7 dic. 2010

Alegato en favor de los controladores aéreos

Impelido por uno de los principios inatacables que han orientado hasta el momento mi particular aprehensión de la realidad – sospechar siempre de las supuestas evidencias promovidas a través de los medios de comunicación- días atrás me sorprendería ante el unánime consenso apalabrado entre medios de comunicación y partidos políticos a la hora de condenar abiertamente la inesperada huelga emprendida por los controladores aéreos que paralizarían el espacio aéreo durante veinticuatro horas y dejarían a millares de personas sin su preciado botín vacacional del puente de la Constitución. A tenor de la inminente reacción gubernamental – dando luz verde a los milites para tomar el mando de las torres de control y publicando de urgencia un decreto de estado dónde se conminaba imperativamente a los controladores a retornar sin falta a sus puestos de trabajo so pena de duras sanciones, penalizadas, en algunos casos, hasta con la cárcel- y la porfiada campaña enhestada en los medios de comunicación – así el El Pais pincelaba el plantón de los controladores retratándolo al modo de una “huelga salvaje” mientras el Mundo publicaba un texto de Rafael Simancas, portavoz del PSOE en la comisión de fomento, tachándolos de “chantajistas” y exorcizando al “gremio” o “casta” de los controladores, acusados de sus inmerecidos privilegios, a recibir un castigo ejemplar- uno no debería dejarse llevar ante la profusa marea mediática, - contagiada en gran parte de la ciudadanía- desatada tras el desplante de los controladores aéreos al Gobierno, sino, más bien, detenerse un instante, reflexionar, avizorar en derredor y sopesar las razones profundas de semejantes desafueros acometidos desde el Gobierno y sus pregoneros mediáticos.
¿A qué se debe este pronunciado berrinche o pataleta gubernamental? Si atendemos a los argumentos atesorados por el principal instigador del conflicto, el señor ministro de Fomento José Blanco, la huelga no ha sido sino el resultado propio de una rastrera maniobra conjurada por un colectivo irresponsable, caprichoso, anteponiendo sus deplorables intereses particulares para mantener sus privilegios sobre el resto de la ciudadanía, “…pero venimos actuando con firmeza y determinación durante más de un año para acabar con los privilegios de un sector que permanentemente plantea problemas a nuestro país…Yo siempre creo y más en democracia, que para defender los privilegios de unos no se puede atacar los derechos de todos…han llevado a cabo un chantaje sin precedentes en nuestra democracia y por eso hemos tomado medidas contundentes”. Hasta aquí uno se mostraría favorable a un Gobierno desgañitándose por acabar con los privilegios y medro de unos pocos gravitando sobre el resto de la población, salvo que, en nuestro caso, y a pesar de la saña roobinhoodiana del señor Blanco en favor de los más desfavorecidos, esto no parece tan “evidente” como lo pintan a priori, - siendo así que aquél haría mucho mejor en volver a guardar el arco y la fusta en el armario, calarse el mono de obediente adulador de los nuevos amos del mundo y ceñirse a su rol de espantapájaros segundón-, “…pero nuestro objetivo y responsabilidad deben ser siempre hacer las cosas mejor pensando en el interés general. Cada español afectado ha sido una razón para redoblar nuestra determinación en la defensa de los derechos de los ciudadanos, de la estabilidad de la economía de nuestro país y del interés general” ¿Interés general? ¿Privilegios? ¿Determinación? Si verdaderamente la causa efectiva de toda esta correría gubernamental organizada con el beneplácito de un rey acartonado, aún sufriente de una molesta indigestión chaveriana y el talentudo Zapatero, carcomido por las innumerables trágalas acechándolo de cara a las próximas elecciones generales, hubiese sido única y exclusivamente un ahínco, un ansia, un aguijado élan justiciero por parte del gobierno en su lucha apasionada por una sociedad más justa, equitativa e igualitaria entonces, mis buenos señores míos, en vez de cebarse con un reducido “gremio” de apenas 287 trabajadores de la empresa pública AENA - un corpúsculo social desamparado, sin el nimbo o halo del poder económico ni un peso especifico en las decisiones del estado ni en el escrutinio de las próximas elecciones- deberían haber comenzado plantando cara a los auténticos valedores de esta crisis económica y, a la postre, asimismo culpables de esta “huelga salvaje”: los tiburones o lobbies de empresa, constructores, arribistas, especuladores, dirigentes sin escrúpulos y demás aprovechados ataviados con los ropajes y galones democráticos, antes de perseguir, ensañarse, denostar y aplicarse con “mano de hierro” a desmontar los intereses de un “gremio” víctima vaticinada de los ucases gubernamentales. Semejante actitud frisando con la hipocresía recibe, entre mis paisanos, un nombre del todo diferentes a “mano de hierro” y éste no es otro que “cobardía” exhibida por un gobierno empuñando las armas del estado contra un sector de la sociedad indefenso tratando de preservar sus derechos laborales. Más allá de las cizañeras informaciones vertidas a la prensa sobre los “supuestos privilegios” de los controladores aéreos atinentes a sus estratosféricos sueldos y condiciones de trabajo inigualables, ¿como reaccionaría cualquiera de nosotros si de la noche a la mañana se decidiese desde las altas esferas, rebajar un cincuenta por ciento nuestro estipendio anual, aduciendo que con la otra mitad aún nos da para comer? Puestos en vereda ¿por qué no volver a aplicar una reducción en los honorarios de funcionarios y jubilados hasta una cantidad que, al menos, les mantenga con vida y les procure un plato caliente todos los días? Si esta hubiese sido la lógica del Gobierno, entonces no nos cabría sino echar una ojeada a las cómputos o estadísticas anuales para comprobar cuantos lobbies, alcaldes municipales, altos dirigentes de empresa y constructores se embolsan anualmente más de los 200.000 euros estipulados por el señor Blanco para designar a un individuo con el marchamo de “privilegiado”, sin que el gobierno se apresure a legislar una ley que regule las horas de trabajo, fije los sueldos anuales y más importante aún, los sitúe bajo la tutela militar amenazándolos con pena de cárcel si osasen desafiar a la autoridad estatal y no presentarse a sus puestos de trabajo. Con toda seguridad no serán 287 los supuestos “privilegiados” sino millares de individuos a los cuales habría que aplicar las mismas medidas adoptadas desde el ministerio de Fomento. Pero no nos quedemos aquí, ya que puestos a pedir – siempre siguiendo la lógica anti-privilegios exhibida por el Gobierno- ¿por qué no aplicar también la navaja de Ockham a los estipendios recibidos por los jayanes futboleros? Con reducir un cincuenta por ciento el sueldo de tantos Mesis, Ronaldos, Iniestas y Casillas tendríamos para costear una buena parte de la deuda nacional. Según el señor Blanco ahora es el momento de apretarse el cinturón dado los tiempos difíciles que corren. Si hablamos de estrambóticos salarios y envidiables horarios de trabajo entonces el Gobierno no habría actuado correctamente, metiendo la pata hasta el fondo en su interpretación sesgada de la realidad socio-política del país porque, ante todo, debería haber iniciado su escabechina social recortando los salarios de los jayanes futboleros. Y ya se sabe, si acaso alguno de ellos se pusiese farruco negándose a acudir cada domingo a los terrenos de juego para deleitar al personal, le colocamos un mílite a la puerta de su casa y le amenazamos con severas penas de cárcel. Como dice el proverbio popular – y haremos bien en recordarle al señor Blanco- “tu caca huele como la de los demás” y en nada se diferencia ésta de la de los jayanes futboleros, los tiburones de la economía, el alcalde culiprieto, el astuto constructor y los controladores aéreos.
Embriagados por la facunda logorrea verbal explayada por el señor Blanco en la humilde defensa de la contundente respuesta gubernamental “…espero que la lección haya sido definitiva para todos y desde luego el Gobierno seguirá actuando con determinación y convicción. No vamos a consentir ni chantajes ni privilegios…” uno podría llegar a extraviarse por los zigzagueantes meandros del discurso hasta darse de bruces con la otra cara de la moneda: la moribunda democracia de la que tanto le gusta jactarse a José Blanco. Esta rimbombante palabreja con que la diputambre se llena la boca en cada uno de sus discursillos o apariciones en el ente público. La democracia ha actuado, reaccionado sin paliativos, de manera contundente para preservar nolens volens el interés general de una ciudadanía amenazada ante el chantaje y usufructo de unos pocos privilegiados. ¡Qué casta! ¡Qué celo en la preservación del bien general! Sin embargo, llegamos casi al final de la enjundiosa comparecencia otorgada por don José Blanco a los medios de comunicación y tenemos la extraña impresión de no haber dado aún con la clave de bóveda, con el sésamo, que nos permita desbrozar los acontecimientos acaecidos durante el fin de semana anterior. Pero una vez bien harneados los ardites del discurso, la faramalla, la maleza argumental escombrando hipócritamente las auténticas razones de semeja actuación gubernamental, la respuesta brotará como aquella Venus de Botticelli emergiendo entre la espuma marina para mostrarnos la masa del iceberg oculta o sumergida bajo las heladas aguas del discurso oficial: todo esto no ha sido más que la búsqueda de un chivo expiatorio por parte del Gobierno en su deseo sublimado de desfogarse tras el desvergonzado vasallaje y mojigata sumisión de la diputambre ante los decretos de la providencia neoliberal. La expeditiva respuesta gubernamental, por mucho que otros gallos cacareen, llega en el momento justo para tratar de remontar la castigada imagen del Gobierno, soliviantar los alicaídos sondeos de confianza, enderezar el rumbo de la nave estatal y lanzar un envite a la opinión popular: no os preocupéis de nada, aquí estamos nosotros para preservar vuestros derechos inalienables. A su manera, este desaguisado acaecido días atrás, también nos permitirá extraer una importante lección para el futuro: la huelga sigue siendo una herramienta en la lucha contra los torticeros decretos del gobierno siempre y cuando ésta se lleve a cabo de una forma bien orquestada, sorpresiva, eficaz y secundada por una mayoría suficientemente organizada como para paralizar un determinado sector de la sociedad. No podemos echar en saco roto tan disdascálico ejemplo de fuerza popular, resistencia y debilidad estatal capaz de iluminarnos acerca de la forma y modo más adecuado de dirigir los contingentes sociales para acabar con el monopolio de un estado opresor amparándose en las milagreras panaceas de la pseudo-democracia y el mercado que todo lo resuelven. Repito, un dorado ejemplo que asimismo nos ha revelado los puntos flacos del Gobierno, incapaz de atajar el conflicto por sí sólo. Un Gobierno debilitado tras el azote financiero y recurriendo, como en la época de los ilustres espadones ibéricos, a la llamada socorrida del estamento militar en su intentona por recuperar el control de la situación, reprimir a los revoltosos controladores aéreos e instaurar nuevamente el orden a lo largo y ancho del territorio peninsular.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...