28 ene. 2011

El harén de Silvio


A través del objetivo de la cámara atisbamos un primer plano congelado de Silvio Berlusconi apoltronado tras un lustroso despacho en el palazzo de Arcore. Al fondo aparecen los anaqueles repletos con una pila de libros y una foto del Primer Ministro tomando la mano de su hijo. De la viñeta en sí misma no se destilaría nada de particular encomio, a menos que las grimosas palabras del premier italiano para tratar de lavar su imagen desteñida tras el nuevo escándalo del caso Ruby, comiencen a resonar a través de los micrófonos. Una imagen, la suya, mancillada de un probable delito de estupro, abuso del poder, corrupción e incitación a la prostitución de menores enhestado por la Audiencia General de Milán y llevadas a buen puerto gracias a la implacable fiscal Ilda Boccassini. No es de extrañar que la sonrisa postiza del Primer Ministro delate la tirante e incipiente preocupación rezagada en semejantes acusaciones que podrían dar con sus huesos en prisión. El Dragón, abriendo sus enormes fauces – según esgrimía metafóricamente su ex mujer, Veronica Lario (La Repubblica 16-01-2011)- para recibir el sacrificio de las núbiles vírgenes de alabastro acudiendo a las sobrias veladas organizadas en la villa de Arcore, se contonea incómodo en el sillón, frunce el ceño, eleva un poco el tono de voz y glosa que él nunca ha ofrecido dinero a nadie, con la descabellada intención de “frecuentar” a una donna. Semejante acusación, lejos de la realidad, carece de todo fundamento porque además de la evidente absurdidad, Silvio – dice- comparte su vida desde hace algún tiempo con una mujer “tengo una relación estable con una mujer que jamás habría permitido que se produjeran similares acontecimientos relatados en los periódicos” (La Repubblica 17-01-2011).
La sorpresa ante tan inesperada revelación levantaría pronto la veda para toda clase de quinielas amatorias. Se trataba, por encima de todo, de dar cuanto antes con la afortunada ¿Sería su ex dentista Nicole Minetti? Quizás el inexplicable aterrizaje de ésta en la Consejería Regional de Lombardía después de su primer encuentro acaecido en 2009 tras la agresión sufrida por Berlusconi, nos pusiese sobre la pista de una posible relación amorosa consumada con la fulminante ascensión de la odontóloga. Pero todo se desvanece en trasnochadas especulaciones. Tal vez nos equivoquemos por completo y no se trate sino de la dominicana Maristel Polanco, valleta y animadora televisa del programa “Colorado Café”. ¡Difícil elección! Es tan dilatado el diapasón de posibles candidatas para ocupar un puesto de honor en el tierno corazón del mandatario italiano que uno se perdería en abstrusas y confusas cábalas que no nos llevarían a ninguna parte. Tan sólo una cosa se nos aclara frente a este enrevesado proscenio: de algún modo todas ellas “las elegidas” serían agraciadas con las humildes prebendas, camelos y zalemas del Primer Ministro. Desde un brazalete de oro calafateado con un finísimo polvo de diamante hasta un trabajito sin importancia en una de las numerosas cadenas televisivas en poder de nuestro hombre.
Generoso y desprendido, no cabe duda. Benevolente, comprehensivo, solidario y siempre dispuesto a echar una mano – o las dos- cuando alguna de estas hermosas amistades, frecuentes merodeadoras de sus apacibles serate en Arcore, se encontrase en un apuro. Pero a cambio, eso sí, el sacrificio, la ofrenda sacramental al Dragón. El todopoderoso sátrapa pondría el colofón final a sus dicharacheras veladas con un picante y rumboso entretenimiento denominado, según la solaz jerga palaciega, bunga-bunga. No obstante las malas lenguas comentan que la suculenta idea le fue sugerida tras una visita de su inestimable amigote Ghadafi. Desde aquella inofensiva confesión del libanés, las acrobáticas feromonas del añoso sátrapa no dejarían de brincar y aguijonearle noche tras noche hasta saciar y hacer realidad tan almibaradas ensoñaciones orientales. Primero, aquél que antaño se vanagloriaba de su rijosa inclinación por el bello sexo distanciándola del nefando pecado homo-erótico, “mejor sería amar a las mujeres bellas que ser gay” (Le Monde 20-01-2011), se las ingeniaría para recoger a su cohorte de “hermosas amistades” en un complejo inmobiliario de Milán - construido por nuestro hombre en la década de los ochenta - con tal de evitarse la siempre ingrata tarea de estar dando tumbos de un lado a otro de Milán para arracimar y convocar en palazzo a sus desperdigadas anfitrionas. Mejor conservarlas juntitas y apiñadas, pero no revueltas.
Sin embargo, don Silvio, no se conformaría con semejantes naderías y a medida que los años le caían sobre la espalda como pesadas losas – a pesar de los innúmeros tratamientos de cirugía estética- sus insaciables “apetencias sexuales” le llevarían a maquinar la posibilidad de rebajar paulatinamente la edad de sus marmóreas vírgenes de alabastro. Sin más dilación, la responsabilidad de hallar una víctima capaz de aplacar los apetitos del libidinoso Dragón, recaería en manos de sus allegados colaboradores – o para ser más exactos, “proxenetas palaciegos”, Emilio Fede y Lele Mora- que por alguna malvenida casualidad se toparían con la principal protagonista de este nuevo entuerto italiano en una muestra o exhibición de belleza siciliana: la jovencísima Karina El-Mahroug, más conocida como Ruby, hija de emigrantes marroquíes afincados en Sicilia. De aquella primera entrevista, y una vez en Milán, la solicitada ninfa oriental no tardaría en poner los pies en una de las fiestas concertadas en el palazzo del Primer Ministro, para acabar, meses más tarde, arrestada por una patrulla de carabinieri - acusada de hurto a una compañera de oficio brasileña- y posteriormente puesta en libertada gracias a una mendaz llamada del sátrapa aduciendo que se trataba de una pariente cercana del presidente egipcio, Hosni Mubarak. Ya sabemos como se las gasta don Silvio cuando de trata de sacar de un aprieto o apuro a una de sus camaradas palaciegas. Si se hace necesario mentir, pues mintamos; si por caso nos vemos obligados a asestar una puñalada rastrera, pues….intachable pragmatismo el exhibido por don Silvio.
Parece como si lo narrado hubiera sido soplado a la prensa por el genio burlón de alguna Scherezade tratando de mantener en vilo la atención del sultán. Al menos así se deduce de sus declaraciones. Tras el escándalo revelado por los medios de comunicación, el Primer Ministro no haría sino echar más carne en el asador, logrando avivar un poco más la cólera de los italianos. Negaría cada una de las acusaciones - ¿qué cabría esperar?-, aferrándose al sobado derecho de la intimidad e incluso brindándonos con el deplorable espectáculo de un enajenado vejestorio compadeciendo telefónicamente en el programa “L’Infidele” para defender su inocencia a trochemoche por medio de una tornasolada retahíla de insultos, denuestos y exabruptos, como bien corresponde a la eminente figura de un Primer Ministro. Mas, el espectáculo circense del don Silvio no se acaba aquí. Asesorado por su gabinete de abogados éste pasaría a la carga despotricando contra los organismos de la Justicia italiana al considerarlos partidistas, movidos por intereses privados y por tanto inaceptables, “la justicia está todavía plagada de una voluntad política dirigida contra mi persona” (La Repubblica 17-01-2011).
El sátrapa mira fijamente hacia la cámara esbozando ese rictus de la media-sonrisa, de la pícara-mueca, enarca las cejas y añade que las risibles acusaciones no han hecho sino perjudicar la imagen de sus honestos huéspedes e invitados a las veladas de Arcore. Los números de la Fortuna se echan a rodar y el estudiado coup de théâtre se hace manifiesto: todo se reduce a una confabulada persecución política de la magistratura milanense con la única intención de dilapidar la imagen del caro Berlusconi. Por ello, continúa, se hace indispensable una reforma de la Justicia para acabar con similares abusos, “es absolutamente necesario abordar cuanto antes la reforma de la Justicia” (La Repubblica 17-01-2011). La mejor defensa siempre ha sido un buen ataque y para ello urge apartar de un manotazo las molestas insinuaciones de la obstinada Scherezade. Además, ya se sabe, que la historia del alguacil alguacilado es eterna y a nosotros no nos cabe sino esperar, esperar y esperar que por una vez la Justicia triunfe y Scherezade continúe deleitándonos con sus mil y una fabulaciones.

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