24 feb. 2009

Artículo: Forges, EL PAÍS, 2/5/2006



"La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas.
Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le
ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas
por ella. Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de
alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa
modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo
cercano a Barcelona. A los pocos meses mi padre y mi madre
compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia
y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y
pagado una vivienda de 120 m2.
Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde
viven, un piso modesto de 75m2 a las afueras no se encuentra
por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.
En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades
de un peón de obra
38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000 pts
El sueldo en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería
informática sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas
mensuales.
En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14
anualidades!!!) de un ingeniero informático.
200.000 pts/mes x 175 meses = 35.000.000 pts
Las jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas
mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros
padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.
2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de pts
Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas
para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones
con nuestros padres en 1979
200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 pts
No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo
que mi padre consideró arriesgado en 1979.
Está claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche
a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3 millones.
También está claro que no voy a cobrar 2,5 millones de pesetas
mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos
estudios que tenga. Lo primero que se le ocurre a uno es seguir
viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100% del sueldo
durante los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré
ya los 40 años de edad) tendré el dinero suficiente para
comprar una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto,
no al coste del año 2020. Evidentemente esta ocurrencia la
desecha uno antes de hacer cualquier cálculo.
Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar
2, 4 o 6 millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de
hoy nunca podrá evitar lo siguiente:
1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues
ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45
años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando
estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta
de que no vives en una democracia sino en una dictadura.
El dictador no se llama Francisco Franco o Fidel Castro sino La
Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, "la banca". Ni
siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por
ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas
pagar al dictador.
2) La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este
caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo
el arrendador. La situación no es distinta a 1).
Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un
joven que su problema es que no ahorra , eso fue válido
para ti en 1979, incluso era valido para algunos jóvenes
en 1999, pero no en 2006, en 2006 sólo
consigues cargar con más impotencia, si cabe, al muchacho.
El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable,
no era estéril (podían obtener una vivienda de propiedad
en un período de 5 años). El mismo esfuerzo realizado por
nosotros, los hijos, sólo llega para quizá reducir en 5 años
una hipoteca de medio siglo. La vivienda nunca fue un
objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de
lo poco material que sí necesitamos. La ley del libre
mercado puede establecer el precio de los televisores
de plasma al precio que quiera... yo no los compraré...
pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley
fijara el precio de la vivienda, porque todos necesitamos
vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jóvenes,
incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no
podemos competir".



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