19 jun. 2012

El monte Olimpo.


¡Aleluya, somos los primeros del grupo en desilusionarnos! Nerea sentía en el cuerpo ganas de tripudiar pero el resto del grupo se había dado tal festín de gloria que debían acordar como orientar las regiones cervicales a un estado de acomodaticia vigilia sin tener que tremolar en la alegría de Nerea, puesto que ello tiene riesgo de ahogo.
¡Chicos! Cada vez que os fatigáis se os ahueca la nuez y luego pasa el Sereno de Murcia y os deja una tarjetica en el rellano de la escalera. Así es querida Nerea -respondió Juan con poco convencimiento- vivimos en el reino de las apariencias, muros de hormigón ves ante ti, pero poca ferralla los sustenta. Si Robert Boyle murió de aburrimiento fue porque descubrió que cuanto más disminuye la distancia entre las partículas antes mutan su estado espacial y de ese modo llegó un momento en el que se convenció de la casualidad de la literatura, se podrá soportar la ley de la gravedad porque tenemos músculos pero la furtiva presión de los conceptos acaba por oxidar. Quiero decir que cuando uno llega a ser escribano su escrito es exacto porque es un mundo inexistente.
¡Ay! Si vosotros supierais lo que es el entusiasmo por la vida. En el Reino de Navarra pese a la angostura de sus fronteras, se podían divisar los más lejanos horizontes, de tal modo que existían vecinos que al subir a sus montes se veían tan pequeñitos que no se reconocían los unos a los otros ni en la voz. Sí, es lo que pasa en las naciones compuestas por montes y valles -dijo Ginés-.
Pues yo se de un hombre conocido como Matías que sin ninguna pereza trabajaba picando piedra para construir la carretera que subía a la Higa de Monreal y después esculpía la madera con la que se fabricaban las ruedas de bicicleta de la época. ¿Subir qué? -preguntó Juan- Pues subir tal desnivel, la Higa de Monreal se encuentra al sureste de Iruña y en magnitud supera al recién asfaltado Angliru. Martín fue el artífice ciclista en hacer cima sin la ayuda de las máquinas. En semana, además de trabajar para comprarse las lentes que rompía cada vez que la madera perdía su energía por la fuerza del choque contra la piedra, sus brazos trazaban la senda por la que sus piernas feriaban su frente. Él es uno de los que piensa que en realidad Bilbao siempre se ha llamado Bilbao y que lo de Bilbo son ocurrencias de los palacetes de Gasteiz la de las limpias calles, y todo ello por los trofeos que su frente recogía en la cima del monte justo en el momento de cruzar la meta y tensar los nervios ópticos como nadie lo ha hecho en esa nación, no sólo para ver bien a sus vecinos sino para no perder las gafas en la bajada que era más cómoda y peligrosa.
Eso es espíritu de superación. Querida Nerea has hablado de forma muy elocuente -Juan comenzó a desperezarse-, pero no siempre se suda tanto, hay rutas mucho más largas que se crean mediante una mezcla de chispa y toda la paciencia que puede contener el mundo que hay entre el mar Báltico y el mar de la China. Piénsalo, por un extremo salta una chispa y en el otro un capullo escucha los secretos que un loco pescó en el Nilo y llevó al Egeo.
En Monteagudo quieren hacerle un museo al que custodia los ríos -dijo Guillermo forzadamente- Querido Guillermo -repuso Juan- no quieras ser insidioso con tu hilemorfismo y si no sabes el objeto de la conversación aguarda hasta que lo captures. Ya sabemos que todos somos los primeros del grupo y que tú sólo eres el más gracioso. No obstante abreviaré mi explicación porque van a dar la media noche y ya que al menos hemos recobrado la cordura cervical cada uno podrá dedicarse a sus menesteres. En definitiva lo que quería significar es que un tal Casimiro montó su chambao en las cercanías de un meandro efecto del Vístula y sin necesidad de atender al sudor de su frente, se concentraba en la ley de la gravedad hasta que pudo sostenerla. De ese modo cambió perlas de ámbar por capullos de seda hasta que sus descendientes gobernaron a los dragones sobre la colina de Wawel. El no tuvo prisa, sin embargo los demás corrieron por él maratones que circundaban entre Gdansk y Shanghai. Eso sí, Casimiro siempre leyó los mensajes antes de responder.

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