14 jul. 2008

SON LAS COSAS DE LA VIDA

Todo el mundo busca eso que llamamos felicidad. Unos dicen que su búsqueda ha sido fructífera mientras que otros, por el contrario, se pasan la vida maldiciendo su suerte, seguros de que la felicidad debe estar en un lugar muy lejano y que jamás se harán con ella.

Hay quién cree que la búsqueda de la felicidad es un absurdo y que lo importante es el goce. ¿Dónde está la felicidad sino en los placeres mundanos?. Por el contrario hay otros que aseveran que el goce tan solo nos aleja de la felicidad. Estos últimos dan por buena la ecuación: Dios=felicidad. Cuanto más goce terrenal más lejos te encontrarás de Dios y aunque tú no te des cuenta más infeliz serás. Teorías no faltan, están esos que cada vez que te los encuentres te dirán que la felicidad es algo bien sencillo: mujer, hijos, casa, coche, trabajo. En principio pinta muy mal, pero la verdad es que muchos repiten la fórmula. Los primeros (Dios=felicidad) y los segundos (Felicidad=casa, coche, trabajo, mujer, hijos) pueden llegar a fusionarse y de esa mixtura crecen árboles del tipo Opus Dei, 'Kikos' y cosas así. Lo que tengo claro es que a mí sus fórmulas no me valen, no aguantaría ni un día sus gilipolleces.

Los que eligen el goce de una forma radical terminan por ser esclavos de este. Alcohol, heroína, sexo, lentejas con chorizo, cocido madrileño, melón con jamón, farlopa, o cualquier otro tipo de droga puede terminar por convertirse en obsesión. A mí me pasa sobre todo con las lentejas con chorizo. Es que no puedo vivir sin ellas. Antes era feliz después de comerme un buen plato de lentejas con chorizo y ahora es apenas una necesidad que muy ocasionalmente (cuando están buenas de verdad) me produce el goce buscado. Y ni siquiera cuando el plato roza lo sublime consigo aparcar mis dudas sobre lo que es la verdadera felicidad.

En la juventud uno se encuentra cómodo porque sabe que tiene tiempo para encontrar la piedra filosofal, aunque en ese momento no haya logrado hacerse con ella. Después, poco a poco, va ocurriendo que vemos siempre la felicidad en lo que pasó (mis primeros platos de lentejas con chorizo, que tiempos aquellos). Fueron los buenos tiempos, aquellos días si que eramos ...

Luego uno se va quedando anonadado porque se da cuenta que está en el mismo sitio que antes. Completamente ignorante de lo que debe hacer para lograr el fin último del ser humano (sí, claro, la felicidad). Lo peor viene cunado te das cuenta de que otros que una vez estuvieron sentados en el pupitre de al lado ya non están en el mismo sitio que tú y, sin total convicción pero con decisión, dan pasos hacia delante (o hacia atrás que todo es opinable). Cada vez se sustituye más la palabra felicidad por la de tranquilidad, o estabilidad, o vete tú a saber qué. ¿Nos estaremos haciendo mayores?. Espero que no.

Que por qué escribo esto. A mi no me preguntéis. Sólo espero no haberos ayudado en nada.

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