29 jul 2010

...HASTA LA REFORMA FINAL


Desde que comenzó la penúltima ofensiva neoliberal que usó a Grecia como cabeza de turco (“ojo –dijo la oligarquía financiera- esto os puede pasar a todos”), el PSOE ha dado una lección de doblez política. Su discurso no ha dejado de ser social, de usar los derechos sociales y de los más débiles como coartada, pero sus acciones –las medidas socioeconómicas que dibujan un futuro gris y de sometimiento a los empresarios y los poderes económicos- han recibido el beneplácito del FMI (cabeza más identificable de la oligarquía financiera) y han merecido más de una palmadita en la espalda de nuestro presidente que como sus antecesores empieza a sentirse reconocido como estadista internacional.

A pesar de esto aún escucho demasiado a menudo, entre militantes y votantes del PSOE las consignas oficiales, usadas como un mantra, o el socorrido “no le queda más remedio”. Esta expresión es la que realmente me preocupa, si no le queda más remedio es que hemos admitido que vivimos bajo la dictadura de los mercados y en lugar de mostrar rechazo, rebeldía o al menos enfado, en vez de pensar en el modo de desembarazarnos de semejante ataque a nuestra democracia, ¿lo aceptamos?

Esta forma de actuar de Zapatero y el PSOE demuestra lo que muchos ya sabéis, que nunca fueron de izquierdas, de serlo hubiesen actuado como si hubiese miles de alternativas (esa es la lucha contra el pensamiento único) o ante la imposibilidad de hacerlo hubiesen hablado con claridad al país y hubiesen dimitido.

De hacer caso a El País –que siempre está dispuesto a echar una mano progresista- tenemos que creer que “El PSOE dificulta las causas del despido en el último momento”. La aprobación parlamentaria de la reforma laboral ha dejado un texto (aún empeorable en el senado) realmente espeluznante, el despido objetivo podrá justificarse "en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos, que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo". Una empresa con beneficios podrá acogerse al despido de veinte días, con ocho pagados por el estado, es decir, con un costo para la empresa de doce días (los mismos que para los contratos temporales). Y debemos agradecer que esta redacción final sea mucho más progresista que la anterior que contemplaba que “las empresas pudieran rescindir los contratos no solo cuando tuvieran pérdidas, sino cuando cayeran sus ganancias o tuvieran "falta persistente" de liquidez”. Pero no debemos agradecérselo al PSOE, sino al PNV, que hace tiempo que está a la izquierda del PSOE, con quien se ha pactado esta enmienda para asegurar su abstención.

Desgraciadamente esta es sólo la más llamativa de las medidas de reforma del mercado laboral, lo realmente preocupante son las facilidades que los empresarios tendrán para desvincularse de los convenios colectivos y la perdida de efectividad de esta figura ya de por sí poco eficaz para asegurar los derechos laborales.

La utopía neoliberal está un poco más cerca. El paro es el “coco” que a todos asusta, las hipotecas la mordaza y las cadenas. Todos seremos libres para negociar individualmente nuestros contratos, nos comportaremos como buenos chicos para ser clase media endeudada, suficientemente asfixiados como para no protestar por injusticias cercanas o lejanas. Le agradeceremos al patrón su generosidad y seremos buenos demócratas votando una vez a A y otra a A´.

Vosotros veréis que hacéis el 29 de septiembre…

23 jul 2010

"VIVIMOS EN LA DICTADURA DE LOS MERCADOS"

Iñaki Gabilondo diciendo verdades como puños sin paños calientes.


17 jul 2010

Dos maneras de contar una noticia rigurosamente cierta

Condenados dos estadounidenses por espiar para Cuba:

Kendall Myers de 73 años ha sido condenado a cadena perpetua por un tribunal estadounidense acusado de espiar para Cuba. En noviembre pasado Myers se declaró culpable de tres delitos de conspiración y uno de fraude.

Su mujer Gwendolyn ha sido condenada a casi siete años de cárcel por un delito de conspiración para conseguir y transmitir información de defensa nacional.

Reggie B. Walton, el juez del caso les espetó, tras escucharles declarar que comparten los ideales y sueños de la Revolución cubana, que deberían haberse ido a Cuba y les acusó de ser traidores a su patria.

(Más o menos así lo cuentan los medios)


Dos nuevos presos políticos en EEUU

Dos nuevos presos de conciencia, acusados de traicionar a la patria, engrosaran las cárceles estadounidenses. Kendall Myers de 73 años y su mujer Gwndolyn han sido condenados a cadena perpetua y 81 meses de prisión respectivamente.

Acusados formalmente de recibir financiación de una potencia extranjera, Cuba, y conspirar contra la seguridad del estado, la autentica razón detrás de su condena es su activismo social y su compromiso con la libertad tanto en Cuba como en Estados Unidos.

La comunidad internacional debería replantearse sus relaciones con Estados Unidos y adoptar medidas de presión que conduzcan a un mayor respeto de los derechos humanos y la liberación de todos los presos políticos.

(Así lo contarían si hubiese ocurrido en Cuba)

PD. Libertad para Leonard Peltier, Mumia Abu Jamal, los cinco heroes cubanos y tantos otros.

10 jul 2010


Tres poemas y un haikú de Luigi Aquiaponte


1.

En mis sueños,
Ataviado con blancas túnicas
Azucenas y gladiolos.
Rezuman humeantes sahumerios,
Esquirlas de espuma celeste
Se columpian en el pábilo
De negros incensarios.
Con lejanas voces
Zahiriendo pechos encrespados
Alguien lanza suspiros,
Lágrimas y adioses.


Al fondo,
Viudas de longos cabellos.
Acompañan,
Con la vista empantanada,
El rostro imberbe,
Seco, frío, glacial,
Pálido, calmo y mortecino.


Labios sellados.
Ojos develados,
Vueltos al Eterno.
Risas amagadas
En ríspidas facciones.
Flácidas manos,
Entrelazan el regazo
Y Reposan de fatigas indecibles.


¿Dónde está tu voz
Que ya no encuentra respuesta?



2.

¿Adónde marchas en lóbregos inviernos,
Siguiendo el rastro a las ciegas golondrinas?
Vuelve. Conciliando adioses y holocaustos,
Persigue claros de luna
O incendiarios rosicleres levantinos.


¿Adivinas ecos funerarios?
Postreras luces otoñales,
Al reclamo de mil piadosas bendiciones.
Te asomas tras la amura del mundo,
Rememoras y consternado, desfalleces.


Una vez más contigo,
Desesperas tu presencia.
Vástago de raza maldita.
El alma pavimentada de recuerdos,
Abrazas crepúsculos opalinos.


Silencio: allí nunca hubo hombres,
Siquiera palabras,
Tan sólo estrellas
Y algunos murmullos.



3.

La bella Helena
Oculta,
Tras la seda de velos lunares
Contempla, caediza
Vírgenes estrellas,
Teas divinas
Centelleantes zafiros.


Mas,
Con fingidos asertos
Vuelve los rostros,
Vulpinos – sus pasos-
Acechando débiles pisadas
De aquél,
Quien tañe tiernas melodías.


De un cabello,
Enroscado entre los dedos
Acabará,
Parasiempre,
Sin saberse, condenada.
Por hechizos y zalemas codiciosas


Y aquél,
Que por dehesas
Se extraviase.
Cabalga sollozando,
Preso por la hiel del labio
El embrujo del dulce arpegio.


¡Desdichado!
Tu desnuda silueta
Palidece.
A la sombra del albero
En silencios de la noche
Y claros de luna levantinos


4.

Apenas sabe su ayer
Mustia,
Cual otoño caprichoso.




6 jul 2010

Comment s’étaient-ils rencontrés ? Par hasard, comme tout le monde.
Diderot, Jacques le fataliste.

Il viaggiatore

So pretexto de buscar un poco de compañía en un solitario albergo a medio camino entre Siena y Florencia, el joven blondo, después de preguntar educadamente, tomaría un asiento libre bajo el soportal. Mientras contemplaba en silencio aquel cielo estrellado, el pálido resplandor de la luna acariciaba su cuerpo marmóreo, dejando entrever los delicados contornos de su rostro imberbe.

- La luna – soltó sin más preámbulos-, tea divina de soñadores, junto con las estrellas, testigos mudos de nuestra historia, siempre me acompañan haya por dónde voy. Me piace molto esta calma y sosiego. ¿Es la primera vez que visitas la Toscana?

- Sí, ¿cómo lo has adivinado?

- Siempre hay una primera vez para todo. No hay más que fijarse en tus ojos – comentó con un risueño deje burlón dibujado en sus labios-. Aún no se han cansado de admirar este maravilloso cuadro que nos brindan las noches estivales en la Toscana. Yo suelo venir por aquí todos los años. Vagabundear durante semanas enteras, recorriendo estas delicadas tierras y hospedarme algunos días en este mismo hostal dejando pasar las horas mientra vislumbro el fulgor de las estrellas es algo que me llena de dicha. Pero no hablemos más de mí. Dime, ¿de dónde vienes y adonde te diriges? Porque aquí, me imagino, todos estamos de paso.

- Vengo de España y mañana mismo me marcho a Siena. Voy a pasar el verano allí.

¡Siena! – exclamó- Una ciudad encantadora con sus enhiestas murallas, angostas callejuelas, acogedores restaurantes, fortalezas, palacetes y hermosas plazas ¡La Piazza del Campo! ¡Il Palio! ¡La Piazza del Duomo! Una maravillosa decisión. Yo, por mi parte, conozco muy bien España. He viajado mucho por las castizas tierras de la Castilla barojiana y la dicharachera Andalucía, todo alma y corazón, emulando los viajes de Merimée a la búsqueda de una Carmen traicionera.

- ¿Qué te parece, pues, Andalucía? Es una tierra adorable con sus flores de azahar, su alacre desparpajo y sus plácidos atardeceres.

- Sí, una tierra de ensueño. Me entusiasman los tesoros culturales de la Andalucía mozárabe, esa mezcla de culturas, colores y ambientes. Antaño cuna de una floreciente civilización y ejemplo de convivencia y tolerancia entre diferentes culturas.

- ¡Claro! Pero todo eso es historia. Aquel paraíso terrenal que tanto te atrae se ha convertido en un enorme erial. La convivencia entre las diferentes culturas, en ocasiones, se hace muy difícil y durante la última década hemos asistido al bochornoso espectáculo de algunos estallidos provocados por el racismo más abyecto.

- Sí, algo he podido advertir durante mis acompasadas estancias. Aunque, bien dicho, el racismo encubierto es, por supuesto, uno de los muchos estigmas de España, pero también recuerdo, sin ir más lejos, que durante mi último viaje, el país estaba salpicado por escándalos de corrupción aquí y acullá.

- Es cierto. Esa es una de las principales secuelas, entre otras muchas, de una transición democrática defectuosa como la nuestra. Una transición mal ejecutada y orientada por dirigentes sin ninguna experiencia, a causa, claro está, del régimen y la clandestinidad de los partidos políticos.

- Bueno, en ese caso y ante la inesperada rapidez de los acontecimientos no cabía otra alternativa ¿Quién se hubiera encargado poner en marcha la transición? Pero, dime, según tu opinión, ¿cuál fue el mayor error?

- Yo juzgo que el principal error ha sido, es y será el Estatuto de las Autonomías, dónde alcaldías y ayuntamientos, ya sean autonómicos, provinciales o municipales, gozan de un poder ilimitado para la planificación administrativa de sus territorios. Este modelo, tan alejado de Madrid, no funciona porque de tanta manga ancha, algunos concejos, sobretodo municipales, se han convertido en pequeños gremios de poder local fuera de toda ley y moralidad.

- De ahí, deduzco, procede la onerosa confabulación entre la polilla de empresarios locales con ansias de enriquecerse y los funcionarios públicos, llámense alcaldes, concejales, cabos, brigadas o fiscales, emponzoñados ante la atractiva perspectiva de colmar sus arcas particulares con un dinero caído del cielo como agua de mayo, que tantísimas veces he tenido la oportunidad de leer en los periódicos y escuchar en la televisión.

- En efecto. ¡Qué se podría esperar de esa gentuza! Aunque, una vez que la corrupción logra adueñarse de algún sector del ente público, no creas que todo se reduce a ese sólo ámbito infectado, siendo suficiente el someterlo a una cuarentena preventiva para erradicar el mal. No, las cosas no son tan fáciles. La corrupción se propaga como la peste: desde la judicatura a los cuerpos encargados de mantener el orden público. Si comenzara a relatarte escabrosas historietas sobre los abusos de poder acometidos por los encargados de salvaguardar el orden público, te aseguro que podríamos estar hasta mañana.

- Eccolo qua! Tienes toda la razón, algo similar ocurre en Italia. Aquí nuestra mayor lacra proviene de la afamada camorra, enraizada incluso en muchos ámbitos del sector público. En ocasiones, me he preguntado como se podría acabar con todo este Gran Casino. En Italia es harto complicado, pero ¿crees que en España las cosas son diferentes?

- Sinceramente no sé si podríamos llegar a cambiar la situación, pero sí, al menos, maquillarla.

- ¿De qué forma?

- En principio deberíamos comenzar con la desintoxicación de aquellos ámbitos del poder más afectados por la corrupción, denegando muchas de las funciones administrativas ejercidas unilateralmente en los Consistorios municipales, provinciales y autonómicos.

- Te refieres a limpiar aquellos puntos candentes dónde la corrupción podría infiltrase y propagarse con mayor rapidez.

- ¡Exacto! Delegar algunas funciones autonómicas para someterlas a un control mucho más férreo del Gobierno Central. En ese caso se denegarían a los Consistorios funciones tales como la recalificación de terrenos.

-. Sin embargo, considera que eso supondría asimismo una sobrepuja del poder central en Madrid, tanto como una farragosa ralentización en los procesos administrativos. Un poder demasiado centralizado siempre acaba sucumbiendo a su propia medicina. Ahí tienes el desplome de la Unión Soviética dónde para cambiar una bombilla era necesario habérselas con la Adminstración Central, pudiendo pasar semanas e incluso meses hasta recibir el nuevo lote de bombillas.

- Eso son casos extremos. No vayamos tan lejos. Piensa en el modelo francés: uno de los países europeos con una menor tasa de corrupción según publican anualmente los índices de la agencia Transparency International. De todas formas ya había sopesado ese inconveniente, aunque, bien pensado, toda modificación social acarrea consigo un ristra de pros y contras. Con todo, estimo que, en nuestro caso, las ganancias efectivas superarían con creces a las pérdidas. Además no se trataría de una simple y llana transferencia de competencias a Madrid, sino de la implantación de una escala o gradación en los procedimientos de ciertas funciones administrativas.

- No te sigo.

- Un ejemplo servirá para aclarar tus dudas: imagina que un ayuntamiento conchabado con el constructor de turno tiene previsto recalificar unos terrenos, anteriormente adquiridos por este último para la construcción de un complejo urbanístico y, de este, modo incrementar el valor de susodichos terrenos juntos con las enormes ganancias obtenidas de la diferencia entre la compra de los terrenos por parte del constructor, antes de proceder a la recalificación, y su posterior venta a los particulares. En este caso, dónde tanto alcalde como el concejal de urbanismo no dejarían de cobrar sus merecidos estipendios, sólo sería necesario plasmar la firma consensuada de ambos, esto es, el alcalde y el concejal de urbanismo, dando luz verde a la operación.

- A eso se le llama una verdadera “alcaldada”.

- Como decía, tan sólo bastaría la firma de ambos individuos. Ahora bien, en un sistema de gradación administrativa, un proceso tal como la “recalificación” de terrenos, pasaría por diferentes manos antes de llegar a ser efectivo. Esto es, una vez el alcalde y el concejal de urbanismo estampasen su firma en el documento acreditativo, éste pasaría a manos del encargado de tales trámites en la provincia o región, si éste diese su visto bueno, llegaría seguidamente a las manos de un representante autonómico nombrado por el gobierno. Una vez el documento sobrepasase esta doble aduana, sería finalmente enviado a Madrid para revisarlo y zanjar de una vez por todas su proceso de validación en las oficinas de una institución creada para tales efectos.

- Demasiado complicado, ¿por qué no enviar directamente el documento a Madrid?

- Muy fácil: en determinadas ocasiones, las peticiones para la “recalificación” de terruños municipales ni siquiera llegarían a Madrid, porque no adquirirían el visto bueno del representante provincial o, tal vez, el autonómico.

- Ahora veo la gran ventaja de este modelo: para el matrero constructor local es mucho más fácil lisonjear a los funcionarios del Consistorio municipal que llegar con sus halagüeñas promesas de felicidad hasta las altas esferas de Madrid.

- Has dado en el clavo. Es más fácil corromper a una sola persona que a varias de ellas mucho más alejadas del ámbito de influencia caciquil acaparado por los detentores del poder monetario, como los empresarios y constructores locales.

- El único problema me sigue pareciendo la lentitud con la que andarían las peticiones administrativas de los miles y miles de concejos autonómicos, provinciales y municipales.

- Eso son cosas que por el momento no nos atañen, porque el propio sistema se encargará de mejorar y agilizar las tramitaciones una vez sea puesto en marcha.

La noche toscana batía sus silencios quebrados por el inefable parloteo de las tórridas cigarras y el retintín martilleador de los grillos lenguaraces.

- De todos modos, por algún sitio habrá que comenzar si tenemos intención de mitigar y encarrilar otro tanto los deslavazados principios democráticos. A todas luces, tanto por el caso español como el italiano, tengo la amarga impresión de que la mal llamada democracia no anda como debería.

- ¡No te equivocas un ápice! Lo más curioso de todo, o escandaloso, según como se mire, es que ni éste, ni ningún otro gobierno se plantearán nunca verdaderas reformas estructurales capaces de modificar y suplantar los actuales resortes del poder. Como sabes, se habla de las reformas educativas, sociales, económicas, judiciales…pero todo este convoluto de leyes y artículos no es más que una gigantesca bola de nieve despeñándose por una inclinada ladera y aumentando sus proporciones hasta que la bola se desintegre en mil pedazos cuando alcance el pie de la montaña.

- Y en ese caso el choque será tremendo debido a sus enormes dimensiones.

- ¡Exacto!

- Sí, tienes razón, todo eso no son más que aclarados, lavados de cara. Insuficientes, en todo caso, para extirpar los males que aquejan al actual sistema social.

- Voilá! Como la mucama que puliría a diario el suelo escondiendo el polvo debajo del felpudo…

- ¡Hasta que el felpudo se le quede pequeño y el polvo se escape por todos lados!

- Veo que nos vamos entendiendo mucho mejor.

El joven blondo se retuerce sobre su silla, acompañando su movimiento vermicular de una contagiosa y risueña hilaridad que logra enmudecer los calurosos estertores de las cigarras y el gárrulo albedrío de los grillos inquietos.

- Y eso que en España algunos todavía se congratulan creyendo que la República será el remedio para acabar con todos los males ¡Pobres ilusos! Mira de que nos ha servido la república a los italianos o los franceses. Seguramente muy pocos conocerán el nombre del Presidente de la República Italiana, pero ninguno ignorará el del señor Primer Ministro don Silvio Berlusconi.

- No le des más vueltas; en España siempre están con la misma cantinela, el mismo tira y afloja para desbancar de una vez por todas a la monarquía borbónica e instaurar un régimen republicano como si el advenimiento de la República borrara de un plumazo todos nuestros males.

- Eso no son más que algunos alucinados llevados por la inercia de un discurso hecho, vacuo y sepulto. Una sutil faramalla que tocan y retocan, incapaces de vislumbrar otra alternativa factible para trasquilar el actual estado del país. Dime, con la mano en el corazón, ¿crees que la República acabará con los males de España? ¿Acaso la substitución de don Juan Carlos por un Zapatero, Rajoy, Esperanza Aguirre, José Blanco, Leire Fajín o Soraya Sáez de Santamaría reportaría algún beneficio para España? Es muy fácil clamar por la vuelta del régimen republicano cuando uno se deja embaucar por los discursos aprehendidos desde su juventud, en lugar de ponerse manos a la obra y afrontar los problemas desde las condiciones impuestas por el incontrovertible presente.

- Por supuesto, no basta con cambiar el nombre del “cobre” para que éste se convierta en “oro”.

- Davvero ma… en este caso, los sectarios defensores del republicanismo, admirado y tratado como una panacea universal para acabar con los males que asuelan nuestra sociedad, bregarían a modo de un obrero persuadido en elevar un muro con pasta dentífrica, porque no le convencen la textura, olor y color del cemento.

- En ese caso más valdría seguir utilizando el cemento a fin de mejorar sus cualidades. Pero, eso no son más que ejemplos y la realidad es que en España el discursillo taladrador de una República salvadora gana adeptos entre la ignara juvenialidad.

- La Republica como el maná divino.

- ¡Impecable! ¡El maná divino! Ese será el título de mi próximo artículo.

- ¿Escribes? Yo también. Podría enseñarte algunos poemas que he compuesto estos últimos años.

- Con mucho gusto, pero ahora sigamos nuestra conversación y no nos vayamos por los cerros de Úbeda.

- Entendido. Y tú, ¿qué piensas de la monarquía?

- Me dispiace molto ma…no me sonrojo si te digo que yo me declaro monárquico sí, pero de la reina.

- ¿Monárquico, pero de la reina?

- Sí, como bien escuchan tus asombrados oídos: soy monárquico, pero de la reina.

- Ya me lo explicarás con más detenimiento a lo largo de esta noche.

- No te preocupes tenemos tiempo de sobra. Por cierto, llevamos un buen rato charlando y aún no nos hemos presentado…

- Luigi Aquaponte.

- Todo un placer, Luigi ¿A qué te dedicas?

- Sono viaggiatore.

28 jun 2010

Pan y circo

(Tercer acto y final de la primera serie del Ruedo Ibérico)

Bien conocida es desde antaño la necesidad de agasajar al pueblo mediante la puesta en marcha de diversos entretenimientos lúdicos capaces de arrancarles, por momentos, a la miserable monotonía de sus quehaceres diarios y, a la postre, colmar su tiempo libre otium con ocupaciones tan inocentes como el forcejeo asesino de los gladiadores romanos o la animada correría de veintidós almas dándole pataditas a un balón en los abarrotados coliseums modernos. Así, los exuberantes combates de gladiadores organizados en la Roma imperial afín de apaciguar los caldeados ánimos del populus latino, no dejaban de ser, asimismo, una eficaz panacea concebida para amortiguar los envites del populacho descontento. De una forma sutil - una especie de psicología inversa-, los asistentes al Coliseum romano daban rienda suelta a sus pasiones más conspicuas y destructoras durante aquel espectáculo sanguinario, padeciendo, según aducía Aristóteles, una purificación o catarsis de sus pasiones desordenadas y, al mismo tiempo, experimentando un consabido efecto amilanador: habida cuenta de que los allí reunidos lograban desfogarse a su antojo y acabar, como diríamos hoy, hechos un pincel. El lenitivo anhelado para mantener siempre a raya los vaivenes de la incontrolable voluntad popular. Una voluntad, sin embargo, sesgada y bien contenida en el limbo de una pertinaz indiferencia, reflejada por el indolente alelamiento de buena parte de la colectividad social ante el opiáceo control y voladizas dosis de felicidad acuñadas en el reino del impúdico espectáculo. El pan y el circo necesarios para contener y enmendar el clamor de las voces insatisfechas con la política romana. Las artes terapéuticas de este ingenioso placebo romano, residen, a todas luces, en un descubrimiento sin precedentes en la historia: el populacho es acusadamente olvidadizo y conformista. Ante esta deslumbrante revelación, enraizada en los profundos estratos de la “psiqué” humana, nada se podría replicar. Una vez saciados los instintos vitales - el hambre y los placeres carnales- el resto no son más que burdos oropeles, tan sólo diferentes formar de culminar estos dos instintos según las necesidades de los poderes establecidos. En nuestro caso, no cabe sino echar un vistazo en derredor y advertir como las instituciones – oficiales o para-oficiales- se encargan de organizar el tiempo en franjas de mayor o menor audiencia, jornadas de máxima o mínima afluencia – fines de semana y días festivos- temporadas altas y bajas. Con estas pesquisas iniciales, no sería aventurado sostener que una de las herramientas más queridas y eficaces del dominio lúdico está simbolizada en los “Teleprogramas” dónde el tiempo aún por venir, esto es, el futuro - compilado en días, semanas e incluso meses- se programa bajo el patronazgo de las cadenas televisas y el imperio del espectáculo. Es importante, para nuestro análisis, subrayar el rasgo del tiempo aún por venir porque este representa el futuro, es decir, esa proyección incierta del avenir regida por la absoluta libertad y azarosidad de los acontecimientos. Anticiparse al futuro forma parte de la condición humana, pero organizar y, en cierto sentido, condicionar el avenir, orientarlo y predisponerlo conforme a los predicamentos dictaminados por el mercado del espectáculo significa desbancar la libertad humana en favor del más aciago determinismo mercantil.

Por otro lado, la hegemonía del espectáculo en la sociedad contemporánea se ha transformado en un hontanar casi exclusivo de valores en boga. En este sentido podemos pensar en el culto desenfrenado al cuerpo, el hedonismo de la abundancia, el erotismo vulgarizado, la mercantilización del placer, el voyeurismo de libidos virtuales o la transgresión del individuo transgredido, esto es, la afirmación de una individualidad en la mera ruptura de las formas establecidas – pienso en fenómenos sociales tales como “Lady Gaga” o el finado “Michel Jackson”- y la adoración de una nueva categoría social: el famoseo. Hace apenas un año el coleccionable mensual Le Monde Diplomatique presentaba una encuesta realizada sobre la población escolar francesa, niños y niñas entre 8-16 años, respecto a sus futuras inclinaciones profesionales. Así, a la pregunta “qué te gustaría ser de mayor” más del 30% respondería: Famoso. Si la realidad fuera racional y lo racional fuese real, entonces no tendríamos por qué alarmarnos ni con estas estadísticas ni con el trasfondo social que las sustenta. Tan sólo bastaría esperar que la propia marcha de los acontecimientos sociales procediese a su justa rectificación. Sin embargo, allende las especulaciones, se imponen los hechos que, como tales, son impepinables e incontrovertibles. La alianza entre capital y espectáculo, el ensamblaje entre diversión y valores daría lugar a un nuevo tipo de organización social que Guy Debord nombraría “La sociedad del espectáculo” allá por el año 68. Los tiempos han cambiado y de aquel tiempo a esta parte se han multiplicado, acelerado y sobremanera proliferado los avances tecnológicos. Este omnímodo avance de las nuevas tecnologías ha ido acompañado, a la par, de una profunda modificación de las conductas y una amplia revolución de las costumbres – sobretodo en países democráticos-. Las modificaciones cualitativas producidas durantes el siglo pasado se han propagado y sedimentado lentamente en el interior de las casi imperceptibles estructuras de “longue durée” – como diría Ferdinad Braudel- concomitantes a todo proceso histórico. Una de estas modificaciones cristalizadas en el seno de las nuevas “sociedades del espectáculo” radica en la acusada disminución – más bien carencia- del juicio crítico ejercido por la opinión pública. La falta de discernimiento popular capaz de elevar una voz firme y unánime contra los desafueros del gobierno o bien, los indecorosos desenfrenos de la balumba televisiva, se palpa cuando los platós de televisión rezuman de empingorotadas señoras, señores, jóvenes, jóvenas y ancianas plañideras arrobadas ante la inconmensurable emoción de asistir en directo al retorno televisivo de la “princesa del pueblo”, Belén Esteban, con su retocada narizota. Si Nikolai Gogol resucitase mañana, estallaría en sardónicas carcajadas cuando advirtiese que semejantes episodios de la vida real se corresponderían punto por punto a las alocadas fabulaciones de su obra La Nariz. Para mayor inri, no quedaría más que acotar los quince días durante los cuales, la vocinglera presentadora estuvo alejada de los platós televisivos y enumerar los artículos, tertulias y noticias relacionadas con “la nueva nariz de la susodicha presentadora” – un dato revelador: dicha información también fue comentada en periódicos tales como “El País” y “El Mundo”-. Algunos, amparados tras el cobarde anonimato de una etiqueta, pensarán que todo esto no es sino una mórbida ilusión de mentes calenturientas o bien, de pedantes, petulantes o ágrafes vanidosos incapaces de distinguir entre el uso correcto del vocablo “gaceta” y el incorrecto “gazeta” – a menos que no se utilice ni en italiano ni en ruso-. Con todo, los bizarros acusadores olvidan a menudo que la única petulancia remarcable, en este caso, consistiría más bien en acusar sin señalar, en apuntar las supuestas faltas sin aportar ningún juicio o reflexión capaz de dilucidar los claroscuros de una exposición fallida. Aquéllos se asemejan al cerril abogado que basaría su acusación particular en la única prueba fehaciente de “la poca simpatía que le despierta el sujeto en cuestión”. Inútil sería entrar en detalles para evidenciar la poca falta de probidad intelectual y valentía en individuos de esa calaña. Por añadidura, a día de hoy, esa polilla mamporrera aún no ha conseguido percatarse de que la única forma de inclinar siquiera la balanza de la moribunda opinión pública - crítica y seria- no pasa, ni mucho menos, como algunos se empeñan en darnos a entender, por abrumar a los lectores con manidas cifras y estadísticas que cambian constantemente según el albedrío de los centros oficiales de computación ni tampoco, si cabe, dejando entrever su patente disconformidad sin aportar argumentos o razones suficiente para establecer una reflexión crítica conjunta. Estos malabaristas del guarismo enarbolan el credo de las cifras y estadísticas como el vademécum de un renovado mesianismo revolucionario, sin parar mientes, en la necesidad de arrumbar los papelajos encriptados en las gavetas de sus empolvados escritorios y tratar de remozar la marcha desastrosa de esta España de “farándula y capotes”, rociando la simiente errabunda de la nuevas generaciones con la mordacidad y novedad de una reflexión crítica que se aparte de los cauces concertados por los poderes seculares, esto es, los medios de comunicación – radio, prensa y televisión, salvo honrosas excepciones. ¿Acaso la solución pasaría por la simple y llana “depuración”? Hago notar que semejantes términos como “depurar” en lugar de “limar”, “modificar”, “remodelar”…etc, forman parte del horripilante idiolecto del más puro fanatismo ideológico. La depuración corresponde a la censura más abominable: la censura inquisitorial que se empeña en imponer una única, válida e indiscutible composición de la realidad, el mundo y las ideas sin tratar de llegar a un acuerdo entre las partes implicadas. Las ideologías, digo, han sido y serán la lepra de toda sociedad. El siglo XX asistió al auge de las ideologías con el estallido de dos guerras que sacudieron Europa y tuvo que apechugar con onerosas muestras de ese ciego fanatismo tales como la exterminación de los judíos, los campos de trabajo forzados (Gulag) en la Unión Soviética, las atrocidades de la Revolución Cultural en China, la sangrienta gazmoñería de Jomeini o las matanzas de Pol Pot.

Como veníamos diciendo - antes de realizar este largo excurso-, las nefastas consecuencias acarreadas tras la implantación de un nuevo tipo de organización social denominado “Sociedad del Espectáculo” radicaban especialmente, entre otros muchas síntomas, en la zafia condescendencia de una audiencia o público pregnado de los malsanos valores pergeñados en el ámbito de la “irrealidad mediática" y su falta casi absoluta de juicio crítico. Por otro lado, en las “sociedades del espectáculo” también prolifera un remarcable fenómeno de adocenamiento general. Un fenómeno aclimatado por la adecuación, o mejor dicho, constricción del horizonte cultural de la ciudadanía a los reclamos exclusivamente inventariados de la lógica mercantil. A modo de ejemplo, podríamos poner sobre el tapete las encuestas de población, realizadas cada cierto tiempo por las grandes firmas discográgicas y editoriales, a fin de evaluar el impacto de sus nuevos productos – llámese Javier Marías, Fernando Savater, Boris Izaguirre, David Bisbal o Chenoa- sobre la populación. De esta forma se emprenden costosas campañas publicitarias con la finalidad de ahormar a priori los “gustos” del público y garantizar la posterior recepción y adquisición de sus productos. Una refinada labor de ingeniería mercantil que puede llegar a modificar a su antojo los gustos de un “público adocenado”. Sin ningún reparo, el ciudadano pasa a ocupar de inmediato la casilla de “consumidor empedernido”, al auspicio de la envilecida lógica mercantil. De ahí, la importancia de mimar al ciudadano-consumidor a sabiendas de su importante posicionamiento en la correa de transmisión mercantil. La dinámica mercantil del mundo desarrollado se imbrica, pues, en el interior del “entresijo espectacular, bien articulada y coordinada con el modelo socio-cultural esbozado en el funciomiento de la democracia capitalista. Un capitalismo que responde a su vez, al arquetipo de una modernidad desquiciada, una modernidad traumatizada, producto de profundas rupturas donde los abusos de una libertad mal orientada han degenerado en una crisis de valores sin precedentes. Desbordados por un nihilismo de signo opuesto al nietzscheano, no afrontamos una negación crítica de los valores establecidos sino su disolución en una amazacotada y pasiva indiferencia, ya apuntada, años atrás, por Octavio Paz en su recopilación de artículos intitulada Tiempo nublado,

La enfermedad de Occiente, más que social y económica, es moral. Es verdad que los problemas económicos son graves y que no han sido resueltos: al contrario, la inflacción y el desempleo aumentan. También es cierto que, a pesar, de la abundancia, la pobreza no ha desaparecido. Vastos grupos –las mujeres, las minorias radicales, religiosas y linguisticas- siguen siendo o sintiédose exluidos. Pero la verdadera y más profunda discordia está en el alma de cada uno. El futuro se ha vuelto la región del horror y el presente se ha convertido en un desierto. Las sociedades liberales giran incansablemente: no avanzan, se repiten. Si cambian, no se transfiguran...

Uno de los mayores responsables de este marasmo moral ha sido la interiorización de los engranajes socio-culturales difundidos con el advenimiento de la “sociedad del espectáculo” y, cuyos deplorables efectos sobre el conjunto de la ciudadanía, ponen incluso en tela de juicio uno de los principios fundamentales de la extinta democracia: la separación de poderes. El remedio para acabar con los abusos de poder, pasa, ante todo, por el sistema de balanzas y controles regido por la independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial sometidos al contrapeso de una opinión pública en las decisiones gubernamentales a través del sano y cuerdo ejercicio de la crítica. Este contrapeso esencial para evitar la confabulación de los tres ámbitos del poder, se desgasta y desfallece paulatinamente a medida que la estulticia y la desazón, se apoderan de una gran mayoría, incapaz de reaccionar ante las embestidas del morlaco político-mercantil. Ahora que los estados claudican ante las arrogancias del mundo financiero, un nuevo episodio se suma a toda esta abyecta serie de abusos de poder promovidos por la soberbia de un estamento asimismo tan corrompido como el bursátil – la diputambre- cuya impunidad responde, en parte, al desmantelamiento de una opinión pública combativa en España. Me refiero a las declaraciones del Defensor del Pueblo de la Comunidad Valenciana tachando de correcta la retirada, durante el pasado mes de marzo, de algunas fotografías exhibidas en la muestra Fragments d’un any porque “no garantizaban la formación de una opinión pública libre y no manipulada”. En democracia todo está permitido, excepto la sumisión pasiva y la indiferencia.

8 jun 2010

"La Mayoría Silenciosa"
(Segundo acto del Ruedo Ibérico)
Atisbo con el curioso embebecimiento del lego impertinente como tras la debacle económico-social del estado griego propiciada, en parte, por el pavor atenuado de los mercados financieros - esa despiadada balumba del universo bursátil imbuida en sus jugosas operaciones de agiotaje desenfrenado- la voz popular ibérica, vox populis iberiae, durante tanto tiempo adormecida sobre el mullido regazo de una ilusoria prosperidad, se despereza, al fin, del dulce letargo para condenar al unísono una verdad tan evidente y descarnada que hasta el más necio se sorprendería asimismo cuando algunas egregias personalidades de este país la declamasen como el descubrimiento de una nueva América. Al fin y al cabo, por mucho que los encargados de mantener el orden institucional se lo propongan, aquella ruborosa Verdad fue asumida tiempo atrás: la democracia ha llegado a su fin y cualquier discurso enhebrado con las hiladuras del credo democrático será finiquitado sin preámbulos como un cínico y embaucador juego de palabras carente de todo sentido. La manida trama democrática, - que tanto ha servido de mampara para los usos y desusos del nuevo orden mundial- se deshace, cual profusas ilusiones de un infante engreído, cediendo su plaza a un “poder inasible” acaudillado por una minoría no-electa y amparado con el beneplácito del estado soberano. La principal arma arrojadiza de esta inefable oligarquía financiera mundial anida entreverada en su omnímoda ubicuidad. Inmune a los ataques que le llueven por todos lados, su “poder” se extiende a cada uno de los rincones del planeta parapetándose tras los recovecos del embrollado laberinto ahormado por el triunvirato burocrático, financiero e institucional.
Mas no perdamos nuestro valioso tiempo rompiéndonos la cabeza con farragosas definiciones que no aportan ninguna novedad en el seno de la intelectualidad hispana “mire usted, yo no nací ayer porque esto se veía venir de muy lejos” – comenta la mayoría silenciosa-. ¡Y tan de lejos! Otrora la historia – concienzuda garante del pasado, presente y futuro – también nos ha testimoniado la falibilidad de cualesquiera organizaciones sociales, - llámese feudalismo, monarquía, república, o democracia-, ejemplarizada a través del hundimiento de imperios, naciones y modos de vida. La decadencia concomitante, pues, en la dinámica histórica ha sido objeto de diversas discusiones y modelajes desde la aparición de la obra de Spengler intitulada La decadencia en Occidente. Así, nadie pararía mientes, a día de hoy, en sostener que, por ejemplo, el estallido de la Revolución Francesa pillaría en calzoncillos a Luis XVI y sus acólitos palaciegos en la corte versallesca o bien, la toma de Roma por Alarico I cayese a modo de un imprevisible jarro de agua fría en aquel período del cristianismo rampante.

Con todo, en España nada es evidente mientras no se demuestre lo contrario. Sin embargo, el descalabro del capitalismo financiero mundial unido a la profunda crisis económica e institucional del terruño nacional y la puesta en escena de los mayores recortes sociales en la historia de la democracia, han encendido el piloto de alarma en el corazón del pueblo ibérico ¡El capitalismo no funciona! ¡El capitalismo no es infalible! – vociferan a bombo y platillo en los cenáculos de la intelectualidad ibérica- Ahora, cuando empujado por la inercia mundial, el estado claudica y se humilla ante los arrogantes predicamentos de la oligarquía financiera mundial, aquéllos se lanzan a un tira y afloja para poner a las claras los agujeros negros detectados en el centro neurálgico del sistema capitalista: el mercado financiero. Pero caballeros, si como no se cansan de replicar, “esto se veía venir de muy lejos” entonces, ¿por qué nadie hizo nada? Los gallos se pavonean alrededor de las aturulladas gallináceas, “Bueno, todo a su debido tiempo. Aquel no era el momento preciso de emprender acciones y al final todo se nos vino encima” Por consecuencia no se hable más. A todas luces, la culpable de este entuerto no ha sido más que una cicatera cabriola del Destino juguetón, empeñado en hacerle pagar los platos rotos al ciudadano, consumidor y votante que, poco o nada, tiene que ver con el acusado desbarajuste en la balanza del mundo capitalista. Tal vez, el Destino despiadado, a semejanza del irascible Dios judío, encolerizado ante las consabidas insolencias del pueblo israelí, nos infrinja tamaños castigos para aplacar nuestra irreverente vanidad.
Ya saben ustedes que no hay mal que por bien no venga y mutatis mutandis podemos colegir, tomando un retorcido adagio del credo filosófico que, a fin de cuentas, vivimos en el “mejor de los mundos posibles” dónde todos los males se convierten, por ensalmo, en “necesarios”. La justificación parece obvia y aunque la mayoría silenciosa se empecine en darnos a entender lo contrario, insinuando que, quizá todo este malestar financiero no proceda de un maquiavélico – aunque necesario- designio de la Moira despiadada, sino, tal vez, del manirroto comercio capitalista ejercido gracias al confabulado monipodio de unos cuántos conminados en su ciego afán por alcanzar, cuanto antes, la gloria eterna en el paraíso terrenal de las finanzas, la implacable historia del capitalismo sanguinario continúa su marcha triunfante. Bien que ahora, como digo, la mayoría silenciosa se despepite, alzando envalentonada la voz, entretanto van cumpliéndose uno a uno los carpetovetónicos designios del Sino despiadado y los encargados de volver a engrasar los carcomidos engranajes de la economía nacional, no serán sino aquellos que, por desgracia, menos pintan en todo este desaguisado. Y es que señores, ¡para eso está la Democracia! Ahora todos juntos y llevados de la mano aportaremos nuestro granito de arena en la recuperación de la maquinaria nacional. ¡Viva la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad! ¡Viva y mil veces viva! ¡Viva hasta el infinito y más allá! Visto así, no hay porqué ponerse hecho un cristo si ora el minero de Asturias, ora el empleado de una cochambrosa cadena alimenticia en Almería tienen que “apretarse el cinturón” – como bien afirma y reafirma el cinismo mediático en vez de utilizar expresiones tanto o más verosímiles como “hundirle un poco más en su miseria- para sacar el barco a flote y atraer, cual oro de las Indias, la flor y nata de los mercados financieros. Al contrario, todos deberíamos estar orgullosos. Orgullosos es poco decir ¿Quién no sentiría henchirse el pecho cuando conocemos que el Senado se gasta más de 6000 euros en cada una de sus sesiones para la contrata de traductores cualificados? ¡Ni en el seno de las Naciones Unidas cabría semejante despilfarro! ¿Tal vez nos enorgullezca aún más saber que los componentes de la selección española se embolsarán, en el caso de ganar el mundial, la friolera de 600.000 euros por cabeza? ¡Es que en España no escatimamos un euro en pamemas! ¡Aquí las cosas se hacen por todo lo alto! Pero vayan ustedes, mi muy señores míos y díganle al pescador gallego, el camarero catalán, el obrero vizcaíno o el taxista valenciano que nunca han pensado en hacer un mínimo esfuerzo y proceder a comunicarse en castellano o, a lo sumo, contratar un profesor particular de inglés con el sueldo de los traductores para, dado el caso, emplear esa lengua en sus sesiones. Tampoco vamos a estar dando tijeretazos a diestro y siniestro: sigamos con nuestro senado políglota y que la mayoría silenciosa se las apañe como pueda con la congelación de los salarios, las pensiones, los recortes sociales y la supresión del cheque-bebe. Todo sea por el bien de las autonomías y la selección española.

Así y todo, podemos esbozar una hipócrita sonrisa de complacencia cuando miramos a nuestro alrededor y, en efecto, corroboramos que la actual coyuntura mundial es el resultado evidente de un “mal necesario” - a tenor de los también inminentes “apretones de cinturón” tanto en Italia como en nuestra vecina Portugal. Visto lo visto deberíamos considerarnos hasta privilegiados porque en tales circunstancias hemos tenido el coraje suficiente para salir primero a la palestra y anunciar lo inevitable. Sin embargo la Fortuna no sonríe a todos por igual y diferentes países del marco europeo hórreos, por el momento, de los malévolos designios del Hado despiadado, tientan a su antojo la suerte caprichosa. Pero seamos realistas ¿podrían tales medidas llevarse a cabo en países como Francia, Alemania, Suecia o Finlandia? Sin preámbulos ni rodeos innecesarios la respuesta sería un rotundo no. “Y es que los franchutes son una miajita agarraos - me comentaba no ha mucho un sevillano de Dos Hermanas- y eso de arrimar el hombro por sus semejantes no va con ellos. ¡Ozú quillo, yo me queo con la servesita, el chiringito, la playa y el furbo! Que por muncho que digan, como la gente española poca o ninguna encontrará”. Sin duda, aquel no se equivocaba y llevaba su parte de razón porque en las combativas Tierras Galas saben por experiencia que allí nadie pagará los desperfectos ocasionados por los devaneos de la clase financiera. Si no, vaya usted otra vez y dígale al terne jubilado alemán, sueco o francés que, de ahora en adelante, se verán obligados a dejar en la cuneta sus prolongadas vacaciones mediterráneas, al disfrute del calor, el sol, el mar y la playa porque el mundo de la finanza se ha desplomado y el país no anda como debería andar. Pero, Spain is different. Aquí todos cerramos la boquita, arrimamos el hombro y no tenemos ningún reparo en echar mano a los impuestos del risueño camarero andalusí y renunciar a nuestras vacaciones estivales para que la maquinaria económica se ponga otra vez a rodar. ¡No se diga más! Si mañana el gobierno anuncia otra subida de impuestos porque en el Senado han decido contratar una nueva partida de traductores mucho mejor cualificados, no se muevan de sus asientos, aquí estamos pá lo que ustedes manden. “¡Aquí, no pasa ná! ¡Que pá eso estamos nosotros quillo, pá sacá este paí a flote! – replica el dicharachero sevillano- Ezo guiri son tos unos amargaos de la vía ¿Acazo los zueco u alemane pueden apresiá er divino arte de la Pantoja? Otra vez te doy la razón, mi estimado hispalense, porque bien pensado los suecos y alemanes no están hechos de la pasta ibérica y, por mucho que aplaudan entusiasmados ante el voraginoso zapateado de un bailador sobre el tablao o los desgarradores jipíos del cantaor flamenco arrobado en el candor de una farruca, aquellos nunca llegarán a degustar el sublime garbo y donaire de la Tonadillera, ni entender cómo ésta levantaría tan pródigas pasiones en España, cuando algunos la enseñorean, allá por donde pisa, para verla ungida con la alcaldía de Marbella. ¿Cómo llegaría alguna vez el sueco taciturno o el alemán apergaminado a apreciar tanta gracia y salero ibérico? ¡Ezo, Ezo! Bien ha dicho mi niño, ¡te me comería toíto a besos! ¡Que arte, que grasia y que ojasos! – continúa aquél-. Y más ahora que media España llora la funesta suerte de la Tonadillera reclamada por la tuerta Justicia y la otra media se resigna a este “mal necesario” dejemos a los bonachones jubilados suecos o alemanes disfrutar de la playa, el chiringuito y los coloridos faralaes de la apetecible bailadora, mientras nosotros le pedimos a la Virgen que por favor nos eche una manos para salir adelante y lleve a la selección española en volandas hasta la ansiada final del mundial “¡Pide lo que quiera por esa boquita mi arma, que la luna pondré a tus pies si farta hace!” Gracias, mi amabilísimo andalusí, pero este año tan sólo me conformo con ver a la selección española alzando la copa del mundo y a la mayoría silenciosa echándose a las calles para celebrar tamaña proeza.

7 jun 2010

CONTAMINACIONES SE DESPIDE

Aquí os dejo la última edición del programa de radio "Contaminaciones".
Muchas gracias a todos los que habéis colaborado con nosotros.

En esta última edición contamos con la colaboración de:
-José Luis Molina: Profesor titular de Antropologia Social de la Universitat Autónoma de Barcelona.
-Ana López: Traductora Literaria.
-Eduard Aguilar:"Tinta Sonora"

26 may 2010

La Diputambre
(Primer acto del Ruedo Ibérico)
En ocasiones personalidades fuera de lo común – ya sea consecuencia de su genialidad innata o rocambolesca excentricidad- concitan, en general, toda una plétora de sentimientos contrapuestos - que oscilan entre el sainete popular y el encomio enfervorecido-, llegando incluso a poner el santo en el cielo de aquellos incontrovertibles y obcecados defensores de la normalidad cotidiana. Así, el nombre de Francisco Umbral provocaría semejantes reacciones en cadena. Sin embargo, la prosa mordaz, ruda y desenvuelta de Umbral – que nunca deja indiferente a nadie- nos descubre una concepción del Madrid capitalino a finales de los noventa harto alejada de los pudibundos requilorios periodísticos y timoratas adhesiones al credo partidista promulgadas por nuestras eminentes plumas dominicales. Si nos adentrásemos en los arcanos de este universo umbraliano, de rondón y como si de un mirífico maná se tratase, nos daríamos de bruces con la descripción de un paisaje político-social sobremanera desconcertante e incapaz de solaparse a nuestra imagen concertada de la realidad española. Una realidad enquistada en el imaginario colectivo difundido y manipulado con la perita aquiescencia de los medios de comunicación oficiales. Con Umbral, lo negro se vuelve blanco, las noches se convierten en días y la izquierdas se vuelve derechas o, al contrario, las derechas se vuelven izquierdas. Así, gracias a la pluma encalabrinada de Umbral y el inigualable cacumen del gran literato gallego Valle-Inclán me propongo inaugurar el ciclo El Ruedo Ibérico, cuya primera serie estará compuesta de tres artículos “La Diputambre”, “La Mayoría Silenciosa” “Pan y Circo”, tan sólo con la pretensión añadida de ofrecer al lector un panorama remozado de la realidad cotidiana en nuestro país.

Don Francisco Umbral, movido por el prurito taxonómico propio del buen zoólogo escrutaba atento la realidad madrileña hasta el extremo de llegar a cerciorarse, para su asombro, de la inusitada aparición de una nueva especie animal que, en un brevísimo lapso de tiempo, supo adaptarse a las condiciones ambientales de la Península y convirtió el Parlamento en un hábitat propicio para desplegarse en toda su potencialidad biológica. Una especie que - por utilizar la expresión del inolvidable Félix Rodriguez de la Fuente- procedente de la “España profunda” había conseguido llegar hasta Madrid sin apenas levantar sospechas. Umbral se las vería, pues, con la denominada Diputambre.
Ataviados con elegantes corbatas, lustrosos zapatones, deslumbrantes maletines de cuero e impecables trajecitos adquiridos verbigracia la desinteresada munificencia de algún rumboso mecenas de la construcción en alguna tienda con rótulos franceses o italianos, aquellos flameantes hombres y mujeres son los encargados de salvaguardar el bienestar del estado español y lidiar con las achacosas acometidas de una economía en horas bajas. Aunque, bien pensado, tantas zarandajas y oropeles, viajes alrededor del mundo, chalets a la orilla de la playa y ajetreo oficial de sus cargos: cenas, inauguraciones, correrías con el presidente del Tribunal Autonómico, el Fiscal General, el gerente de afamadas firmas hoteleras, bancarias o financieras , no encaja con el paupérrimo estado de sus cuentas bancarias. Cada uno de estos pobres hombres y mujeres, subyugados en el muladar de una próspera miseria, andan hechos unos azacanes dedicados en cuerpo y alma al siempre complicado manejo de los asuntos públicos. Bienhechores de la humanidad, emprenden sus tareas con tal irreprochable abnegación que deberíamos estar sumamente agradecidos a la historia por habernos brindado semejantes gracias divinas nunca jamás atestiguadas desde la parentela de los reyes católicos hasta los últimos días de Azaña. Valedores de dotes cuasi sobrehumanas, estos “buenos conocedores de las cocinas regionales” – escribía Umbral- acuden ceremoniosamente a sus escaños donde se enzarzan en agrias disputas, se desgañitan deslumbrando al hemiciclo con ardorosas soflamas dignas del propio Cicerón, componen lúcidos palimpsestos y desgranan pomposas catilinarias. Tanta dedicación conlleva su contrapartida, claro está, en la afectada muestra de cansancio crónico atisbado entre algunas de estas grandilocuentes lumbreras. Tales indisposiciones crónicas, fomentadas a tenor del cansancio acumulado y su conspicuo sentido de la responsabilidad pública, acaban por desgastar su inquebrantable voluntad, dando pie a situaciones del todo inesperadas, o más bien, sorprendentes.
A veces, no sólo es la fatiga - que sin duda llevaría al señor Zaplana a tildar de ridículas las indumentarias tradicionales embozadas por las campesinas mozambiqueñas-, sino también la imprudencia ante un micrófono abierto en plena sesión o las conversaciones telefónicas grabadas por algún juez intrometido. En estos derroteros otra vez encontramos al señor Zaplana deleitándonos, para estupor general, con una montaraz conversación telefónica registrada a raíz del sumario judicial abierto para continuar las investigaciones iniciadas por el Caso Nereida, donde confesaba sin tapujos “Yo estoy en política para forrarme” Bien es sabido que Eduardo Zaplana bromeaba, porque este hombre es muy solaz y la chanza no fue más que un “desliz” sin importancia. Además si medio planeta se conmueve para rendir el último adiós a un pederasta sodomizador como Michel Jackson porque no vamos nosotros a perdonar al bueno de don Eduardo. En fin, todo olvidado, errare humanum est y dejemos tranquilo al devoto don Eduardo copando su escaño en el Parlamento y adorando a la Virgen de la Macarena o la Fuensanta. Tampoco pequemos de ingenuos y creamos que entre la Diputambre sólo se las gasta Zaplana. Asimismo podríamos sacar a colación una entrevista radiofónica del actual ministro de cultura donde aquél declarase sin ningún pudor que “en las altas cumbres del pensamiento - de las que el mismo participa- se cita hasta en alemán”. A este último, aquello se le escaparía como a quien desvaría en sueños porque todos damos por sentado que semejantes disquisiciones nunca serían pronunciadas en las “altas esferas del pensamiento”. Imaginemos, por un instante, el caso contrario: al ministro de cultura alemán proclamar “en las altas esferas del pensamiento citamos hasta en español”. Quizás el entrevistador perfilase una sonrisa indolente o, por decoro, guardase silencio. Si nuestro eminente ministro, en lugar de inferir tales patochadas, se hubiera arrancado súbitamente al recitado de la Biblia en arameo, la Ilíada en griego clásico o el Maharabata en sánscrito, entonces no nos quedaría más remedio que quitarnos el sombrero y acompañar el gesto de un sincero “chapó”. Pero de nuevo seamos benevolentes y otorguemos al señor Gabilondo y la Diputambre nuestro voto de confianza. Aquél será un dechado de virtudes y sus palabras fueron el fruto de un despiste parejo a la desabrida peineta del ex-presidente Aznar ante la insistente alharaca de un grupo de jóvenes alborotadores. Y es que “manda huevos”, como dejaría suscrito Trillo, que un miembro de la Diputambre se deje encrespar por las envestidas del vulgo maleducado. A la sazón, como todos sabemos, la Diputambre se distingue, entre otras muchas cosas, por sus buenas maneras y modales. Por ende, todos nos quedaríamos patidifusos ante la llamativa peineta del rejuvenecido Aznar, el malsonante “hijo de puta” de doña Esperanza Aguirre dirigido a su bienamado alcalde de Madrid o tal vez las exultantes muestras de amistad de Francisco Camps y su mujer en sus animadas conversaciones con El Bigotes, promotor de una extendida trama de corrupción política ¿Cómo conciliar ese lenguaje barriobajero de la Diputambre con sus asépticos discursillos públicos o sus apariciones televisivas? Puestos en vereda podemos llegar a suponer que quizás, una vez despojados del pesado envoltorio público y el ritualizado código parlamentario, la Diputambre se calce las zapatillas de andar por casa y nos deje al descubierto su cara oculta: un rostro privado y escamoteado al público bajo los embriagadores encantos de la etiqueta electoral, porque como bien rezaba la copla
Azules eran los ojos del hombre que me engañó,
Ojos del color del cielo ¡mira tú si fue traición!
Por tanto cabría la posibilidad – por supuesto siempre remota- de considerar que aquellos ínclitos portadores de la voluntad ciudadana no fueran más que afortunados tartufos, no exentos de buenas aldabas y dotados de muy buenas tablas para desenvolverse, como peces en el agua, dentro del turbio submundo de los asuntos públicos y la política. Pero esto no son más que arrevesadas reflexiones de una calurosa noche de Mayo porque yo juro y perjuro por la presunción de inocencia -no sea que algún malhadado lector me acuse de infamia y prevaricación poniéndome bajo la mirada cautelar de la tuerta Justicia- y abogo además, por la irreprochable catadura moral de le Diputambre porque mientras nuestras dudas sigan sin resolver nada de nada, más valdría, entretanto, seguir a Cicerón - para mantener aún viva siquiera una brizna de esperanza y hacer “como si”- cuando avalaba que el hombre de estado siempre pone al servicio de la ciudadanía todas sus cualidades, usum, et scientam, et studium, esto es, su experiencia, su saber y su celo emprendedor en la resolución de situaciones complicadas.



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