30 mar. 2010

El pensamiento, único; el Estado, inexistente


El Consejo de Ministros ha aprobado hoy limitar la tasa de reposición de vacantes a sólo el 10%, ¿qué quiere decir esto? Muy sencillo, que de cada 100 trabajadores públicos que dejen su puesto por jubilación sólo 10 serán sustituidos por nuevos funcionarios.

Tal vez la noticia haya pasado inadvertida para los lectores de periódicos o los seguidores distraídos de cualquier telediario el mismo día que el Banco de España augura que el paro seguirá creciendo durante 2010 y 2011, contradiciendo así las previsiones del gobierno, y propone, otra vez, un “contrato único” con menor indemnización por despido. Yo la escuché indignado en Radio 5 y tuve que acudir a la Agencia Europa Press para encontrar los datos exactos. A quienes seguro no sorprenderá en absoluto es a los sacrificados opositores que sufrirán optando a una de las poquísimas plazas convocadas para el cuerpo de profesores de secundaria.

Los adalides del liberalismo seguirán predicando las bonanzas de un estado débil que deje todo en manos de la iniciativa privada, mentirán descaradamente al decir que el sector público español es de los mayores y más ineficientes de Europa, ignorando interesadamente que en realidad es uno de los menos abultados, ridículo, de hecho, en comparación con el de los países escandinavos donde, por cierto, el estado del bienestar merece ser llamado así, la productividad por trabajador es muchísimo mayor y el desempleo es infinitamente más reducido.

El pensamiento único no es monolítico, pero tampoco demasiado flexible, el PP y el Banco de España nos muestran sus límites por la derecha, el PSOE por la ¿izquierda?, la receta básica es un estado lo menos intrusivo posible, que deje incluso los servicios públicos bajo gestión privada, eso sí con financiación pública cuando sea necesario y que sólo actúe con fuerza cuando lo requieran los intereses privados, para muestra ahí queda el rescate del sistema financiero.

La reducción del cuerpo de funcionarios inevitablemente acarreará una mayor degradación de los servicios públicos básicos, especialmente de la educación y la sanidad, empujando a las clases medias hacia el sector privado y marginalizando progresivamente el sector público. Cuando dentro de pocos años sea así espero que recordemos a los culpables, los mismos que entre otros muchos desmanes reformaron el mercado laboral, nos metieron en la OTAN o sacaron réditos de la especulación.

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