiones generalistas en ciertas franjas horarias, es perfectamente posible sostener ese argumento. A veces sucede incluso, aunque es más raro, que varias cadenas emitan a la misma hora documentales de naturaleza y vida salvaje, ya saben, de esos que dicen que ven algunos de los detractores de otros contenidos televisivos menos ejemplares. Una posible respuesta es crear en red nuevos medios de comunicación, pero ésta, aunque importante, no es la cuestión que interesa en este concreto artículo.
En el periodismo se dice que noticia es que un niño muerda a un perro, y no lo es, por el contrario, que un perro muerda a un niño. El aforismo, repetido con irónica condescendencia por redactores jefe, directores y demás mandos, ha servido para adiestrar en el oficio a generaciones de jóvenes reporteros y reporteras, pero el uso no le ha restado eficacia: sigue siendo más noticiable lo excepcional que lo cotidiano. Eso hace que los medios tiendan a amplificar el impacto de hechos, relatos, modas y estilos de vida minoritarios: Es noticia, por ejemplo, un asesinato pasional, nombre que antes se daba a la violencia de género, precisamente porque no nos pasamos la vida matando a la gente que queremos (aunque según las estadísticas, es mucho más fácil que te asesine alguien de tu círculo más intimo que no un extraño). De la misma manera, en esta sociedad líquida que nos ha tocado vivir –y construir, no lo olvidemos–, no es extraño que los medios, que como es sabido necesitan audiencia y son capaces de casi cualquier cosa por conseguirla, resalten aquellas historias que más pueden sorprendernos, sonrojarnos, indignarnos, excitarnos o conmovernos. Decida usted, lector, espectador, miembro de una audiencia, la que sea, a qué medio adscribe uno o varios de los verbos utilizados, y en qué medio así calificado se encuentra usted más cómodo.
¿Cómo nos influyen los medios hoy en día? Pues como siempre, me temo, diría yo: Nos influyen reflejándonos. Con desenfoques, con plasticidades grotescas, con zonas que quedan en sombra porque otras aparecen sobreexpuestas. Aunque muchas veces no nos guste lo que vemos, los medios son, sobre todo, nuestra propia imagen pasada por el valleinclanesco Callejón del Gato y sus espejos deformantes. Pero entiéndaseme bien: No se trata de restarle responsabilidad a los medios. Al contrario, se trata de que cada palo aguante su vela. ¿Será que cada país, cada generación, cada grupo social, tiene los medios de comunicación que se merece? Pues a lo peor resulta que así es, como algunos dicen que pasa con los regímenes políticos. Sin embargo Roland Barthes decía que hay que enseñar a los niños a leer con incredulidad los periódicos. Esa es la cosa, creo, con los demás medios de comunicación de masas: Los niños y jóvenes deben frecuentarlos críticamente, deben entenderlos, deben disfrutarlos, porque conocer cómo funcionan los medios hace que su influencia sobre nosotros disminuya a niveles homeopáticos, porque el conocimiento, al fin y al cabo, es lo que nos hace libres.

11 oct. 2011

El Político y la Metafísica

Hace un par de días, me sorprendería, arrancándome una sonrisa, la definición establecida por un catedrático de universidad en relación a la longeva y sibilina materia de la Metafísica. Según el mentado docente, la Metafísica omnium scientiam capacissima no sería sino “el conocimiento del Todo”. ¡Saber nada desdeñable! Sin apaños, zarandajas ni inmodestia la Metafísica no se conforma, a diferencia de otras ciencias, con aquilatar y deslindar una porción determinada de la realidad. ¡Nada de eso! La Metafísica es ciencia de altos vuelos y buena muestra de ello es su desmesurada propuesta de abarcar el Todo a procura de un saber compacto, homogéneo y tan extenso como el propio universo mundo. Y el Todo no debe de ser cosa de poca monta. Pero ahí, en el conocimiento del Todo, residen las ventajas del avezado metafísico. Éste poseerá un conocimiento tan amplio y profuso que estará capacitado para divagar sobre las pruebas de la existencia de Dios, preparar un cocido madrileño, calcular la trayectoria de un satélite orbitando sin control alrededor de la tierra, reparar una cañería averiada e via dicendo porque a quien conoce el Todo, no se le escapa nada. Prognosis de un saber robusto. El metafísico y la Metafísica cierran el círculo perfecto del conocimiento y, a semejanza de un Ente dotado de los atributos divinos del Dios Cristiano, ciernen la totalidad de la realidad en una especie de compacta omnisciencia.
Frente a esta jugosa perspectiva de poseer ese augurado conocimiento del Todo, cabría especular con la posibilidad de adiestrar a nuestros políticos en arte tan excelso. ¿Imaginan las ventajas de parecida formación? El político-metafísico, o sea, el político iniciado en el supremo arte y ciencia de la Metafísica, ofrecerá unos servicios incalculables al grueso de la sociedad. Será capaz de deslumbrar al hemiciclo con sus consejos, disposiciones, recursos oratorios y alocuciones cargadas de sopesadas reflexiones fruto de un entrenamiento mental acostumbrado a lidiar con el Todo. Asimismo podrá apelar, si la situación lo requiriese, a los mamotretos de Teología y los Padres de la Iglesia afín de zanjar espinosas cuestiones de moral pública o citar a los teóricos decimonónicos de la Democracia ante la necesidad de buscar y proponer diversas soluciones a los problemas socio-económico perfilados en nuestra más reciente actualidad. Pero no sólo eso. En tiempos de crisis, el político-metafísico dispondrá unas medidas de ahorro excepcionales: en vez de propiciar los recortes de la esfera pública, éste accederá a supervisar las labores de varios ministerios a un mismo tiempo – dada su pericia, competencia y conocimiento del Todo- prescindiendo para ello de los ministros del ramo y evitando, de este modo, un gasto excesivo en estipendios y honorarios. Fundirá, pues, las diversas funciones ministeriales – ya sea economía, educación, defensa y todas las que se le antojen- en un solo ministerio cuya responsabilidad recaerá exclusivamente en su persona. Tal vez así, si conseguimos ahorrarnos el sueldo de unos cuantos ministros excedentes, dispongamos de un campo de maniobras lo suficientemente ancho como para escaquearnos y resguardarnos del impúdico desmantelamiento del Estado del Bienestar planificado al unísono por el F.M.I, el B.C.E. y los países con más peso en la U.E. ¡Nada de privatizar aquí y acullá o asfixiar a la Educación y la Sanidad pública a base de indiscriminados recortes presupuestarios y reducciones de plantilla! Aquí hacen falta muchos más políticos-metafísicos porque, a la postre, todas esas medidas de rehabilitación económica no redundan sino en beneficio de los más ricos y poderosos; degradan el espacio público y por ende acentúan las desigualdades sociales ¡Pan para hoy y hambre para mañana! Tomemos al toro por los cuernos y no nos aprovechemos de la renqueante coyuntura económica para darle el golpe de gracia al Estado del Bienestar.
En estos términos y para combatir la sangría del espacio público, el apósito más adecuado radica en la inmediata implantación de una red de escuelas de Metafísica en donde nuestros políticos adquirirán una formación en ciencia tan provechosa. Nada de escarabajos peloteros, diligentes cumplidores del F.M.I. y el B.C.E; trapaceros, farfulleros o prometedores de naderías. Leires Pajines, Sorayas Santamarías, Pepitos Blancos y cía. Hacen falta auténticos políticos-metafísicos si queremos emanciparnos de la égida de los mercados y sus fuleros especuladores. Sin esta renovada gama de hombres y mujeres, encargados de la función pública del Estado, todo intento de reanimación económica estará abocado a poner en marcha las medidas de constricción pública y ahorro dictaminadas desde los máximos organismos económicos de Europa. Y antes de pasar por el angosto aro neoliberal, aboguemos en favor de una trasformación substancial del político al uso, en político-metafísico.
Gracias a esta modificación cualitativa de nuestros representantes políticos, mataremos dos pájaros de un mismo tiro: en primer lugar acabaremos con las inevitables prebendas y favoritismos de una carrera política forjada stricto sensu en correspondencia recíproca a la exclusiva pertenencia y dedicación al Partido: el Partido te lo da, el Partido te lo quita. El Partido asemeja a una lanzadera de políticos carentes de la adecuada formación que los capacite para ponerse al frente de ministerios, carteras ministeriales o cargos de alta responsabilidad. En segundo lugar, el político-metafísico prescindirá inmediatamente de toda la parafernalia que acompaña a su función: portavoces, chófer personal, cocineros, guardaespaldas y hasta redactores de discursos. A guisa de la educación recibida durante sus años de aprendizaje en las Academias de Metafísica, el político-metafísico podrá desempeñar sin ningún problema tareas tan dispares. Como todo hijo de su madre, no tendrá reparos en embozarse el delantal o ponerse al volante del designado vehículo blindado cada vez que decida acudir a su despacho o el Parlamento. ¿Velar por su propia seguridad? Ya nos encargaremos de dispensarle un curso de defensa personal durante sus años de aprendizaje en las Academias de Metafísica.
Además de esta sustanciosa reducción del presupuesto público invertido en el sustento de las diversas carteras ministeriales y la manutención diaria de nuestros políticos, el nuevo modelo de político-metafísico nos brindará la inestimable oportunidad de finiquitar otros tantos asuntos o dilemas de no poca enjundia cuando adviene una crisis de estas dimensiones. Por ejemplo: desprenderse de los honorarios suplementarios vertidos a los traductores encargados de dar cabal cuenta de cada una de las sesiones políglotas en el Senado. Todo político-metafísico manejará el latín a la perfección y esta lengua se convertirá en el idioma oficial de las reuniones del Senado. Ni castellano, catalán, valenciano, vasco y gallego: latín, como a la vieja usanza. Así aparcaremos la confusión babilónica de tanta lengua romance embarullándose en el Senado. Pero no sólo el Latín y el Griego obligatorios. Al político-metafísico se le exigirá un dominio exquisito de las lenguas oficiales de la Unión Europea: Inglés, Francés, Alemán e Italiano. A lo sumo, lograremos maquillar la bochornosa imagen exhibida por algunos de nuestros duchos representantes políticos, cuando acuden a los encuentros de los máximos mandatarios europeos con el trujamán de turno bien pegadito a sus costados porque su conocimiento de ajenas lenguas se reduce al español asambleario ¡Todo sea por el ahorro y el bienestar general! Si la duquesa de Alba se desprende de sus manoletinas y todavía nos deleita bailándose unas sevillanas el día de su boda, ¡qué no se le podría exigir a un individuo o individua representando a todo un país! Lo dicho: menos tijeretazos y más políticos-metafísicos porque, como bien aducía el mentado catedrático, la Metafísica regina artium es el conocimiento del Todo y con políticos en posesión de tan preciado saber seguro que nunca más oiremos hablar ni de crisis ni de recortes ni de apretones de cinturón.

9 oct. 2011

¿Qué es hoy la política?

Desde que la política ha unido su destino al de los medios de comunicación sociales ha evolucionado en tres vertientes interesantes, pero inquietantes: el espectáculo, la representación y el consumo. La metáfora tradicional de la política como espectáculo es el circo:
¡Pasen, señores, pasen! ¡Pasen y vean! ¡Ante ustedes el mayor espectáculo del mundo! ¡Ante ustedes, damas y caballeros, ante vosotros, niños y niñas que pronto seréis votantes, se presenta el GCN!. Un circo renovado en el que contemplarán aterrados al jefe de la oposición bramando como fiera salvaje, sin domador que lo sujete ni jaula que lo contenga. Algo pavoroso, se lo aseguro, algo nunca visto, algo que les helará la sangre en las venas y sembrará de dudas y miedo sus corazones. Pero, a continuación, en un ejercicio de hipnotismo y retórica, el jefe del gobierno les hará olvidar todo lo que han visto y oído, les transmitirá optimismo y confianza en el futuro porque, señoras y señores, apreciados votantes, él, el gran prestidigitador, les hará comprender que el país va bien. También les hemos traído artistas desde las más remotas tierras autonómicas. Les presentaremos lanzadores de cuchillos, que raras veces fallan; magos e ilusionistas capaces de hacerles ver cosas increíbles como aserrar los cuerpos de sus compañeros por la mitad y luego recomponerlos como si nada, o casi nada; fieras, trapecistas, mentalistas, y un sinnúmero de payasos, que es lo que más abunda en este circo del humor, tal vez un poco negro, pero humor al fin y al cabo. Sonrían señoras y señores, sonrían que no les cuesta nada. Y por último me presento a mí mismo o a mí misma, que tampoco soy manco, ni manca, ni estoy aquí, aunque les cueste creerlo, por ninguna cuota, sino por méritos propios. ¿No me creen? Pasen, pasen y vean.
¿Por qué aceptamos la política espectáculo? Porque somos cotillas, porque nos gusta vivir en la vida de los demás, porque queremos apiadarnos y aterrorizarnos (como en la tragedia), deseamos vengarnos, riéndonos de los malos o de los que envidiamos oscuramente (como en la farsa), deseamos experimentar el deseo de justicia (como en el drama social). Porque nos gusta el teatro. Lo que nos lleva al segundo plano de la política: la representación.
Hace mucho, muchísimo tiempo nuestros políticos querían ser nuestros representantes, pero últimamente se han convencido de que su papel no consiste tanto representarnos como en representar para nosotros. Ahora todo gira en torno a la persuasión, la credibilidad, la puesta en escena, la retórica, en definitiva a los elementos que constituyen el teatro desde tiempo inmemorial, a las técnicas del noble arte dramático. Pero toda representación necesita un público. Un público crédulo que desee ser seducido. Sin estar dispuestos a suspender el juicio, aunque sea temporalmente, para entrar en el juego de la ficción es imposible la representación. Esos somos nosotros: espectadores ilusos y ávidos de ficción. Por eso la verdad, como en el cine o el teatro, no juega ningún papel. Las historias no tienen que ser verdaderas para ser buenas sino verosímiles y sugerentes. La apariencia y una trama bien construida son los ingredientes necesarios para mantener nuestra atención. Pero para que haya tensión dramática –elemento imprescindible en el mantenimiento de la trama- tiene que haber conflicto. De ello se encarga el bipartidismo, el eterno y siempre renovado juego entre gobierno y oposición. Hay más cosas pero este mecanismo es el básico para mantener interesados a los espectadores y para vender periódicos y otros productos que ofrecen los medios de comunicación. Se trata exactamente del mismo mecanismo que mantiene el interés por los equipos de fútbol rivales, con sus colores, su afición, su pasión y todo eso.
Finalmente la confluencia de intereses entre políticos y medios de comunicación convierte la política inevitablemente en un producto de consumo y a nosotros en consumidores. Consumidores más o menos informados, más o menos exigentes, pero consumidores al fin y al cabo. Y como tales también en presuntos implicados o culpables potenciales de lo que no sale bien. De los malos programas de TV no tienen ellos la culpa sino el share, o sea, nosotros; de la degradación del medio ambiente no tiene la culpa la industria sino nosotros que no consumimos responsablemente productos biodegradables, de la tragedia de las carreteras no tienen la culpa la industria automovilística, la falta de transportes públicos, los déficits de las carreteras, la legislación, etc., no, la culpa es de los conductores. Pagamos y consumimos productos inseguros –incluida la política mediática- en condiciones de inseguridad, y con el superávit se financia una publicidad que nos vende más de lo mismo y nos culpa a nosotros de las consecuencias indeseables. En ese sentido la política como producto de consumo es la más sutil y peligrosa de todas. Un instrumento más al servicio del capitalismo incontinente que nos esponja y nos empapa. A su lado, la política como espectáculo y como representación son inocentes juegos de niños.

16 ago. 2011

Valcárcel recuperado




La batalla de Valcárcel



Cuando el motor arrancó, la veraneante pensó que se habría quedado en casa leyendo muy a gusto. A aquellas alturas del mes de agosto, ella no pretendía ser nada más que eso, una veraneante, y para movilizaciones, acampadas, ocupaciones y demás géneros del ramo, la Puerta del Sol está a un cuarto de hora andando de la casa donde vive la mayor parte del año. Por eso intentó hacerse la remolona, pero los amigos que la habían invitado estaban tan ilusionados, y eran tan jóvenes, que al final acabó montándose en su coche con viento del Sureste y sin ninguna fe. Fue eso lo que ganó en aquel viaje, fe, y no un poco, no cierta, no alguna. A medianoche, cuando volvió a casa, a Rota, estaba borracha, repleta, felizmente intoxicada de fe. Porque había visto una de esas batallas que son en sí mismas, por el mero hecho de librarse, una victoria.
El colegio Valcárcel, monumento cumbre del neoclasicismo gaditano, fue erigido en 1760 como sede de la Academia de Bellas Artes. El palacio, demasiado grande para ese uso, fue pronto convertido en hospicio, nombre que se daba en el siglo XVIII a los manicomios, y conservó esa función hasta 1961, cuando recibió su actual nombre en honor del gobernador Rodríguez de Valcárcel para convertirse en centro educativo, primero un colegio, después, un instituto, cerrado definitivamente en 2003. Entonces, la Diputación lo vendió a un grupo empresarial que renunció más tarde al proyecto de restaurarlo para convertirlo en un hotel de lujo.
Hasta aquí, la descripción que puede leerse en cualquier guía turística. El grado de deterioro del monumento, muy superior al razonable en tan sólo ocho años de cierre, no se explica en ningún sitio, pero, si nadie hubiera hecho nada para remediarlo, podría haber acabado con un derrumbe en no demasiado tiempo. Eso ya no ocurrirá, porque el 18 de junio de 2011, un grupo autónomo vinculado al 15-M ocupó el edificio para recuperarlo como centro cultural del barrio de la Viña.
Y ya no fue sentarse en el suelo, mover las manos en el aire, hablar por un megáfono. La Asamblea de Valcárcel, admirablemente organizada, abordó en primer lugar la restauración del monumento. Un arquitecto voluntario lo recorrió de arriba abajo para determinar qué zonas eran utilizables y cuáles deberían precintarse por motivos de seguridad. En sólo dos meses, los activistas limpiaron, acondicionaron y desinfectaron un ala de la planta baja. Allí funcionan desde entonces una biblioteca y una ludoteca que están a disposición de los vecinos, además de una docena de aulas. Entre los activistas abundan los profesores de primaria y secundaria, que dedican varias horas a la semana a dar clases gratuitas de recuperación a los alumnos del barrio que han suspendido en junio. Pero como las buenas ideas se contagian, poco a poco se han ido acercando hasta allí otros voluntarios dispuestos a enseñar lo que saben. En el patio, una enorme pizarra expone la oferta educativa del centro, talleres que van desde la serigrafía hasta la danza, pasando por la radio, junto a las conferencias, conciertos y espectáculos, igualmente gratuitos, que tendrán lugar este verano en el espléndido patio central. En la azotea, los recuperadores han levantado un palomar que alberga a las aves que han deteriorado muros y molduras durante años, y están reparando las bajantes obturadas, responsables de los graves daños que presenta la capa asfáltica del tejado. El estado del edificio es tan primordial para ellos que han organizado un turno de vigilancia nocturna, destinado a protegerlo e impedir que ningún incontrolado acampe en él. Están orgullosos de lo que han hecho, y tienen tantos motivos que la veraneante se emociona al escucharlos. Tienen también la esperanza de consolidar Valcárcel como un centro cultural permanente, a pesar de las dificultades con las que tropiezan.
-Desde que hemos llegado -cuentan con una sonrisa-, a todo el mundo le interesa mucho este edificio. Lo estaban dejando caer a pedazos, ¿sabes?, los cristales de las ventanas estaban rotos; los marcos, arrancados; los desagües, cegados, y ahora... Ahora, la Diputación de Cádiz tiene la oportunidad de reconocer el trabajo que ella misma debería haber emprendido hace tiempo. Y si, una vez resuelto el litigio con aquel grupo hotelero que también acaba de acordarse de que una vez firmó un contrato que no considera completamente resuelto, no llega a un acuerdo con la Asamblea de Valcárcel, habrá privado al barrio de la Viña de un centro cultural, generador de oportunidades y de puestos de trabajo para los vecinos.
Mientras tanto, quien sienta la tentación de comprobar que los milagros existen, no tiene más que entrar por esa puerta. Y para quienes sigan opinando que el 15-M no es más que un movimiento de drogotas niños de papá que hacen botellón en las plazas, el colegio Valcárcel está en pleno centro de Cádiz, frente al balneario de la playa de La Caleta. Vayan a verlo. No tiene pérdida.


Almudena Grandes, El País.

13 ago. 2011

Luces y sombra en Moscú



Un añoso y destartalado autobús enfila la avenida Tverskaia. Se detiene a un lado de la calzada gambeteando, como bien puede, a través de los siempre abarrotados carriles de una ciudad congestionada por el tráfico insano e incesante de furibundos conductores. Todos ellos reclaman su reñida porción de asfalto a base de estridentes bocinazos y atrevidas maniobras. Los pasajeros de la ferruginosa tartana urbana descienden con la frente, cuellos y camisas bañadas en un pringoso y escurridizo sudor estival. Aprietan las quijadas y con un mohín de velada resignación sortean las trampas tendidas a lo largo de una avenida plagada de chamizos de construcción y empedrados a medio rehacer. Trampas que desbordan las frugales coordenadas de la avenida Tverskaia y se extienden por toda la ciudad en una enigmática telaraña hilvanada con tal de satisfacer el polémico e inefable mandato del nuevo alcalde, Sergei Sobienin, empeñado en volver a adoquinar nolens volens todas las aceras de Moscú. Pero el enigma se resuelve cuando los jirones de frases desprendidos de maledicientes habladurías, apostrofan que la señora esposa del alcalde dirige una empresa de adoquines, casualmente utilizados ahora para remodelar las gastadas aceras moscovitas. Al menos, esta vez, el escalpelo de la Autoridad revolverá las entrañas de Moscú en un afán casero de lustrar y embellecer las baldosas de una ciudad abriéndose paso, como orquídea primaveral, en su célere y mirífica conversión al capital. Dolorosa conversión traducida en la poliédrica y arrevesada disposición topográfica de los puestos y tenderetes, buhoneros y vendedores ambulantes prodigando el sacrosanto principio de todo liberalismo pionero: la transacción y la compraventa. Tras los mostradores de cartón y hojalata creciendo como champiñones en los subterráneos del metro de Moscú o en el exterior, entre recovecos de dudosa salubridad, refulgen mercaderías procedentes de los cuatro puntos cardinales. No obstante aquí prima el sentido práctico: todo es vendible si no se demuestra lo contrario. Pero si tal no fuera el caso no bastará sino saber negociar una suculenta y acertada suma de rublos.
Aunque el nuevo ruso novyi russki acoge el milagrero aterrizaje del ansiado capital titilando en sus pupilas en forma de una lluvia dorada de petrodólares, gas, automóviles de alta gama, mercaderías, importaciones y negocios facilones, la satisfacción contenida de algunos sectores de la población delata los innúmeros trampantojos y añagazas de tan vívida reconversión. La llegada de Vladímir Putin al poder hace once años y su “viraje hacia Occidente” recelan, según relata Lilia Shevtsova en Putin’s Russia, del doble rasero e hibridez del nuevo régimen instaurado por el antiguo agente del KGB. ¿Cómo adoptar la cutícula democrática y hacer fluir el codiciado maná capitalista sin perder nuestras señas de identidad ribeteadas de la acendrada ideología soviética? Una política de espejos y dobleces; raseros e intereses democráticos apalabrados de puertas para afuera, mientras de muros para adentro aún se recurre a un rígido paradigma de lealtades y obediencias grabadas con los imborrables caracteres totalitarios que perviven en el sesgo de gestos y mohines, de palabras y silencios. Aunque no todo acto de empatía en Rusia se reduce a la manida herencia soviética –como algunos sesudos intérpretes occidentales repiten sin cesar- no cabría tampoco pasar por alto y a vuelapluma eso que con afinada sutilidad Alain Besançon denomina l’âme idéologique en su imprescindible estudio sobre las raíces intelectuales del Leninismo a la hora de comprender la actual situación de Rusia en el tablero del mundo. Parafraseando a Besançon, Rusia mantendrá siempre vigentes los vestigios de la ideología bolchevique mientras perdure el pesado lastre legado por el fantasmal ocupante del Mausoleo de la Plaza Roja. Un ocupante, que tras la revolución documentaria de los años noventa advenida con el hundimiento de los regímenes comunistas del este de Europa recobra el color, la fragancia y los matices ensombrecidos a fuer de la tergiversación, la patraña y los escombros acumulados sobre su imagen y recavados, para bien de la Historia y el historiador, entre los custodiados archivos de Moscú. Como tal, Stéphane Courtois remite al odio y la paranoia de un Lenin obsesionado con la “limpieza y exterminio del elemento burgués y capitalista” o “la instauración a sangre y fuego del ideal bolchevique” todo ello recogido en la atroz proclama de “quien no trabaja no come” (Communisme et totalitarisme).
Con todo, los turistas se agolpan a la entrada del Mausoleo y le rinden la debida pleitesía en un silencio admirativo o una callada incomprensión. Tras la visita programada y una vez ahítos de la espera y la posterior catarsis, rehacen su andadura bordeando los hirsutos muros del Kremlin para sacarse la deseada instantánea abrazados a la vivaracha reproducción de un Lenin y un Stalin posando, serviciales y pizpiretos, en la plaza Manengna por tan sólo cien rublos la fotografía como bien reza un arrugado cartelito escrito en todas las lenguas del orbe. ¡Todo un chollo para el turista hastiado de tanta reverencia mortuoria al fantasmal cadáver del Mausoleo! Pero no todo en Rusia son fantasmas del pasado. El nuevo ruso contempla el presente y exhibe su fijación por las suculentas impostaciones traídas del lejano Occidente gracias al despegue sin alas de la Santa Rusia hacia el cielo estrellado del capital durante el indeleble e imperecedero reinado de Vladimir Putin. Y en Rusia no escatimarán en elogios y zalemas al ex agente del KGB por haberlos colocados tras la estela del tan preciado bergantín occidental. No lo olvidemos: las encuestas hablan por sí solas y muestran cómo las jóvenes moscovitas consideran a Vladimir Putin un modelo de hombre ideal, casi de ensueño, que se deshace del estrecho corsé del político al uso conocido en Occidente y cuando llega el verano cabalga por las llanuras de la república de Tuvá con el torso al descubierto, abate tigres en Siberia o descubre ánforas en el Mar Negro (El País 10-08-2011).
Icono y reclamo sexual de la Nueva Rusia y los nuevos rusos. Poder, Riqueza y Autoridad aúnan el explosivo cóctel resumiendo la creciente popularidad de un Primer Ministro que no ceja de robarle minutos de protagonismo cada noche en las noticias de la televisión estatal al presidente Dimitri Medvedev. Vladímir Putin, el Deseado, reaparece, casi a diario, reunido en su despacho junto a los ministros y representantes del poder secular. Comanda, ordena, promete y acude campechano y circunspecto a conferencias, combates de lucha libre, mesas redondas y eventos de toda guisa sin dejar de aconsejar y anotar en su agenda personal los reclamos de ciudadanos y paisanos. Todo marcha según los proyectados raíles: si el Destino no lo desmiente, Vladimir Putin presentará su candidatura a las próximas elecciones presidenciales. Ante todo calma, pero sin bajar la guardia ni un solo instante porque confiar la última carta al Destino podría jugarnos una mala pasada. Nunca se sabe a qué atenerse cuando uno se confronta con el turbulento Hado guiando los pasos de la Santa Rusia: ¿un nuevo estallido del hervidero checheno? ¿Incendios asolando la estepa? ¿Cruentos enfrentamientos en una reavivada guerra contra la vecina Georgia? ¿Hundimiento de un submarino nuclear? Este verano, al menos, parece que la tragedia no sobrevuela el territorio ruso. Además, las cosas parecen marchar viento en popa y no sobran motivos de satisfacción entre los moradores del Kremlin: a unos meses de julio y agosto relativamente suaves, se unen la agitada actualidad socio-económica de los antiguos territorios de la Federación de Estados Soviéticos: Bielorrusia y Ucrania. El primero hundiéndose cada vez en el lodazal de una crisis económica propugnada por el régimen voraz de Lukaschensko y la segunda sofocando los últimos rescoldos de la Revolución Naranja tras el encarcelamiento de Yulia Timoschenko a raíz de sus supuestas concesiones económicas al gobierno ruso y desfavorables a los intereses de Ucrania atinentes a los acuerdos consignados en 2009 entorno al suministro de gas. En el Kremlin se frotan las manos. La insubordinación al poder emanado desde Moscú se paga muy cara.
Quizás el turista, más preocupado en dar salida cuanto antes a los rublos acumulándose en su monedero, se deje llevar por las apariencias de pujante prosperidad diseminadas aquí y allá en los cartelitos y la avasalladora publicidad recubriendo, a semejanza de una purulenta escama, el decorado ficticio adornando el centro de Moscú y los alrededores del Kremlin. Pero tan solo bastaría alejarse unos metros de sus enhiestas murallas y perderse en el entramado de calles y callejuelas a medio asfaltar, para romper el velo de las ilusiones y percibir el deleznable abandono acrisolado en las fachadas, edificios, iglesias, parques y mobiliario público. Una llamarada enciende presta la mecha de la reflexión, ¿en qué se invierte el dinero público recaudado gracias a los impuestos de los moscovitas? Respuesta a todas luces evidente: en adoquinar la ciudad porque aquí como en todas partes adolecen las mismas carencias: no hay dinero suficiente para más. Pero aquí, como en todas partes también se rumorea de la torcida voluntad del político más preocupado en el propio interés que en el ajeno. Sin embargo, aquí el abismo entre Autoridad y Sociedad, se ensancha hasta encarnar una sensación de vulnerabilidad y desamparo frente a un Poder bien amurallado, sin parangón con la experiencia política de las pseudo-democracias occidentales. No es por ello menos cierto que las voces dispares criticando al Gobierno y sus adláteres se alzan y dejan oír en la Santa Rusia. Pero tan sólo reverberan hasta ese punto en el que la atonía no se convierta en incordio o malestar capaz de perturbar los sueños de los moradores del Kremlin. Tal vez esa vulnerabilidad y desamparo del ciudadano ruso, trasluzca en la anegada historia de sufrimientos, vasallaje y privaciones de esa llamada “excepcionalidad del alma eslava” que ya en el siglo XIX Konstantín Leóntiev asimilaba a la herencia bizantina y Dostoievski calificaba de excepcional. Ese mismo Dostoievski de mirada huidiza que ahora reposa, ceñudo y taciturno, en la entrada principal de la desangelada Biblioteca Estatal Rusa (antes Biblioteca Lenin), atisbando de soslayo uno de los ángulos de la muralla rodeando la ciudadela del Kremlin que sobresalen a espaldas de un edificio y tratando, en el silencio sopesado de la reflexión, de ahondar en las entrañas de la vieja-nueva Rusia que se perfila bajo su ojos.
La mirada se diluye en la apriscada penumbra de la incertidumbre, ¿cómo espulgar el trasfondo sustentando el armazón socio-político de la nueva Rusia sin caer en la tergiversación difuminada de la propia mirada occidental? ¿De qué forma desembrollar y tamizar la compleja y cambiante realidad de un país y una civilización ajenas tanto en lengua como historia y tradición sin recubrirlas con las categorías mentales acomodadas a lo ya conocido? Las cábalas se retuercen en un enmarañado dédalo de lianas invisibles, espejismos y callejones sin salida. ¿Cuál sería el calificativo adecuado para la nueva Rusia? Como afirmaba Winston Churchill, Rusia “es un misterio dentro de un enigma”.
El autobús desaparece dando bandazos entre la procelosa marea de automóviles y la letanía de un horizonte prístino y azulado en dónde al son de los cláxones se mezclan los sonidos de un altavoz situado en el terrado de un edificio coronado con un letrero de Coca Cola y una imagen de Naomi Campbell inquiriendo: ¿pero quién no vive todavía entre nosotros? a kto echtcho nie giviot v nashei dom?

11 ago. 2011

DE CRISIS, REFORMAS E HISTORIA

Hacía tiempo que había leído sobre el declive y desaparición del Imperio Romano y recordaba, sobre todo, los factores externos que lo propiciaron, como las invasiones de los pueblos germánicos y las dificultades para contener las fronteras. Es cierto que una de las claves fueron estas invasiones de los pueblos germánicos, de los que muchos habían sido contratados por Roma como mercenarios para sus ejércitos. Pero no era éste el único motivo...
Roma llevaba tiempo enfrentándose a cada vez más problemas, que juntos y con el tiempo llevaron a una gran CRISIS. Problemas internos, enfrentamientos por el poder, necesidad de un ejército de grandes dimensiones debido al gran territorio ocupado...Tal era la situación que llegó el momento de buscar soluciones, era el momento de las REFORMAS, tan presentes en nuestro días y que, en teoría, iban encaminadas a paliar la situación. Es aquí donde comienzan a aparecer los datos que me han parecido curiosos, dada su similitud con la actualidad en algunos aspectos.
De esta manera, comienzan a producirse algunos cambios "pero la cada vez más compleja máquina administrativa, en donde los altos cargos tenían como máximo objetivo asegurarse una posición sociojurídica distinguida, y el funcionariado en general no se libraba de toda suerte de corrupciones, acabarían por hacer infructuosas las reformas" (V. A. Álvarez Plenzuela, 2002).
Se llevaron a cabo reformas monatarias y financieras, se adoptaron medidas para regular los precios de los productos y los salarios de los tabajadores...La estratificación social también sufrió cambios. En la cúspide se encontraba el orden senatorial, con una renta en torno a las 5000 libras anuales. A él podían acceder gentes pertenecientes al estrato de los honestiores (decuriones, soldados, funcionarios, profesionales liberales). Por debajo se situaban los comerciantes y artesanos. El grupo de los poderosos cada vez se alejaba más al resto de la población, los humiliores, adscritos al oficio y con un salario en torno a 1/24 solidus por día.
Los grupos privilegiados lograron mantener su posición; las clases medias, pequeños propietarios y comerciantes, prácticamente, desparecieron como tales. En el medio rural, el número de pequeños y medianos propietarios fue disminuyendo progresivamente. Las causas fundamentales, junto a la de las continuas fragmentaciones por vía de herencia, fueron la excesiva presión fiscal y el endeudamiento progresivo. Su pésima situación los llevó a buscar protección a través del patronato.
Tales situaciones de dependencia no encajaban, sin duda, con el Derecho Romano, al reducir a la mínima expresión las libertades, que como ciudadanos del Imperio debían disfrutar los campesinos, y asimilarles a un estado de servidumbre.
Pero si el Estado romano tuvo claro el motivo para reducir a la nada las libertades del campesinado, también lo tuvo éste para mostrarse insolidario con el Imperio en los momentos de crisis, y llegar a portagonizar una serie de revueltas contra los grandes propietarios y, por supuesto, contra el Estado.
La más popular de estas revueltas fue el movimiento bagauda, del que Salviano de Marsella dice en su <<De Gubernatine Dei>>: "Pues, ¿cómo extrañarse de que algunos se hayan hecho bagaudas si no es por nuestras injusticias, por la falta de honradez de los jueces, por las confiscaciones y robos de esos hombres que han hecho de la recaudación de impuestos y de las indicciones tributarias un beneficio personal".

No digo que todo cuanto ocurrió se vaya a repetir otra vez pero es curioso encontrar este tipo reformas una y otra vez a lo largo de la historia en períodos de crisis. Reformas que en vez de resolver la situación la empeoran, ya que simpre perjudican a los sectores más afectados de la población que han de cargar con una crisis que los de arriba han creado. Algunas de estas crisis llevan a grandes movimientos, grandes cambios.., y en ocasiones han acabado con civilizaciones enteras.
Hoy en día atravesamos una de estas grandes crisis y, casualmente, las medidas son similares y encaminadas hacia el mismo lugar...Hoy, de nuevo, la HISTORIA se repite.


2 jul. 2011

Ecos Urbanos: Los que se aprovechan de la crisis

En esta edición de ecos urbanos nos centramos en la economía, la salida a bolsa de las cajas de ahorros convertidas en bancos después de haber recibido importantes ayudas públicas y a punto de recibir otras nuevas, la relación de las entidades financieras españolas con la fabricación de armas prohibidas por la legislación internacional y los recortes que se se han aplicado y se avecinan en el sur de europa. Para terminar repasamos las propuestas económicas de Acampada Sol.

28 jun. 2011

48 horas de huelga general en Grecia

Ecos Urbanos: ¡Antimilitar!

En el último Ecos Urbanos del mes de junio contamos con la presencia de compañer@s de los colectivos antimilitaristas Tortuga (Elx-Alacant) y Mambrú (Zaragoza). Con ell@s hablamos, entre otras cosas, de su historia, actividades y acciones, especialmente de la campaña de objección fiscal al gasto militar. ¡Salud!

20 jun. 2011

Ecos Urbanos: El pacto del Euro

Esta semana repasamos los desmanes fiscales de la familia Botín, el rescate/atraco que desde la Unión Europea se está ultimando contra Grecia y explicamos, siguiendo al economista Juan Torres López, cuales son los pilares del Pacto de Euro contra el que miles de ciudadanos es manifiestaron el domingo 19 en toda España.

16 jun. 2011

Policías infiltrados

Este video está sufriendo intentos de censura, si tienes un canal de youtube cópialo, súbelo y enlázalo:

8 jun. 2011

Un gran intelectual europeo (ad memoriam Jorge Semprún)




En mayo de 1962, a mi paso por Madrid, enviado por el semanario France Observateur, para cubrir de forma anónima la oleada de huelgas que sacudía España, a partir del movimiento de protestas de los mineros de Asturias, uno de mis contactos con los organizadores de aquellos, el novelista Armando López Salinas, me llevó a una terraza de la Castellana en la que, como evoqué más tarde, nos esperaba Federico Sánchez, perfectamente adaptado a su papel de burgués desenfadado y ocioso: su increíble aplomo, en unos momentos en que era el hombre más buscado por todas las policías de España, me impresionó en la medida en que se ajustaba cabalmente a su leyenda de invisible y burlón pimpinela escarlata.
Había conocido a Jorge Semprún meses atrás, en las reuniones de Orientación Cultural Marxista, celebradas en el domicilio parisiense del escultor Baltasar Lobo, a las que asistí más de una vez en calidad de "compañero de viaje" del PCE clandestino. Aunque por aquellas fechas nadie me había informado de la verdadera identidad del misterioso Federico Sánchez, no tardé en atar cabos y adivinarla. A diferencia de sus camaradas de militancia, cuya estricta formación política e ideológica les convertía en meros portavoces de la anquilosada doctrina oficial, Semprún, como su colega en la dirección del partido Fernando Claudín, mostraban un gran interés por los temas literarios y artísticos y, cuando a instancias suya pasé a formar parte del comité de redacción de Realidad, la revista cultural del PCE, integrada por ellos, Francesc Vicens, Juan Gómez, Jesús Izcaray, el pintor Pepe Ortega y otros cuyo nombre no recuerdo, nuestras afinidades personales y políticas se afianzaron y convirtieron en una verdadera y durable amistad.
En 1963 Jorge y su esposa Colette, junto al matrimonio Claudín, devinieron comensales asiduos de las cenas organizadas por Monique Lange en el faubourg Poissonnière. Fue así, como bajo la traza del militante y del Robin Hood urbano, descubrimos que se ocultaba un gran escritor. Monique le convenció para que le pasara el manuscrito de El largo viaje, y su lectura nos impresionó. La experiencia condensada en el libro de su incorporación juvenil a la Resistencia Antinazi, y su detención y siguiente deportación a Buchenwad, es el mejor testimonio de un autor español -aunque escrito en francés- de la barbarie hitleriana, y fue recompensado meses después con el premio Formentor, por su denuncia de aquella y su excepcional calidad literaria.
No voy a referir aún las vicisitudes de su oposición y la de Fernando Claudín a la línea oficial del partido, descritas ya en Autobiografía de Federico Sánchez, (1977). Evocaré tan solo una anécdota reveladora del sectarismo y arbitrariedad de la difunta Unión Soviética, en cuanto que le concierne. Según me contó en 1965, uno de los niños de la guerra, durante mi viaje a la URSS, invitado por la Unión de Escritores, tenía a cargo la preparación de una antología de literatura española, para una editorial soviética, y un cuadro del partido le ordenó que incluyeran en ellas unas páginas del recién editado libro de Jorge. Meses después, el mismo cuadro se presentó en la redacción de la editorial para exigir que la suprimieran, sin dar explicación alguna de tan sorprendente cambio. Aquello me demostró que el mecanismo de demonización del disidente, funcionaba en la URSS de idéntica forma a la de la España de Franco.
La creación literaria de Jorge Semprún, elaborada a partir de su cuádruple experiencia de exiliado republicano español, resistente francés, deportado a los campos nazis y conocedor de los entresijos de un PCE no espurgado todavía de las escorias del estalinismo, se enriqueció posteriormente con novelas de la envergadura de El desvanecimiento y La segunda muerte de Ramón Mercader, hasta alcanzar con Aquel domingo, esa dimensión histórica, ética y cultural, que la convierte en una obra de referencia en el ámbito de la mejor novela europea. Frente al provincianismo imperante no solo en España sino en otros países del viejo continente -este petit contest del que habla Milan Kundera-, Semprún encarna como pocos una mezcla fecunda de experiencias ajenas a todo credo nacional o ideológico, y que funda en ella su propia ejemplaridad. La reflexión política recogida en la pasada década en El hombre europeo y Pensar Europa, corona su labor de persona y escritor a todas, como pedía Manuel Azaña, testigo sereno de los horrores y grandezas de la época convulsa en la que vivió.
Mi estima y amistad por él abarcan un lapso de casi medio siglo. Ninguna fundación estatal, provincial ni autonómica podrá adueñarse del legado de Jorge: lo que pervive en el ánimo del lector, ligero e inasible como el aire o la nube, no se deja atrapar.




Juan Goytisolo

3 jun. 2011

L'Italia non è un bordello





El tren que parte del aeropuerto de Pisa en dirección a Florencia, se detiene en la concurrida estación de Santa Maria Novella. A nuestra llegada, una llamativa pancarta exhibida por un animado corrillo de individuos haciendo resonar sus trastos de cocina, nos da la bienvenida. En el lienzo puede leerse L'Italia non è un bordello. Esta viñeta corresponde al pasado 5 de abril de 2011 durante mi última estancia en Florencia. El grupo de individuos congregados en la estación de Santa Maria Novella - ligados al movimiento ciudadano L'Italia non è un bordello- protestaban contra la admisión en el Parlamento italiano de un nuevo decreto de ley urdido por el Gobierno Berlusconi con la intención de arrancar el caso Ruby de manos de la fiscalía de Milán. Una escaramuza política de altos vuelos que como bien señala Michele Ainis es una ley inoportuna en cuanto se convierte en la trigésimo-octava ley “ad personam” de la era Berlusconi (L’Espresso 12 de mayo 2011). A esta maquiavélica disposición del Gobierno Berlusconi, en su recusado debilitamiento de la justicia italiana, se añade la deplorable confesión realizada al presidente estadounidense Barack Obama durante la pasada cumbre del G8 en Deauville (Francia), según la cual Italia está al borde de una dictadura perpetrada por los jueces de izquierda. Ante el gesto impasible del norteamericano, poco acostumbrado a tan efusivos parlamentos en un encuentro entre los mandatarios de los ocho países más ricos del mundo y donde el terror rojo del macarthismo no es sino agua pasada y harina de otro costal, el siempre imprevisible Berlusconi le glosa, echando mano de su cariacontecido trujamán, una de las cuitas que lo trae de cabeza durante los últimos meses: la dictadura del poder judicial vinculado a la izquierda italiana. En un lampo de senilidad que apenas sobrepasaría los veinte segundos, la Italia del primer ministro Berlusconi ejecutaba una desconcertante cabriola hacia un lejano pasado en el que el universo mundo se debatía entre dos cosmovisiones del hombre y la sociedad enfrentadas entre sí: el capitalismo y el comunismo.


Pero este arrebatado lapsus histórico concitado por el pavor ante el casi seguro advenimiento de una “dictadura de la judicatura de izquierdas” que tratará por todos los medios de dilapidar la carrera política del premier italiano y zapar, al mismo tiempo, los fundamentos democráticos de Italia, también lo escuchamos algunos meses atrás – por alguna inefable coincidencia cósmica- en boca de una amiga muy cercana a Berlusconi, la rusa Raisa Skorikina es una persecución de los comunistas contra Silvio – apostrofaba ésta. No es de extrañar que tan alarmante amenaza ponga el santo en el cielo de los más allegados camaradas de Berlusconi que dependen directa o indirectamente de su beneficiosa amistad. Un embrollado círculo de amistades rodeando al carismático premier italiano a sabiendas de su facultad para irradiar un bruñido resplandor dorado que les abrirá no sólo las puertas del Paraíso sino también la de los más granados palazzi milaneses. Todos cuantos hayan sucumbido al halo purificador del primer ministro recibirán su merecida recompensa en forma de suculentas sinecuras, inesperadas nombradías, jugosas prebendas o sugerentes propuestas empresariales rayanas con la delgada línea que las separa de la ilegalidad.


Mas una gran minoría silenciosa en Italia no goza de esa misma fortuna porque la inagotable fuente luminosa de Berlusconi carece de la fuerza suficiente como para teñirlo todo de su color preferido: el dorado. Por ello, a esa parte de la ciudadanía que aún no ha sido abducida por el chisporroteante dorado berlusconiano, se le atragantan las declaraciones realizadas al Presidente Norteamericano. Incluso, este penúltimo desmán del premier ministro no ha sentado nada bien entre las filas de la Liga del Norte principal apoyo del Gobierno Berlusconi en su lucha desaforada contra la Izquierda Italiana. Una Izquierda, recordemos, que se ha alzado victoriosa tras las últimas elecciones regionales, arrebatando al partido de Berlusconi importantes feudos tradicionalmente en poder de la Derecha – tal ha sido el caso de Milán- y poniéndolo contra las cuerdas en aras de las próximas elecciones nacionales. Algunos analíticos italianos ya vaticinan la derrota electoral de Berlusconi, aunque cabría andar con mucho tiento a la hora de especular sobre el futuro del Cavalieri, habida cuenta de su dilatada carrera como estratega político y su control casi absoluto de los resortes y medios de comunicación italianos. Quizás desde una Izquierda que no ha gozado de muy buena prensa durante los últimos quince años – recordemos el fugaz gobierno de Romano Prodi- saben del excelso manual de artimañas empleadas por Berlusconi para resurgir, cual ave fénix, sobre el proscenio político una vez que todos le dan por muerto. Es por ello, que Il Cavalieri no se olvidaría de remachar a Obama tras su ramalazo confesional que había sufrido 31 procesos y había sido absuelto en cada uno de ellos.


Un hueso muy duro de roer y más ahora que se muestra empeñado en impulsar una reforma de la Justicia. Embreñado en este nuevo frente abierto desde la eclosión del escándalo Ruby y el lirondo bunga-bunga, el primer ministro italiano está decidido a poner en marcha toda una serie de medidas legislativas que le permitan salvar a Italia de la “casi dictadura de los jueces de izquierda” ¡No es esa labor de poca monta! El celo inigualable del septuagenario premier italiano ungido para liberar a Italia de la temida confabulación judicial parece venirle asimismo como anillo al dedo para guardarse las espaldas si, dado el caso, se viese obligado a abandonar su cargo de primer ministro italiano y por tanto pudiera volver a ser imputado de las decenas de causas judiciales pendientes, que no han podido entretanto ejecutarse debido a la inmunidad política de la que goza como primer ministro. Seguro que Berlusconi ya habrá tanteado el terreno al considerar que una vez dejase las riendas del Gobierno se las vería con la Justicia italiana. Para evitarlo lo más adecuado sería emprender una reforma de la Justicia con el pretexto de una fantasmagórica “dictadura de los jueces de izquierda”.


Esta vez, a Berlusconi, le ha salido el tiro por la culata y su maniobra en el G8 ante el presidente norteamericano Barack Obama ha elevado una gran oleada de críticas procedentes de todos los sectores de la sociedad italiana, en especial, el “Sindicato de los Jueces”, cuyo portavoz, Luca Palamara apuntaba que es muy grave que esto haya sucedido en el extranjero y que una institución fundamental sea denigrada delante de un importante jefe del estado (Corriere della sera 27-05-2011) ¿Quién no suscribiría la opinión de Luca Palamara? Uno de los principios fundamentales del Estado Democrático de Derecho reside en la separación de poderes. Cuando uno de estos poderes, como el poder judicial, se pone en entredicho, estamos ante un ataque frontal a la propia idea de Estado de Derecho así como ante una mengua de la balanza de poderes que mantiene en equilibrio el sistema democrático. Semejante desequilibrio en la balanza de poderes podría degenerar en una dictadura encubierta llevada a cabo por un poder legislativo, libre de los impedimentos y sujeciones judiciales necesarias para evitar cualquier tipo de abusos.


España, por su parte, conoce muy bien este asunto relativo a la debilitación del poder judicial a tenor de la pasada inhabilitación del juez Baltasar Garzón acusado de prevaricación gracias a la iniciativa del sindicato Manos Limpias – cuyo máximo dirigente aparece históricamente vinculado a la ultraderecha- y en virtud de una querella de Falange Española y de la J.O.N.S, ésta última apartada del proceso por razones formales. A todas luces la decisión de apartar al señor Garzón de sus funciones judiciales debido a sus incursiones en el espinoso tema de la regeneración de la memoria histórica de las víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo, es tan discutible como sorprendente. Más aún si tenemos en cuenta que las disquisiciones jurídicas del señor Garzón se basaban particularmente en la consideración de que las desapariciones forzadas y los asesinatos masivos constituyen un crimen de lesa humanidad – según avala la doctrina penal emanada de las leyes de Nüremberg- el cual no se encuentra tipificado en nuestra furtiva ley de Amnistía aprobada en 1977. Una ley que en su primer artículo reza lo siguiente: Quedan amnistiados: a) Todos los actos de intencionalidad política, cualesquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizadas con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis (B.O.E. 17 octubre 1977 p. 227) ¡Bendita Transición que tan cara la vendimos! De un plumazo se barre todo nuestro pasado. Aquello acaecido con anterioridad al quince de diciembre de 1976 se quedará en una tierra de nadie y fuera del alcance de la ley. Pero dejemos, este turbio asunto para otro momento y volvamos de nuevo a la Italia del poeta Dante que con muchos siglos de antelación quizás ya entrevió, en un arrobo de visionario místico, el oscuro avenir de su querida patria en manos de algún Berlusconi anticipado:


Ahí serva Italia, di dolore ostello,


nave senza nocchiere in gran tempesta,


non donna di provincie, ma bordello!


(Purgatorio, VI)



Sea bordello o casino, Italia contiende contra el canto pronosticado de Dante y vuelve a ver la luz al fondo del pasillo después de demasiados años de indecoroso Berlusconismo. Tras la debacle del premier italiano en las elecciones regionales, no quedará sino atender que las urnas ratifiquen los nuevos vientos alisios oreando el paisaje político italiano y pidiendo a gritos la transformación de su anquilosado sistema pseudo-democrático horneado a imagen y semejanza de un habilidoso demiurgo como Silvio Berlusconi.

27 may. 2011

Democracia Real Ya: una noche en Bastille

A medida que avanzan las horas, aumenta paulatinamente el número de congregados a los pies de la escalinata lateral de la Opera Bastille. Fijados a los muros, farolas y semáforos, despuntan toda clase de velados mensajes protestando en favor de una inmediata regeneración democrática de nuestras sociedades e invitando a los interesados a tomar parte en la reunión clandestina; eso sí, rogando a los asistentes de no aportar alcohol ni consumir ningún tipo de sustancias prohibidas durante las asambleas. Los allí reunidos, se arremolinan en torno a los portavoces de la Asamblea callejera que, con el megáfono en mano, exponen punto por punto, primero en español y posteriormente en francés, cada uno de los argumentos tocantes a los reclamos, dirección y continuidad de un movimiento que aúna por igual el descontento de una buena parte de la sociedad española, y la suspicacia de algunos santurrones de las alta esferas de la política. Se trata, como no se cansan de repetirnos desde los organismos de Democracia Real Ya, de un movimiento totalmente a-político y a-partidista. Siendo esto así, quizás, la gran vitalidad y lozanía de esta inesperada conflagración popular resida en la construcción de un espacio social encaminado exclusivamente a promover un diálogo democrático carente de cualesquiera connotaciones políticas. Una propuesta desvinculada de todo partidismo político y decidida a entablar un diálogo con una ciudadanía que, por ende, debería recobrar la palabra birlada – como consecuencia de la lenta labor de zapa y debilitamiento de la democracia parlamentaria- en aquellos espacios sociales habilitados para tales efectos.

A través de los debates y las propuestas que prenden a diario en las plazas y rincones más inverosímiles del mundo, la figura del ciudadano renace como tal en aquellos espacios para el diálogo, alejados del bipartidismo facilón y la mal nombrada libertad de decisión-expresión democrática. En España, por ejemplo, una buena parte de la población hastiada y desencantada con el doloso tejemaneje de los dos grandes partidos hegemónicos que acaparan la escena política, no ven, en esta coyuntura, sino un perpetuo toma y daca conducente a la misma, aciaga y dolorosa realidad consumada con la bochornosa sumisión -sin condiciones ni paliativos- de la democracia al credo neoliberal enarbolado por los todopoderosos mecenas de la economía mundial. La falta de recambios democráticos exhibida en la lucha sin cuartel por hacerse con las riendas del gobierno que mantienen los dos grandes partidos españoles, - pasándose la patata caliente de unos a otros, sin abordar los problemas verdaderamente candentes que asaetean a la población- ha llevado a este colectivo a convertirse en la voz y el escaño simbólico desde donde los ciudadanos puedan hacernos llegar su palpable indignación. Ante esta enrevesada coyuntura socio-política los implicados en las recientes movilizaciones sociales se desmarcan visiblemente de todo discurso político dominante y se declaran partidarios de remozar en primer lugar un espacio común especialmente orientado hacia la creación y fomento de un diálogo democrático que implique la participación activa de la ciudadanía en la elaboración de una sociedad y un futuro mejor para todos. Despojados desde hace mucho tiempo del derecho a decidir sobre su propio avenir, – marcado de antemano por los designios inefables del Sacro Santo Mercado- Democracia Real Ya se propone atildar el moribundo modelo democrático, desembozándolo de sus desgastados harapos para volver a engalanarlo con sus auténticas y lustrosas borlas, lentejuelas y oropeles. Por todo ello, el movimiento de renovación democrática ha tomado las plazas como símbolo de sus reivindicaciones. Plazas, donde no cabe olvidar, florecería por primera vez en la historia de la humanidad una concepción de la democracia plasmada en la mente de aquellos ingeniosos atenienses acudiendo diariamente al ágora para tratar los asuntos de la ciudad-estado.

Durante la reunión, uno de los portavoces hace mención a la necesidad de extender el movimiento a otros países europeos y allende las fronteras naturales de la Puerta del Sol. La internacionalización de la protesta conseguiría asentarla, robustecerla y al mismo tiempo revestirla de un sesgo mucho más amplio del que hasta ahora han gozado todos los movimientos de contestación popular reclamando una transformación del modelo socio-económico hegemónico e imperante. La propagación de la protesta a escala mundial – o tan sólo europea- tendería, pues, un puente entre las diferentes nacionalidades que, por encima de cualquier especificidad cultural, comparten un mismo sentimiento de impotencia frente a la imposición unilateral de una austeridad económica requerida, - desde los gobiernos amancebados de sus respectivos países- para la implantación definitiva y la marcha indeleble del despiadado credo neoliberal. Austeridad, esfuerzo, implicación y apretones de cinturón, se han convertido en una abracadabresca y recurrente fórmula mágica en boca de nuestros gobernantes para hacernos salir de la crisis. Todos ellos casualmente empeñados en revertir una crisis provocada por los desmanes de la cohorte financiera a base de recortes y tijeretazos sociales.

Con todo, uno de los principales escollos de cualquier irrupción social reside en la perduración de su actividad. Por ello, se estimaba que las pasadas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, - que han teñido España de un gris-azulón- marcarían un punto de inflexión de cara a la continuación de la protesta. De momento, la protesta parece haber encarado favorablemente este primer obstáculo, aunque, eso sí, sin barruntar que la más seria y peligrosa amenaza del movimiento se ubica en la menor o mayor rapidez con la que los implicados se muestren suficientemente capacitados para canalizar este flagrante estallido de indagación popular. Si Democracia Real Ya no se mostrase en condiciones de trasvasar la voluntad de todos los implicados en esta nueva contienda democrática, podría verse desgraciadamente abocada a un progresivo deterioro - como ya sufriría el movimiento ATTAC en Francia- que acabaría relegándola al olvido y la desaparición. De la misma forma que surge un estallido social, está asimismo sometido a las veleidades del Destino. En este sentido, se hace palpable la necesidad de apuntalar los pilares básicos de la protesta social. Y esto pasa ineluctablemente por ofrecer la posibilidad de cristalizar el descontento de todos aquellos que se sientan alentados a continuar adelante con la presente protesta, a través de una plataforma – sea cual sea su carácter jurídico- revestida con las suficientes competencias como para llevar en volandas su reflexión democrática hasta los órganos de las instituciones estatales. Sin la adecuada formalización de las pretensiones democráticas vertidas gracias a la irrupción de la protesta en el anodino panorama social, no sería ni mucho menos improbable pasar de la entusiasmada eclosión inicial a un continuado proceso de desgaste que iría haciendo mella en la inquebrantable voluntad del movimiento, al advertir que las acampadas urbanas, tarde o temprano, se verán obligadas a desalojar las plazas y todo el esfuerzo realizado se esfumará con la primera ráfaga de aire. Una cosa está bien clara: existe un importante sector de la sociedad francamente descontento con este inoperante statut quo que padecemos desde hace muchos años. Una situación reverberada en las innúmeras refriegas y rifirrafes de nuestro políticos titiriteros guiados por esa misma mano invisible referida por Adam Smith que no desemboca en ningún tipo de cambio sustancial o reforma de calado nacional.

Transcurren las horas en las escalinatas de la Opera Bastille y los asamblearios elevan los brazos con la intención de corroborar alguna propuesta lanzada apenas unos minutos o bien, pedir un turno de palabra para expresar sus ideas y opiniones. La discusión reglada, contrasta con el oscilante va-et-vient, el ajetreo y el bullebulle procedente de la turbamulta desperdigada en los aledaños del teatro instalado en un animado quartier parisiense. Ajenos a los sincopados martilleos exhalando de aquellos locales de chisporroteante vanidad, el interlocutor desbroza algunas propuestas publicadas en la página Web de Democracia Real Ya. Los argumentos abarcan toda una serie de medias legislativas entre las que se cuentan: la supresión de la ley Sinde, la aplicación de la tasa Tobin sobre el flujo de capitales internacionales, la modificación de la actual ley de desahucios y la abolición de los privilegios políticos. Además, continúa, se invita a todos los asistentes a comprometerse en una reflexión conjunta de donde surjan nuevas ideas y propuestas dirigidas a remozar el exiguo modelo democrático. Mientras tanto, uno de los presentes reparte algunos panfletos con los puntos tratados hasta el momento por el movimiento de protesta social, al tiempo que muestra una bolsa de plástico repleta con los números de teléfonos de diferente abogados para todos aquellos que decidieran pasar la noche allí mismo y sufrieran algún encontronazo con la fuerzas del orden público.

Desencantados del brumoso panorama socio-político trazado a sangre y fuego durante el aciago decenio del nuevo milenio, estos repentinos soñadores que se dan cita cada día en las plazas de muchas ciudades europeas aún mantienen viva la esperanza de enderezar el rumbo de una democracia periclitada. No saben cuando ni como; tan sólo cuentan con el aliento de millares de voces dispuestas a guerrear por un futuro mejor y no dar su brazo a torcer ante las adversidades que presenta semejante aventura. Sin embargo, la noche no da para más. Antes de la clausura oficial de la asamblea – y tratando de no perder el último metro de la madrugada- una gran parte de los asistentes echa mano de sus efectos personales y se marcha, quizás con la impresión, de que las naos de la historia han vuelto a izar sus velas para arrumbar el pasado y afrontar con más ilusión que nunca su procelosa singladura hacia el incierto futuro.

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