6 jul. 2010

Comment s’étaient-ils rencontrés ? Par hasard, comme tout le monde.
Diderot, Jacques le fataliste.

Il viaggiatore

So pretexto de buscar un poco de compañía en un solitario albergo a medio camino entre Siena y Florencia, el joven blondo, después de preguntar educadamente, tomaría un asiento libre bajo el soportal. Mientras contemplaba en silencio aquel cielo estrellado, el pálido resplandor de la luna acariciaba su cuerpo marmóreo, dejando entrever los delicados contornos de su rostro imberbe.

- La luna – soltó sin más preámbulos-, tea divina de soñadores, junto con las estrellas, testigos mudos de nuestra historia, siempre me acompañan haya por dónde voy. Me piace molto esta calma y sosiego. ¿Es la primera vez que visitas la Toscana?

- Sí, ¿cómo lo has adivinado?

- Siempre hay una primera vez para todo. No hay más que fijarse en tus ojos – comentó con un risueño deje burlón dibujado en sus labios-. Aún no se han cansado de admirar este maravilloso cuadro que nos brindan las noches estivales en la Toscana. Yo suelo venir por aquí todos los años. Vagabundear durante semanas enteras, recorriendo estas delicadas tierras y hospedarme algunos días en este mismo hostal dejando pasar las horas mientra vislumbro el fulgor de las estrellas es algo que me llena de dicha. Pero no hablemos más de mí. Dime, ¿de dónde vienes y adonde te diriges? Porque aquí, me imagino, todos estamos de paso.

- Vengo de España y mañana mismo me marcho a Siena. Voy a pasar el verano allí.

¡Siena! – exclamó- Una ciudad encantadora con sus enhiestas murallas, angostas callejuelas, acogedores restaurantes, fortalezas, palacetes y hermosas plazas ¡La Piazza del Campo! ¡Il Palio! ¡La Piazza del Duomo! Una maravillosa decisión. Yo, por mi parte, conozco muy bien España. He viajado mucho por las castizas tierras de la Castilla barojiana y la dicharachera Andalucía, todo alma y corazón, emulando los viajes de Merimée a la búsqueda de una Carmen traicionera.

- ¿Qué te parece, pues, Andalucía? Es una tierra adorable con sus flores de azahar, su alacre desparpajo y sus plácidos atardeceres.

- Sí, una tierra de ensueño. Me entusiasman los tesoros culturales de la Andalucía mozárabe, esa mezcla de culturas, colores y ambientes. Antaño cuna de una floreciente civilización y ejemplo de convivencia y tolerancia entre diferentes culturas.

- ¡Claro! Pero todo eso es historia. Aquel paraíso terrenal que tanto te atrae se ha convertido en un enorme erial. La convivencia entre las diferentes culturas, en ocasiones, se hace muy difícil y durante la última década hemos asistido al bochornoso espectáculo de algunos estallidos provocados por el racismo más abyecto.

- Sí, algo he podido advertir durante mis acompasadas estancias. Aunque, bien dicho, el racismo encubierto es, por supuesto, uno de los muchos estigmas de España, pero también recuerdo, sin ir más lejos, que durante mi último viaje, el país estaba salpicado por escándalos de corrupción aquí y acullá.

- Es cierto. Esa es una de las principales secuelas, entre otras muchas, de una transición democrática defectuosa como la nuestra. Una transición mal ejecutada y orientada por dirigentes sin ninguna experiencia, a causa, claro está, del régimen y la clandestinidad de los partidos políticos.

- Bueno, en ese caso y ante la inesperada rapidez de los acontecimientos no cabía otra alternativa ¿Quién se hubiera encargado poner en marcha la transición? Pero, dime, según tu opinión, ¿cuál fue el mayor error?

- Yo juzgo que el principal error ha sido, es y será el Estatuto de las Autonomías, dónde alcaldías y ayuntamientos, ya sean autonómicos, provinciales o municipales, gozan de un poder ilimitado para la planificación administrativa de sus territorios. Este modelo, tan alejado de Madrid, no funciona porque de tanta manga ancha, algunos concejos, sobretodo municipales, se han convertido en pequeños gremios de poder local fuera de toda ley y moralidad.

- De ahí, deduzco, procede la onerosa confabulación entre la polilla de empresarios locales con ansias de enriquecerse y los funcionarios públicos, llámense alcaldes, concejales, cabos, brigadas o fiscales, emponzoñados ante la atractiva perspectiva de colmar sus arcas particulares con un dinero caído del cielo como agua de mayo, que tantísimas veces he tenido la oportunidad de leer en los periódicos y escuchar en la televisión.

- En efecto. ¡Qué se podría esperar de esa gentuza! Aunque, una vez que la corrupción logra adueñarse de algún sector del ente público, no creas que todo se reduce a ese sólo ámbito infectado, siendo suficiente el someterlo a una cuarentena preventiva para erradicar el mal. No, las cosas no son tan fáciles. La corrupción se propaga como la peste: desde la judicatura a los cuerpos encargados de mantener el orden público. Si comenzara a relatarte escabrosas historietas sobre los abusos de poder acometidos por los encargados de salvaguardar el orden público, te aseguro que podríamos estar hasta mañana.

- Eccolo qua! Tienes toda la razón, algo similar ocurre en Italia. Aquí nuestra mayor lacra proviene de la afamada camorra, enraizada incluso en muchos ámbitos del sector público. En ocasiones, me he preguntado como se podría acabar con todo este Gran Casino. En Italia es harto complicado, pero ¿crees que en España las cosas son diferentes?

- Sinceramente no sé si podríamos llegar a cambiar la situación, pero sí, al menos, maquillarla.

- ¿De qué forma?

- En principio deberíamos comenzar con la desintoxicación de aquellos ámbitos del poder más afectados por la corrupción, denegando muchas de las funciones administrativas ejercidas unilateralmente en los Consistorios municipales, provinciales y autonómicos.

- Te refieres a limpiar aquellos puntos candentes dónde la corrupción podría infiltrase y propagarse con mayor rapidez.

- ¡Exacto! Delegar algunas funciones autonómicas para someterlas a un control mucho más férreo del Gobierno Central. En ese caso se denegarían a los Consistorios funciones tales como la recalificación de terrenos.

-. Sin embargo, considera que eso supondría asimismo una sobrepuja del poder central en Madrid, tanto como una farragosa ralentización en los procesos administrativos. Un poder demasiado centralizado siempre acaba sucumbiendo a su propia medicina. Ahí tienes el desplome de la Unión Soviética dónde para cambiar una bombilla era necesario habérselas con la Adminstración Central, pudiendo pasar semanas e incluso meses hasta recibir el nuevo lote de bombillas.

- Eso son casos extremos. No vayamos tan lejos. Piensa en el modelo francés: uno de los países europeos con una menor tasa de corrupción según publican anualmente los índices de la agencia Transparency International. De todas formas ya había sopesado ese inconveniente, aunque, bien pensado, toda modificación social acarrea consigo un ristra de pros y contras. Con todo, estimo que, en nuestro caso, las ganancias efectivas superarían con creces a las pérdidas. Además no se trataría de una simple y llana transferencia de competencias a Madrid, sino de la implantación de una escala o gradación en los procedimientos de ciertas funciones administrativas.

- No te sigo.

- Un ejemplo servirá para aclarar tus dudas: imagina que un ayuntamiento conchabado con el constructor de turno tiene previsto recalificar unos terrenos, anteriormente adquiridos por este último para la construcción de un complejo urbanístico y, de este, modo incrementar el valor de susodichos terrenos juntos con las enormes ganancias obtenidas de la diferencia entre la compra de los terrenos por parte del constructor, antes de proceder a la recalificación, y su posterior venta a los particulares. En este caso, dónde tanto alcalde como el concejal de urbanismo no dejarían de cobrar sus merecidos estipendios, sólo sería necesario plasmar la firma consensuada de ambos, esto es, el alcalde y el concejal de urbanismo, dando luz verde a la operación.

- A eso se le llama una verdadera “alcaldada”.

- Como decía, tan sólo bastaría la firma de ambos individuos. Ahora bien, en un sistema de gradación administrativa, un proceso tal como la “recalificación” de terrenos, pasaría por diferentes manos antes de llegar a ser efectivo. Esto es, una vez el alcalde y el concejal de urbanismo estampasen su firma en el documento acreditativo, éste pasaría a manos del encargado de tales trámites en la provincia o región, si éste diese su visto bueno, llegaría seguidamente a las manos de un representante autonómico nombrado por el gobierno. Una vez el documento sobrepasase esta doble aduana, sería finalmente enviado a Madrid para revisarlo y zanjar de una vez por todas su proceso de validación en las oficinas de una institución creada para tales efectos.

- Demasiado complicado, ¿por qué no enviar directamente el documento a Madrid?

- Muy fácil: en determinadas ocasiones, las peticiones para la “recalificación” de terruños municipales ni siquiera llegarían a Madrid, porque no adquirirían el visto bueno del representante provincial o, tal vez, el autonómico.

- Ahora veo la gran ventaja de este modelo: para el matrero constructor local es mucho más fácil lisonjear a los funcionarios del Consistorio municipal que llegar con sus halagüeñas promesas de felicidad hasta las altas esferas de Madrid.

- Has dado en el clavo. Es más fácil corromper a una sola persona que a varias de ellas mucho más alejadas del ámbito de influencia caciquil acaparado por los detentores del poder monetario, como los empresarios y constructores locales.

- El único problema me sigue pareciendo la lentitud con la que andarían las peticiones administrativas de los miles y miles de concejos autonómicos, provinciales y municipales.

- Eso son cosas que por el momento no nos atañen, porque el propio sistema se encargará de mejorar y agilizar las tramitaciones una vez sea puesto en marcha.

La noche toscana batía sus silencios quebrados por el inefable parloteo de las tórridas cigarras y el retintín martilleador de los grillos lenguaraces.

- De todos modos, por algún sitio habrá que comenzar si tenemos intención de mitigar y encarrilar otro tanto los deslavazados principios democráticos. A todas luces, tanto por el caso español como el italiano, tengo la amarga impresión de que la mal llamada democracia no anda como debería.

- ¡No te equivocas un ápice! Lo más curioso de todo, o escandaloso, según como se mire, es que ni éste, ni ningún otro gobierno se plantearán nunca verdaderas reformas estructurales capaces de modificar y suplantar los actuales resortes del poder. Como sabes, se habla de las reformas educativas, sociales, económicas, judiciales…pero todo este convoluto de leyes y artículos no es más que una gigantesca bola de nieve despeñándose por una inclinada ladera y aumentando sus proporciones hasta que la bola se desintegre en mil pedazos cuando alcance el pie de la montaña.

- Y en ese caso el choque será tremendo debido a sus enormes dimensiones.

- ¡Exacto!

- Sí, tienes razón, todo eso no son más que aclarados, lavados de cara. Insuficientes, en todo caso, para extirpar los males que aquejan al actual sistema social.

- Voilá! Como la mucama que puliría a diario el suelo escondiendo el polvo debajo del felpudo…

- ¡Hasta que el felpudo se le quede pequeño y el polvo se escape por todos lados!

- Veo que nos vamos entendiendo mucho mejor.

El joven blondo se retuerce sobre su silla, acompañando su movimiento vermicular de una contagiosa y risueña hilaridad que logra enmudecer los calurosos estertores de las cigarras y el gárrulo albedrío de los grillos inquietos.

- Y eso que en España algunos todavía se congratulan creyendo que la República será el remedio para acabar con todos los males ¡Pobres ilusos! Mira de que nos ha servido la república a los italianos o los franceses. Seguramente muy pocos conocerán el nombre del Presidente de la República Italiana, pero ninguno ignorará el del señor Primer Ministro don Silvio Berlusconi.

- No le des más vueltas; en España siempre están con la misma cantinela, el mismo tira y afloja para desbancar de una vez por todas a la monarquía borbónica e instaurar un régimen republicano como si el advenimiento de la República borrara de un plumazo todos nuestros males.

- Eso no son más que algunos alucinados llevados por la inercia de un discurso hecho, vacuo y sepulto. Una sutil faramalla que tocan y retocan, incapaces de vislumbrar otra alternativa factible para trasquilar el actual estado del país. Dime, con la mano en el corazón, ¿crees que la República acabará con los males de España? ¿Acaso la substitución de don Juan Carlos por un Zapatero, Rajoy, Esperanza Aguirre, José Blanco, Leire Fajín o Soraya Sáez de Santamaría reportaría algún beneficio para España? Es muy fácil clamar por la vuelta del régimen republicano cuando uno se deja embaucar por los discursos aprehendidos desde su juventud, en lugar de ponerse manos a la obra y afrontar los problemas desde las condiciones impuestas por el incontrovertible presente.

- Por supuesto, no basta con cambiar el nombre del “cobre” para que éste se convierta en “oro”.

- Davvero ma… en este caso, los sectarios defensores del republicanismo, admirado y tratado como una panacea universal para acabar con los males que asuelan nuestra sociedad, bregarían a modo de un obrero persuadido en elevar un muro con pasta dentífrica, porque no le convencen la textura, olor y color del cemento.

- En ese caso más valdría seguir utilizando el cemento a fin de mejorar sus cualidades. Pero, eso no son más que ejemplos y la realidad es que en España el discursillo taladrador de una República salvadora gana adeptos entre la ignara juvenialidad.

- La Republica como el maná divino.

- ¡Impecable! ¡El maná divino! Ese será el título de mi próximo artículo.

- ¿Escribes? Yo también. Podría enseñarte algunos poemas que he compuesto estos últimos años.

- Con mucho gusto, pero ahora sigamos nuestra conversación y no nos vayamos por los cerros de Úbeda.

- Entendido. Y tú, ¿qué piensas de la monarquía?

- Me dispiace molto ma…no me sonrojo si te digo que yo me declaro monárquico sí, pero de la reina.

- ¿Monárquico, pero de la reina?

- Sí, como bien escuchan tus asombrados oídos: soy monárquico, pero de la reina.

- Ya me lo explicarás con más detenimiento a lo largo de esta noche.

- No te preocupes tenemos tiempo de sobra. Por cierto, llevamos un buen rato charlando y aún no nos hemos presentado…

- Luigi Aquaponte.

- Todo un placer, Luigi ¿A qué te dedicas?

- Sono viaggiatore.

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