31 ene 2012

Flamenco desde Estambul


Mitad flamenco mitad árabe, mitad romaní mitad turco. Öykü y Berk Gürman son dos hermanos nacidos en İstanbul en el año 1982. El amor a partes iguales por Paco de Lucía y la Türk Sanat Müziği es el germen de este dúo con muy buena pinta, jóvenes y con futuro. Tienen un página web, donde puedes ver información sobre ellos (en turco), así como de su bonito álbum de debut: "Kısmet" (2007).

El "aire" del disco es muy andaluz, Berk, con una guitarra muy gitana y brillante acompaña el ambiente alegre de las palmas y la voz dulce de Öykü. Pero lo mejor de todo es que, cuando te olvidas del idioma y sientes el flamenco por los cuatro costados... te rompen con sus raíces turcas y gitanas del Este para sorprenderte y hacer que recuerdes que esto es flamenco, sí, pero creado desde el Próximo Oriente; y que el "duende" flota en el aire desde Triana a Sulukule, sin discriminar raza, nacionalidad, sexo o edad.

El video pertenece al tema "Evlerinin Önu Boyalı Direk". Es una canción árabe tradicional, pero "aflamencada" por tangos. Realmente ha sido una gratísima sorpresa amanecer con alguien con tanto arte al otro lado del Mediterráneo.




EVLERININ ÖNU BOYALI DİREK
evlerinde lambaları yanıyor
gözgöz olmuş cigerlerim kanıyor
beni gören deli olmuş sanıyor
ölürümde ayrılamam yar senden

aman bir bahçeye giremezsen
durup seyran eyleme eyleme ...

aman bir binayı yapamazsan
yıkıp veyran eyleme ...

aman bir güzeli sevipte alamazsan
ismini aleme rüsva eyleme ...

evlerinin önü boyalı direk
yerden yere vurdun sen beni felek
her acıya dayanamaz bu yürek
ölürümde ayrılamam yar senden

25 ene 2012

¿El bosón de Higgs o la Partícula de Dios?


Sería del todo imposible abordar la historia de la ciencia, o de ese objeto de estudio pluriforme que a día de hoy integra el dominio de dicha disciplina, sin atender a las lianas, mimbres y maromas tendidas entre la práctica científica y el discurso religioso-teológico. Como las líneas de fuerza de un mismo campo magnético, ambas construcciones o discursos sobre la realidad, se entreveran y entrelazan ahormando una improvisada celosía intelectual. Si desde los balbuceos de la Escuela de Mileto y las consecuentes elucubraciones desbrozadas en torno al complejo entramado de una Naturaleza physis carente, en apariencia, de cualesquiera elementos y correspondencias colegadas a los mitos y teogonías de sus antecesores, la práctica o savoir faire denominado “ciencia”, ha tratado siempre de apropiarse de un espacio neutro para la reflexión locum neutrum horro de toda connotación de carácter mitológico y religioso, la historia de la ciencia nos enseña lo contrario. Lejos de esta imagen harto simplificada de la Grecia antigua y los presocráticos, Francis Macdonal Conford From Religion to Philosophy o Jean-Pierre Vernant Mythe et pensée chez les grecs, entre otros, han llevado a cabo una labor de zapa y desescombro del mentado milagro griego para mostrarnos las similitudes estructurales entre las especulaciones de tinte meramente naturalista, esto es, despojadas de elementos “mitológicos”, y la carcasa u osamenta de las antiguas cosmogonías y prácticas rituales de la Antigua Grecia. Cuando Tales, Anaxímenes y Anaximandro emprenden su andadura intelectual no tienen más remedio que echar mano de lo ya conocido y verter, a modo de crisol, sus reflexiones dentro de los andamiajes intelectuales tendidos por la religión y la mitología. En otras palabras, los inicios de la ciencia o episteme en Grecia no hacen sino continuar tácitamente el modus operandi de sus antecesores. Y todo ello porque nada surge de la nada ex nihilo y como tal, tampoco la especulación sobre el universo mundo, habida cuenta de que ésta no hace sino encaramarse a hombros de gigantes, según refería Bernardo de Chartres ya en el siglo XII.

Aunque el ejemplo traído a colación, podría estimarse harto desafortunado para ilustrar el actual estado evolutivo de la tecno-ciencia, no es, sin embargo, tan descabellado cuando hace apenas unos meses los investigadores del C.E.R.N anunciaban al Gran Público y la Comunidad Científica, los resultados y avances obtenidos tras el rastreo y subsecuente confirmación experimental del bosón de Higgs, vulgarmente conocido como partícula de Dios. Sin entrar en los farragosos y abstrusos detalles de la física de partículas subatómicas sustentada por el Modelo Estándar, podemos, al fin y a la postre, bosquejar la siguiente interrogación: ¿por qué la partícula de Dios? ¿Qué relación acuña el bosón de Higgs para equipararla a una creación o atributo divino? La denominada partícula de Dios, fue, en realidad, bautizada con el nombre de Partícula Dios – y no de Dios- por el premio Nóbel Sheldon Glashow dada la hipótesis teórica de su necesaria presencia en toda la extensión del universo ubiquitas. En este sentido, el bosón de Higgs no es más que la partícula o componente de un campo presente en todos y cada uno de los rincones del universo, capaz de ofrecernos el sésamo o clave en la explicación del por qué la mayoría de las partículas elementales están dotadas de masa. Como tal, el bosón de Higgs empuña uno de los atributos – omnipresencia- conferidos a Dios durante décadas de concilios y disputas teológicas empeñadas en aclarar la esencia o naturaleza de Dios: la noción teórica de campo compuesto del bosón de Higgs reverbera la ubiquitas y omnipresencia de la idea de Dios derivada de las cogitaciones teológicas. De este modo, la entidad teórica postulada por Higgs se emboza ese mismo atributo, la omnipresencia divina, que ha dado pie a toda una serie de querellas atinentes a la corporeidad y la plaza de Dios en los espacios siderales. Y que llevaría a Isaac Newton a prevalerse de un sensorium Dei equivalente al espacio y el tiempo absolutos, provocando la reacción acalorada de Leibniz en su famosa y polémica correspondencia con Clarke.

Sin embargo, y allende los enredos y dificultades conceptuales de las querellas metafísicas y las sutilidades de la reflexión teológica, lo cierto es que, como apuntaba Tertuliano, a todo ello se añadiría la mediocritas humanis o angostura y estrecheces de un conocimiento humano que, comparado a la omnisciencia y omnisapiencia divina, no es sino un grano de arena en un desierto de dunas infinitas. Mas, con los obstáculos insalvables de la finitud y la falibilidad del conocimiento humano en su búsqueda trillada de Dios, la Teología ha logrado elaborar un refinado sistema o andamiaje de pensamiento dentro del cual el discurso y la práctica científica se incardinaron y en muchos otros sentidos, se solaparon. A través de un enmarañado y espinoso dédalo plagado de las enseñanzas de una Escolástica y una Teología ancladas en el principio indubitable de la existencia de Dios, se perfilan los “ingredientes” de la nueva cosmovisión del mundo en ciernes desde los albores del siglo XVII. Y todo ello a pesar de los campos de minas y los valladares que las Autoridades Eclesiásticas han erigido contra el empuje del Progreso y la Ciencia. Si bien la posición oficial de la Iglesia se alzaba como un firme baluarte contra la herejía, aleccionando a los impíos y exhibiendo todo su poderío en ocasiones puntuales – Giordano Bruno y Galileo- con la finalidad de amilanar las embestidas de la remozada filosofía natural-renacentista y mantener incólume su autoridad en la ecumene, todo eso no ha sido óbice para que el discurso científico se haya servido y aprovechado del vasto edificio conceptual de la Escolástica en la conformación y modelado de la nueva cosmovisión del mundo pergeñada en el tan discutido proceso de aclimatación de la denominada Revolución Científica.

Durante este período convulso de la historia, apuntalada con el descubrimiento del continente americano, la segregación protestante de la Iglesia Occidental, el estallido de las guerras de religión y más importante aún para el caso que nos ocupa, el progresivo desmoronamiento de la añosa visión del mundo legada por Aristóteles y sus comentadores medievales, la práctica científica elabora un discurso intelectual en donde el aristotelismo y la especulación divina comienzan a revestir la forma de leyes, teorías y mecanismos explicativos de la Naturaleza y los procesos físicos capaces de sustituir a las formas substanciales, el hilemorfismo de la materia y los atributos divinos. A lo largo de esta nueva andadura, en donde la práctica científica trata de emanciparse y zafarse de todo vínculo con la teología o la metafísica, las teorías y entidades teóricas de una tintura universal similar al bosón de Higgs – materia subtilis, éter- han ido apareciendo y despareciendo alternativamente de la escena científica. Por otro lado, y allende las ramificaciones y meandros de su imparable progresión, la ciencia ha sembrado asimismo nuestra imaginación de fábulas futuristas: de una posible conquista del espacio y una irrevocable evolución hacia el mundo de la inteligencia artificial. Una marcha imparable y a procura de una manifiesta corroboración del dominio absoluto del hombre sobre la naturaleza, tal y como avanzase, salvadas todas las distancias, Francis Bacon. Por ello, la confirmación experimental de la existencia del bosón de Higgs no redundará, estipulan lo más optimistas, sino en favor de nuestra confianza ciega en el progreso de la ciencia y su cada vez más cercana y definitiva resolución de los arcanos del universo mundo sin caer en las trampas de las especulaciones de carácter religioso o metafísico

Pero a cada paso, la ciencia, concita nuevas interrogaciones e incertidumbres tanto morales como especulativas. Y es que, a medida que penetramos en los misterios del universo aumenta nuestra perplejidad y nos azota un sentimiento de incredulidad a sabiendas de la aparición de tantas otras incógnitas irresolutas remozando y dilatando ese mismo horizonte en el que se desenvuelve y proyecta la labor científica. Si como ya señaló Einstein en una ocasión, “Dios no juega a los dados con el universo” y, por ende, cada pieza o tesela de este mosaico debería hallar una solución o explicación aclimatada a los presupuestos y pronósticos de un aserto corroborado y verificado racionalmente, sin sucumbir a los serpenteos y vericuetos del principio de indeterminación de Heisenberg y las aplicaciones probabilísticas de la matemática, la realidad hoy es muy otra, porque, en definitiva, el mundo microscópico y subatómico de la materia, no responde a las leyes de la física clásica, sino a los postulados de la física cuántica erigidos sobre unos pilares que nada o casi nada tienen en común con el mundo macroscópico. Mas, y aunque así sea de facto, el principio de indeterminación también presente en la reflexión de Maimónides y su Guía para perplejos, se proclamaba, en ese caso y a redropelo de lo estipulado por Einstein, como una confirmación de la existencia de Dios, porque un universo mecánico bien ordenado podría ser considerado autosuficiente. Ergo, la incertidumbre es necesaria dado que en caso contrario, no se avala la necesaria intervención de una inteligencia ordenadora.

Pero si abandonamos el pensamiento de Maimónides, es cierto que desbaratando las leyes clásicas de la física newtoniana y los fundamentos de la relatividad de Einstein para fenómenos con velocidades cercanas a las de la luz, los avances en el estudio de la materia a lo largo de los últimos 50 años y la construcción del acelerador de partículas en Ginebra, han destapado los complejos mecanismos que rigen el sistema del universo, concitando, más allá del progresivo e imparable avance de la tecno-ciencia, el mismo horror pascaliano en cuanto se atiza la llama de la reflexión. Dado el espectáculo del universo mundo, cabría demandar si semejante simetría a escala macroscópica con la leyes de la física clásica y los fundamentos de la relatividad, y los de la incertidumbre a escala microscópica con la física cuántica y los artilugios matemáticos de la probabilidad, no se conjugan para crear una “armonía preestablecida” gracias a la pericia e infalibilidad de un Artífice y avezado Geómetra o, por el contrario, tal y como nos enseña la ciencia, responden a una organización espontánea de la materia sin la necesaria intervención de una inteligencia ordenadora. Pero todo esto, aparenta ser una cuestión insalvable porque, su solución no emana ni de los avances de la tecno-ciencia ni de la exégesis teológica-religiosa. Es una cuestión de fe, creencia y predilección. De creencia ciega en el ideal de la ciencia o de creencia íntima en la existencia de una realidad trascendente e inefable y por ende, fuera del alcance de nuestra razón. Así, la corroboración del bosón de Higgs o el hallazgo de una entidad trasladándose a velocidades superiores a las de la luz, no son sino un paso más de la ciencia en su particular batalla contra esa otra visión del mundo que tiende a resaltar el valor inefable de la creación y el universo. Sea, pues, bosón de Higgs o partícula de Dios, por delante aún queda un arduo y tortuoso camino; tanto para los unos, amoldados al ideal progresista de la tecno-ciencia, como para los otros, dispuestos a defender con uñas y dientes la fortaleza asediada de la fe.


24 ene 2012

Ecos Urbanos 24 de Enero

Esta semana hablamos con Jeroni Rico de Margalló, Ecologistes en Acció, y Paula Pérez del grupo Tortuga, de la celebración, el próximo viernes 27, del tercer aniversario de Bici Crítica Elx y del día de la paz y la no violencia. Además nos acompaña en el estudio Francesc Ferrer del programa "El raço del sport" de Radio Severo.
Para acabar, como siempre, Xavi nos habla de conocimiento libre.

18 ene 2012

Ecos Urbanos 17 de Enero

En este programa repasamos los derroches de la Generalitat Valenciana y sus consecuencias. Nos fijamos también en las consecuencias de un posible bloqueo del petroleo iraní y los e"extraños" asesinatos de científicos de este país. En la sección de medio ambiente Mabel nos habla de las posibilidades de adquirir productos ecológicos en Elx y alrededores. Finalmente Xavi hace un repaso a la actualidad del conocimiento libre y los peligros que se ciernen sobre él.

11 ene 2012

Ecos Urbanos 10 de Enero

En el programa de esta semana, hablamos largo y tendido sobre la situación política en Honduras; revisamos el estado de desamparo en el que está quedando el Clot de Galvany; seguimos dale que te pego con la Ley Sinde; y, como siempre, eschamos buena música. ¡Salud!

3 ene 2012

Ecos Urbanos 3 de Enero de 2012

Primer Ecos Urbanos de 2012. Dedicamos la primera parte de programa a analizar las medidas económicas aprobadas en el pasado consejo de ministros del gobierno Rajoy. Comparamos además los últimos datos del paro con los beneficios acumulados por los más ricos del país. En la segunda parte del programa Mabel nos habla del probable aumento de la vida útil de la central nuclear de Garoña y Xavi de la aprobación definitiva de la ley Sinde y su posible desarrollo, así omo de la "supresión" del canon digital.

28 dic 2011

Ecos Urbanos 27 de Diciembre

Último programa del año, en el que abordamos la cooperación al desarrollo con Nuria Pascual, Israel Morales y Mabel Parra. También estrenamos una nueva sección dedicada al conocimiento libre dirigida por Xavi Faus. ¡Salud!

20 dic 2011

Ecos Urbanos 20 de Diciembre

Esta semana dedicamos Ecos Urbanos a analizar las conflictivas relaciones entre minería y desarrollo en latinoamérica. Nos centramos en Cajamarca (Perú) donde la multinacional Yanacocha extrae oro desde 1993. Contamos para ello con la participación de Mabel y Xavi, activistas españoles, y Nicanor Alvarado, activista cajamarquino.

14 dic 2011

Ecos Urbanos 13 de Diciembre

Luchando incluso contra los elementos... tecnológicos, llega una semana más Ecos Urbanos. Edición dedicada a las consecuencias de las cumbres europea y del clima. Conmemoramos el 80 aniversario de la constitución republicana de 1931 y Andreu del grupo antimilitarista tortuga nos habla de las jornadas sobre No Violencia de la UMH.

29 nov 2011

Ecos Urbanos 29 de Noviembre: Huertos Urbanos

En el programa de esta semana contamos con la participación de Mariló Antón, educadora ambiental en Elche y uno de las participantes más activas en el movimiento de huertos urbanos en la ciudad, con la que hablamos sobre las diferentes caras de los huertos urbanos.

El Reino de lo Indecible

Narra André Gide en Si le grain ne meurt que uno de sus primeros « moments musicaux », o sea, de fervor artístico inducido por la música, tuvo lugar en 1883 durante una audición de Arthur Rubinstein ofrecida ese mismo año en París. Lejos de apriscarse en los abismos del olvido, aquella audición perduraría, al contrario, estampada in aeternum en su memoria. Como bien nos confiesa el escritor francés, a partir de ese mismo día no podría nunca más escuchar a Beethoven sin venirle a la imaginación aquella magistral interpretación del pianista polaco. Siendo incapaz de brindar una explicación efectiva del por qué ese recital de Rubinstein ejercería tan vívida impresión en su ánimo durante el resto de su vida, lo cierto es que las emociones licuadas en el alambique del Arte y la fruición estética, son tan enigmáticas como ambiguas. Ese voladizo sentimiento develado cuando contemplamos un cuadro, degustamos un verso, escudriñamos una escultura, sucumbimos al embeleso de una melodía, asistimos a una representación teatral o proyección cinematográfica, asemeja a los invisibles dardos lanzados por algún desconocido Cupido. Dardos impregnados de un particular veneno que conseguirá hacer crepitar cada una de las fibras de nuestro cuerpo.
Indecible arcano que la fina sutileza de la lengua francesa bautizaría como un je ne sais quoi en un afán desesperado por definir y verbalizar lo indefinible y flotante. No obstante la dificultad, el sintagma francés exhibe el empeño, casi insalvable, de deslindar, asimilar y acotar con categorías intelectuales la correosa frontera de toda manifestación artística, habida cuenta de que ésta cabalga, siempre a horcajadas, entre los reinos de lo posible y lo imposible, la realidad y la fantasía o el sueño y la vigilia. Mas el Arte no sólo es difuso y abigarrado sino también egocéntrico e individual. La fruición estética se atrinchera y encastilla en la fortaleza infranqueable de la subjetividad porque como bien reza el proverbio sobre gustos no hay nada escrito.
Atalayado en el umbral de lo difuso e inasible; de esa misma tierra movediza que Wittgenstein calificaría, a la sazón, como indefinible, la creación artística y su correlato estético, afrontan el dilema de su propia naturaleza camaleónica y egocéntrica. En estas condiciones, ¿cómo definir la fruición y el arrobo estético o dar cabal cuenta de eso que denominamos Arte? Parecería cosa de locos acometer tan ardua contienda. Pero allende el zigzagueante y enrevesado dédalo de imprecisiones, el Arte, no sólo es enigma, arcano y egoísmo, sino asimismo puente tendido entre los siglos y las mónadas amuralladas de la individualidad. Juego de espejos reflectantes, la creación artística bucea en las profundidades y recovecos del alma humana a procura de una sensibilidad o experiencia del individuo aislado y, por antonomasia solitario y desconocido, frente al mundo. Gracias a este juego de reflejos y miradas cruzadas, se hilvana la estopa, cañamazo o mapa de la sensibilidad humana en su siempre complicada confrontación estética con el mundo y la realidad. Cartografía del ánima humana. Páginas de un diario sustraído a las coordenadas del tiempo y el espacio que nos permitirán acceder, en una paulatina ascesis personal, al mundo cerrado e ignoto de otras individualidades afines. Tal vez el Arte y la sensibilidad, no sean, al fin y a la postre, más que un puzzle de afinidades, sentimientos y experiencias compartidas, más allá de todo tiempo y condición, frente a la propia y ovillada realidad del individuo aislado y solitario. A través del Arte penetraremos en esos ámbitos o franjas desconocidas de la realidad. Abriremos puertas o postigos vedados a nuestra propia y palpable finitud. Padeceremos los arrebatos de Otelo, los suasorios de Mefistófeles, la desesperación de Lucien de Rubempré, las desdichas de Ana Ozores y los tejemanejes de Sherezade. Ahondaremos en los misteriosos efluvios de una envolvente melodía de Bach o Chopin. O bien, nos perderemos en abstrusas cábalas mientras espulgamos un lienzo de Kandinsky o admiramos la maestría de Caravaggio al delinear los contornos del ángel emergiendo de la fosca oscuridad para guiar la mano de San Mateo en la composición de las Sagradas Escrituras.
Con todo, a esta función ascética y didascálica del Arte, se le une asimismo su inmarcesible actualidad. A diferencia del reino material de las cosas y los objetos, el tiempo, bálsamo que todo lo cura y corrompe, no acumula su costra o pátina sobre las obras de arte que han logrado alzarse por encima de siglos y circunstancias para reposar en el reino imperecedero de la experiencia humana y conformar el acervo o bagaje de la denominada Cultura. Al contrario, el tiempo, parece engarzarlas en un tronco o tradición común sin solución de continuidad. Las andanzas de Estebanillo González, los chascarrillos del escudero Sancho o las peripecias de M. Jourdain aún siguen arrancándonos una sonrisa y provocando nuestra callada admiración. ¿Cómo no sentir todavía la incandescencia de un verso de San Juan de la Cruz? ¿La densidad existencial de Pessoa? ¿La ingravidez de una mezquita mozárabe o la ampulosidad sacral de una catedral gótica? La creación artística, si bien en ocasiones incomprendida, brinca, pues, por encima de siglos y coordenadas espaciales, para conformar ese mismo árbol de la sensibilidad humana que nos otorgará la oportunidad de entablar un diálogo con hombres, mujeres y objetos de otras épocas, sociedades, países y ralea compartiendo su propia experiencia del mundo y la realidad.
Pero allende ese diálogo entre épocas e individuos, la incertidumbre de Gide sigue aún flotando en el aire y quien sabe si alguna vez hallará una solución definitiva. Y todo ello, porque su reino, el del Arte, tal vez no sea de este mundo, y acceder a él, equivaldría a mojarse los labios con el sorbo de un cáliz repleto de la divina ambrosía o errar sin rumbo fijo en el limbo de ese fluctuante territorio de la sensibilidad humana sustraído a las contingencias del tiempo y el espacio.

27 nov 2011

Por una educación digna y gratuita

Son las siete de la mañana y no he dormido nada, ayer me acosté tarde. Es difícil no sucumbir al poder de un buen libro. El despertador acaba de sonar y lo he apagado. Ahora debería levantarme, desayunar, ducharme y coger mi carpeta, me esperan seis horas de clase en la facultad.Soy incapaz de levantarme, creo que me voy a quedar durmiendo unas horas más. Por un día que falte a clase no va a pasar nada. La verdad es que la semana pasada también falté algunos días, pero qué más da, ya pediré los apuntes y me pondré al día sin problema. Ir a clase a veces se convierte en un verdadero suplicio; el madrugón, los empujones en el metro, los aburridos discursos de aburridos profesores…

Entonces, cuando he decidido por fin dejar paso de nuevo al sueño, con la conciencia bien tranquila, una idea cruza mi cabeza. Tengo 25 años y llevo ya 22 estudiando, nada más y nada menos que el 90 por ciento de mi vida dedicada a la educación, lo que me permite afirmar que me he convertido en algo así como una consumidora compulsiva, y no ha habido un solo día en todo este tiempo en el que no me haya preguntado qué demonios gano yo con todo esto. Me pregunto para qué tanto esfuerzo, si habré conseguido algo, si soy distinta de aquel compañero de colegio que no siguió estudiando y ahora tiene un buen trabajo, un fantástico coche y acaba de conseguir una fabulosa hipoteca de por vida.

Antes, elegir el camino del estudio era asegurarse un buen puesto en el mercado laboral, era aquel que dejaba prematuramente la escuela el que nunca sería nada en la vida y estaría destinado a ocupar los estratos más bajos de la jerarquía socio-económica. Quien iba a la universidad era el que se convertiría en alguien, el que sobresalía por encima de los demás, era el futuro sustentador de la familia. Hoy, cuando seguir estudiando se ha convertido en una cuestión de principios, cuando se sabe que con toda probabilidad no se encontrará un trabajo acorde con los conocimientos y nivel adquiridos y que incluso se llegará a alcanzar la categoría de sobrecualificado, ese adjetivo de reciente aparición en nuestro vocabulario que se cierne sobre la cabeza de los estudiantes y, cual un conjuro grotesco, cierra a cal y canto las puertas del mercado laboral, cuando el que se coloca joven en una empresa tiene más oportunidades que el que dedica su vida a formarse…

Hoy, estudiar, educarse, se ha convertido en toda una hazaña. Sin embargo, hay algo que la educación proporciona a quien la consume que no puede ser sustituido por ninguna otra forma de vida. Por encima de la consecución de un buen empleo, de una buena posición económica o un reconocimiento social, la educación proporciona al ser humano la posibilidad de reducir sus niveles de desconocimiento, de conocer el cómo, el porqué y el para qué de su existencia y de sus relaciones con el mundo que le rodea. Y es que la educación es una institución que lucha contra la ignorancia y, siendo la ignorancia la madre de todos los peligros, el origen de todos los males, todos tenemos derecho a poder librarnos de ella.

Así, mientras me debato entre el dulce letargo de las sábanas y una vigorizante ducha de agua fría, me he dado cuenta de que, en contra de lo que he venido pensando tantos años, no es mi deber ni mi obligación ir a clase, es mi derecho. Tengo el derecho a tener una educación. Pienso que han sido necesarios muchos años de lucha para conseguir que hoy yo pueda asistir a la universidad. Años que ya hemos olvidado, porque en el mundo que conocemos parece imposible que un día se luchara por poder recibir una educación, que un día se pensara que algunas personas no tienen derecho a ella. También caigo en la cuenta de que aún hoy, existen lugares y países en los que a la población se le niega el derecho a estudiar y en los que asistir a clase se convierte en una lucha diaria de David contra Goliat.El colegio, el instituto, la universidad… he subido por todos los peldaños de esta escalera que es la educación, y recién hoy me doy cuenta que al hacerlo no he hecho sino ir colocando los ladrillos necesarios para construir un gran muro que me separe de la ignorancia.

23 nov 2011

Ecos Urbanos: Los recortes que vienen

Esta semana repasamos los resultados de las Elecciones Generales. Analizamos cuales pueden ser las medidas que Fitch o Merkel están pidiendo a Rajoy y repasamos el camino que algunos como Arthur Mas o Nuñez Feijoo ya han emprendido. También nos ocupamos del rescate del Banco de Valencia y miramos hacia Egipto y Afganistan. La música la pone esta semana la Fundación Robo.


22 nov 2011

Ecos Urbanos: ¿Elecciones?

En este programa contamos con la participación de Adrián Vaillo, miembro del Grupo Antimilitarista Tortuga y objetor de conciencia electoral que se ha negado a participar como vocal al ser llamado a una mesa el próximo 20N.

Además, Paula Pérez se incorpora al equipo del programa. La imputación de Esther Vivas por la ocupación simbólica de Caixa Catalunya. El golpe de estado económico en Grecia e Italia. Y el desalojo de los indignados de Wall Street.



17 nov 2011

Desastres ambientales: La Revolución Verde

Resumen de las VII jornadas sobre desastres celebradas en la UMH en Abril de 2011. Estas jornadas se centraron en las consecuencias ambientales y sociales de la Revolución Verde. Contaron con la participación de Esther Vivas, miembro del Centre d'Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra, Artemi Cerdá, del Departamento de Geografía de la Universidad de Valencia e Isabel Sánchez Vara, bióloga y agroecóloga del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos de la Universidad de Córdoba, además de con activistas locales.
Vídeo grabado y realizado por la Asociación Cultural "Ecos Urbanos".

15 nov 2011

Vuelve Ecos Urbanos

Vuelven los podcasts de Ecos Urbanos. A continuación os dejo el programa de finales de octubre y el emitido el pasado día 8 de noviembre. Actualidad política nacional e internacional y buena música.




15 oct 2011

La comunicación, los medios y su influencia.



Para establecer cabalmente la influencia de los medios y su evolución en los tiempos modernos, deberíamos plantearnos también, siquiera en términos dialécticos, la pregunta contraria, a saber: ¿Influye la realidad social en los medios? Es decir, los medios crean opinión, difunden modas, simplifican y estandarizan comportamientos y estilos de vida, sin duda, pero ¿es que los media a su vez son otra cosa que un reflejo, un escaparate selectivo de lo que “se cuece” en la vida social? ¿Acaso la radio, la tele, las revistas y periódicos, construyen su discurso, su mensaje al margen de la sociedad en la que existen? No es éste asunto baladí, sobre todo porque resulta demasiado fácil, sospechosamente sencillo, echar las culpas de según qué cosas a los medios, rehuyendo de este modo la propia responsabilidad como padres, por ejemplo, pero también como ciudadanos. De acuerdo, los medios han alimentado o sostenido a personajes tan poco memorables como Belén Esteban o Silvio Berlusconi, pero no han inventado a la audiencia que los sigue, o que los vota. Y siendo serios, no es de recibo alegar aquí eso de que los medios “alimentan a la bestia” y quedarse tan tranquilos: nuestra poco edificante historia, tan rica en persecuciones, inquisiciones y violencia, demuestra más allá de toda duda que “la bestia”, por seguir con el símil, existía antes y al margen de los medios de comunicación de masas, y que éstos, en todo caso, no pueden hacer hoy más que amplificar y acelerar el efecto de sus coletazos. Y eso, sólo si nos dejamos: si el contenido de un programa de televisión no nos gusta, con cambiar de canal, o incluso, miren ustedes por dónde, con pulsar el botón del off en el mando a distancia, pues basta y sobra. Tal vez no lo crean pero, al menos de momento, en este país podemos tomarnos esa libertad. No estamos todavía en Fahrenheit 451, y que dure. Ítem más, si un periódico o una cadena radiofónica nos molesta, con no leerlo o en su caso no sintonizarla, pues oigan: aquí paz y después gloria.
“Pero claro”, puede aducir alguien, “¿qué hacer, por ejemplo, cuando todas las cadenas, todos los medios, se parecen tanto que, si molesta uno, tal vez molesten todos?” Echando un vistazo a las parrillas de las televisiones generalistas en ciertas franjas horarias, es perfectamente posible sostener ese argumento. A veces sucede incluso, aunque es más raro, que varias cadenas emitan a la misma hora documentales de naturaleza y vida salvaje, ya saben, de esos que dicen que ven algunos de los detractores de otros contenidos televisivos menos ejemplares. Una posible respuesta es crear en red nuevos medios de comunicación, pero ésta, aunque importante, no es la cuestión que interesa en este concreto artículo.
En el periodismo se dice que noticia es que un niño muerda a un perro, y no lo es, por el contrario, que un perro muerda a un niño. El aforismo, repetido con irónica condescendencia por redactores jefe, directores y demás mandos, ha servido para adiestrar en el oficio a generaciones de jóvenes reporteros y reporteras, pero el uso no le ha restado eficacia: sigue siendo más noticiable lo excepcional que lo cotidiano. Eso hace que los medios tiendan a amplificar el impacto de hechos, relatos, modas y estilos de vida minoritarios: Es noticia, por ejemplo, un asesinato pasional, nombre que antes se daba a la violencia de género, precisamente porque no nos pasamos la vida matando a la gente que queremos (aunque según las estadísticas, es mucho más fácil que te asesine alguien de tu círculo más intimo que no un extraño). De la misma manera, en esta sociedad líquida que nos ha tocado vivir –y construir, no lo olvidemos–, no es extraño que los medios, que como es sabido necesitan audiencia y son capaces de casi cualquier cosa por conseguirla, resalten aquellas historias que más pueden sorprendernos, sonrojarnos, indignarnos, excitarnos o conmovernos. Decida usted, lector, espectador, miembro de una audiencia, la que sea, a qué medio adscribe uno o varios de los verbos utilizados, y en qué medio así calificado se encuentra usted más cómodo.
¿Cómo nos influyen los medios hoy en día? Pues como siempre, me temo, diría yo: Nos influyen reflejándonos. Con desenfoques, con plasticidades grotescas, con zonas que quedan en sombra porque otras aparecen sobreexpuestas. Aunque muchas veces no nos guste lo que vemos, los medios son, sobre todo, nuestra propia imagen pasada por el valleinclanesco Callejón del Gato y sus espejos deformantes. Pero entiéndaseme bien: No se trata de restarle responsabilidad a los medios. Al contrario, se trata de que cada palo aguante su vela. ¿Será que cada país, cada generación, cada grupo social, tiene los medios de comunicación que se merece? Pues a lo peor resulta que así es, como algunos dicen que pasa con los regímenes políticos. Sin embargo Roland Barthes decía que hay que enseñar a los niños a leer con incredulidad los periódicos. Esa es la cosa, creo, con los demás medios de comunicación de masas: Los niños y jóvenes deben frecuentarlos críticamente, deben entenderlos, deben disfrutarlos, porque conocer cómo funcionan los medios hace que su influencia sobre nosotros disminuya a niveles homeopáticos, porque el conocimiento, al fin y al cabo, es lo que nos hace libres.

11 oct 2011

El Político y la Metafísica

Hace un par de días, me sorprendería, arrancándome una sonrisa, la definición establecida por un catedrático de universidad en relación a la longeva y sibilina materia de la Metafísica. Según el mentado docente, la Metafísica omnium scientiam capacissima no sería sino “el conocimiento del Todo”. ¡Saber nada desdeñable! Sin apaños, zarandajas ni inmodestia la Metafísica no se conforma, a diferencia de otras ciencias, con aquilatar y deslindar una porción determinada de la realidad. ¡Nada de eso! La Metafísica es ciencia de altos vuelos y buena muestra de ello es su desmesurada propuesta de abarcar el Todo a procura de un saber compacto, homogéneo y tan extenso como el propio universo mundo. Y el Todo no debe de ser cosa de poca monta. Pero ahí, en el conocimiento del Todo, residen las ventajas del avezado metafísico. Éste poseerá un conocimiento tan amplio y profuso que estará capacitado para divagar sobre las pruebas de la existencia de Dios, preparar un cocido madrileño, calcular la trayectoria de un satélite orbitando sin control alrededor de la tierra, reparar una cañería averiada e via dicendo porque a quien conoce el Todo, no se le escapa nada. Prognosis de un saber robusto. El metafísico y la Metafísica cierran el círculo perfecto del conocimiento y, a semejanza de un Ente dotado de los atributos divinos del Dios Cristiano, ciernen la totalidad de la realidad en una especie de compacta omnisciencia.
Frente a esta jugosa perspectiva de poseer ese augurado conocimiento del Todo, cabría especular con la posibilidad de adiestrar a nuestros políticos en arte tan excelso. ¿Imaginan las ventajas de parecida formación? El político-metafísico, o sea, el político iniciado en el supremo arte y ciencia de la Metafísica, ofrecerá unos servicios incalculables al grueso de la sociedad. Será capaz de deslumbrar al hemiciclo con sus consejos, disposiciones, recursos oratorios y alocuciones cargadas de sopesadas reflexiones fruto de un entrenamiento mental acostumbrado a lidiar con el Todo. Asimismo podrá apelar, si la situación lo requiriese, a los mamotretos de Teología y los Padres de la Iglesia afín de zanjar espinosas cuestiones de moral pública o citar a los teóricos decimonónicos de la Democracia ante la necesidad de buscar y proponer diversas soluciones a los problemas socio-económico perfilados en nuestra más reciente actualidad. Pero no sólo eso. En tiempos de crisis, el político-metafísico dispondrá unas medidas de ahorro excepcionales: en vez de propiciar los recortes de la esfera pública, éste accederá a supervisar las labores de varios ministerios a un mismo tiempo – dada su pericia, competencia y conocimiento del Todo- prescindiendo para ello de los ministros del ramo y evitando, de este modo, un gasto excesivo en estipendios y honorarios. Fundirá, pues, las diversas funciones ministeriales – ya sea economía, educación, defensa y todas las que se le antojen- en un solo ministerio cuya responsabilidad recaerá exclusivamente en su persona. Tal vez así, si conseguimos ahorrarnos el sueldo de unos cuantos ministros excedentes, dispongamos de un campo de maniobras lo suficientemente ancho como para escaquearnos y resguardarnos del impúdico desmantelamiento del Estado del Bienestar planificado al unísono por el F.M.I, el B.C.E. y los países con más peso en la U.E. ¡Nada de privatizar aquí y acullá o asfixiar a la Educación y la Sanidad pública a base de indiscriminados recortes presupuestarios y reducciones de plantilla! Aquí hacen falta muchos más políticos-metafísicos porque, a la postre, todas esas medidas de rehabilitación económica no redundan sino en beneficio de los más ricos y poderosos; degradan el espacio público y por ende acentúan las desigualdades sociales ¡Pan para hoy y hambre para mañana! Tomemos al toro por los cuernos y no nos aprovechemos de la renqueante coyuntura económica para darle el golpe de gracia al Estado del Bienestar.
En estos términos y para combatir la sangría del espacio público, el apósito más adecuado radica en la inmediata implantación de una red de escuelas de Metafísica en donde nuestros políticos adquirirán una formación en ciencia tan provechosa. Nada de escarabajos peloteros, diligentes cumplidores del F.M.I. y el B.C.E; trapaceros, farfulleros o prometedores de naderías. Leires Pajines, Sorayas Santamarías, Pepitos Blancos y cía. Hacen falta auténticos políticos-metafísicos si queremos emanciparnos de la égida de los mercados y sus fuleros especuladores. Sin esta renovada gama de hombres y mujeres, encargados de la función pública del Estado, todo intento de reanimación económica estará abocado a poner en marcha las medidas de constricción pública y ahorro dictaminadas desde los máximos organismos económicos de Europa. Y antes de pasar por el angosto aro neoliberal, aboguemos en favor de una trasformación substancial del político al uso, en político-metafísico.
Gracias a esta modificación cualitativa de nuestros representantes políticos, mataremos dos pájaros de un mismo tiro: en primer lugar acabaremos con las inevitables prebendas y favoritismos de una carrera política forjada stricto sensu en correspondencia recíproca a la exclusiva pertenencia y dedicación al Partido: el Partido te lo da, el Partido te lo quita. El Partido asemeja a una lanzadera de políticos carentes de la adecuada formación que los capacite para ponerse al frente de ministerios, carteras ministeriales o cargos de alta responsabilidad. En segundo lugar, el político-metafísico prescindirá inmediatamente de toda la parafernalia que acompaña a su función: portavoces, chófer personal, cocineros, guardaespaldas y hasta redactores de discursos. A guisa de la educación recibida durante sus años de aprendizaje en las Academias de Metafísica, el político-metafísico podrá desempeñar sin ningún problema tareas tan dispares. Como todo hijo de su madre, no tendrá reparos en embozarse el delantal o ponerse al volante del designado vehículo blindado cada vez que decida acudir a su despacho o el Parlamento. ¿Velar por su propia seguridad? Ya nos encargaremos de dispensarle un curso de defensa personal durante sus años de aprendizaje en las Academias de Metafísica.
Además de esta sustanciosa reducción del presupuesto público invertido en el sustento de las diversas carteras ministeriales y la manutención diaria de nuestros políticos, el nuevo modelo de político-metafísico nos brindará la inestimable oportunidad de finiquitar otros tantos asuntos o dilemas de no poca enjundia cuando adviene una crisis de estas dimensiones. Por ejemplo: desprenderse de los honorarios suplementarios vertidos a los traductores encargados de dar cabal cuenta de cada una de las sesiones políglotas en el Senado. Todo político-metafísico manejará el latín a la perfección y esta lengua se convertirá en el idioma oficial de las reuniones del Senado. Ni castellano, catalán, valenciano, vasco y gallego: latín, como a la vieja usanza. Así aparcaremos la confusión babilónica de tanta lengua romance embarullándose en el Senado. Pero no sólo el Latín y el Griego obligatorios. Al político-metafísico se le exigirá un dominio exquisito de las lenguas oficiales de la Unión Europea: Inglés, Francés, Alemán e Italiano. A lo sumo, lograremos maquillar la bochornosa imagen exhibida por algunos de nuestros duchos representantes políticos, cuando acuden a los encuentros de los máximos mandatarios europeos con el trujamán de turno bien pegadito a sus costados porque su conocimiento de ajenas lenguas se reduce al español asambleario ¡Todo sea por el ahorro y el bienestar general! Si la duquesa de Alba se desprende de sus manoletinas y todavía nos deleita bailándose unas sevillanas el día de su boda, ¡qué no se le podría exigir a un individuo o individua representando a todo un país! Lo dicho: menos tijeretazos y más políticos-metafísicos porque, como bien aducía el mentado catedrático, la Metafísica regina artium es el conocimiento del Todo y con políticos en posesión de tan preciado saber seguro que nunca más oiremos hablar ni de crisis ni de recortes ni de apretones de cinturón.

9 oct 2011

¿Qué es hoy la política?

Desde que la política ha unido su destino al de los medios de comunicación sociales ha evolucionado en tres vertientes interesantes, pero inquietantes: el espectáculo, la representación y el consumo. La metáfora tradicional de la política como espectáculo es el circo:
¡Pasen, señores, pasen! ¡Pasen y vean! ¡Ante ustedes el mayor espectáculo del mundo! ¡Ante ustedes, damas y caballeros, ante vosotros, niños y niñas que pronto seréis votantes, se presenta el GCN!. Un circo renovado en el que contemplarán aterrados al jefe de la oposición bramando como fiera salvaje, sin domador que lo sujete ni jaula que lo contenga. Algo pavoroso, se lo aseguro, algo nunca visto, algo que les helará la sangre en las venas y sembrará de dudas y miedo sus corazones. Pero, a continuación, en un ejercicio de hipnotismo y retórica, el jefe del gobierno les hará olvidar todo lo que han visto y oído, les transmitirá optimismo y confianza en el futuro porque, señoras y señores, apreciados votantes, él, el gran prestidigitador, les hará comprender que el país va bien. También les hemos traído artistas desde las más remotas tierras autonómicas. Les presentaremos lanzadores de cuchillos, que raras veces fallan; magos e ilusionistas capaces de hacerles ver cosas increíbles como aserrar los cuerpos de sus compañeros por la mitad y luego recomponerlos como si nada, o casi nada; fieras, trapecistas, mentalistas, y un sinnúmero de payasos, que es lo que más abunda en este circo del humor, tal vez un poco negro, pero humor al fin y al cabo. Sonrían señoras y señores, sonrían que no les cuesta nada. Y por último me presento a mí mismo o a mí misma, que tampoco soy manco, ni manca, ni estoy aquí, aunque les cueste creerlo, por ninguna cuota, sino por méritos propios. ¿No me creen? Pasen, pasen y vean.
¿Por qué aceptamos la política espectáculo? Porque somos cotillas, porque nos gusta vivir en la vida de los demás, porque queremos apiadarnos y aterrorizarnos (como en la tragedia), deseamos vengarnos, riéndonos de los malos o de los que envidiamos oscuramente (como en la farsa), deseamos experimentar el deseo de justicia (como en el drama social). Porque nos gusta el teatro. Lo que nos lleva al segundo plano de la política: la representación.
Hace mucho, muchísimo tiempo nuestros políticos querían ser nuestros representantes, pero últimamente se han convencido de que su papel no consiste tanto representarnos como en representar para nosotros. Ahora todo gira en torno a la persuasión, la credibilidad, la puesta en escena, la retórica, en definitiva a los elementos que constituyen el teatro desde tiempo inmemorial, a las técnicas del noble arte dramático. Pero toda representación necesita un público. Un público crédulo que desee ser seducido. Sin estar dispuestos a suspender el juicio, aunque sea temporalmente, para entrar en el juego de la ficción es imposible la representación. Esos somos nosotros: espectadores ilusos y ávidos de ficción. Por eso la verdad, como en el cine o el teatro, no juega ningún papel. Las historias no tienen que ser verdaderas para ser buenas sino verosímiles y sugerentes. La apariencia y una trama bien construida son los ingredientes necesarios para mantener nuestra atención. Pero para que haya tensión dramática –elemento imprescindible en el mantenimiento de la trama- tiene que haber conflicto. De ello se encarga el bipartidismo, el eterno y siempre renovado juego entre gobierno y oposición. Hay más cosas pero este mecanismo es el básico para mantener interesados a los espectadores y para vender periódicos y otros productos que ofrecen los medios de comunicación. Se trata exactamente del mismo mecanismo que mantiene el interés por los equipos de fútbol rivales, con sus colores, su afición, su pasión y todo eso.
Finalmente la confluencia de intereses entre políticos y medios de comunicación convierte la política inevitablemente en un producto de consumo y a nosotros en consumidores. Consumidores más o menos informados, más o menos exigentes, pero consumidores al fin y al cabo. Y como tales también en presuntos implicados o culpables potenciales de lo que no sale bien. De los malos programas de TV no tienen ellos la culpa sino el share, o sea, nosotros; de la degradación del medio ambiente no tiene la culpa la industria sino nosotros que no consumimos responsablemente productos biodegradables, de la tragedia de las carreteras no tienen la culpa la industria automovilística, la falta de transportes públicos, los déficits de las carreteras, la legislación, etc., no, la culpa es de los conductores. Pagamos y consumimos productos inseguros –incluida la política mediática- en condiciones de inseguridad, y con el superávit se financia una publicidad que nos vende más de lo mismo y nos culpa a nosotros de las consecuencias indeseables. En ese sentido la política como producto de consumo es la más sutil y peligrosa de todas. Un instrumento más al servicio del capitalismo incontinente que nos esponja y nos empapa. A su lado, la política como espectáculo y como representación son inocentes juegos de niños.
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